Covid -19 y la cuarentena: una reflexión

Shreya Varma
 

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Estar confinados en nuestras casas en medio de la salvaje propagación del Covid-19 está llevando a nuevos niveles de incertidumbre. Encerrados en nuestras propias mentes, transitamos aspectos que antes probablemente estuvieron ocultos, como puntos ciegos.

Dentro de los cuartos de nuestras casas, muchos de nuestros pensamientos se centran alrededor de la incertidumbre y la consecuente relación con tiempos inciertos a los que ya sobrevivimos. Se agrega a esto la experiencia de las sesiones remotas, que a menudo se sienten desencarnadas y extrañas. Si se apaga la pantalla, se siente como si hubiera una voz surgiendo de una caja. Si la pantalla está encendida, tengo que imaginarme un cuerpo extendiéndose en toda su configuración y forma a partir de esta imagen bidimensional surgiendo de una pantalla. La experiencia es bastante primitiva. ¿La voz de quién oigo, el cuerpo de quién no puedo ver? ¿Quién es la persona que puedo sólo ver, pero no puedo sentir? La experiencia misma de las sesiones remotas  evocan a un niño tratando de comprender qué es lo que ve cuando ve la cara de su madre (Winnicott, 1971) – el niño sintiéndose fragmentado y no siendo capaz de juntar la voz y el cuerpo de la madre; como si vivenciara a la madre en partes. Las sesiones remotas pueden ser una experiencia perturbadora, especialmente cuando vivimos estos tiempos inciertos y problemáticos.

En tanto que estando encerrados hay menos chances de la propagación del virus afuera, pero yo pienso que dentro de nuestras mentes nos estamos familiarizando con una nueva oscuridad. Muchos de mis pacientes me hablan desde rincones de sus casas – encerrados, tratando de encontrar un espacio donde aún se sientan a salvo. Ahora deben hacer el trabajo de encontrar y crear un espacio seguro. No siempre es fácil. El consultorio y su calidez en la que reflexioné y creé cuidadosamente a lo largo de años, ha sido abandonado por los dos, terapeuta y paciente. Mientras que ahora doy sesiones a mis pacientes desde un rincón confidencial de mi propia casa, mis pertenencias (pinturas, libros) que mantenían la calidez, cuidado, confort – y que también me representaban y me sostenían – se fueron.

Mis pacientes también se sienten ligados al consultorio – como extensiones de mí y de su propia mente – algo que también puede ayudarlos a ellos a mantenerse unidos en momentos de miedo, en momentos de silencios. Una habitación que a lo largo de los años se convirtió en una habitación dentro de sus mentes y que pueden visitar para sentir sus propios yoes disociados y fragmentados. Pero encerrados en rincones de nuestras propias mentes, nuestras propias casas, la experiencia de las sesiones remotas es ahora completamente diferente. Nos recuerda tiempos en que estábamos adheridos a nuestras casas, no pudiendo dejarlas, haciendo el duelo por una pérdida irreparable, todavía no encontrando palabras, cayendo en un abismo interior sin encontrar un piso. Las sesiones con mis pacientes también están llenas de esos estratos.

Algunos de nosotros no debemos haber pasado nunca tanto tiempo con  nuestras familias. Y por lo tanto, hay una necesidad de reajustarse y reacomodarse y encontrar confort. La intimidad se puede sentir mucho más amenazante encerrados en nuestras propias mentes – comencé a descubrir de nuevo a mis propios parientes.

Lo mismo pasa con mis pacientes. Un paciente me llama desde un rincón de su casa. Me habla sobre la incomodidad que siente viviendo con su compañero con el que vivió durante muchos años. Atrapados ahora dentro de los cuartos de su casa, se siente forzado  a reconocer una fachada que ha montado mientras vivía en la casa. También otro paciente habla acerca de la experiencia actual viviendo con sus padres y qué perturbador y peligroso lo siente. La experiencia de mis sesiones también está llena de de extractos de horribles pérdidas, de amargura, de sentirme alienado, solo e inseguro.

Y todo esto mientras el virus de expande rápidamente en todo el mundo como un reguero de pólvora. No queda claro cómo la pandemia podrá ser controlada y el curso que tomará este virus. Es interesante que a causa de esta pandemia sentimos que vamos conociendo más íntimamente nuestras propias ansiedades sobre la muerte, sobre infectar a otros, sobre la capacidad de destruir algo afuera, como mi propia madre – que puedo destruirla – que ella está tan separada de mí y cuya ausencia es tan difícil de sobrevivir, cuya ausencia yo no puedo transcribir – de que quiero matarla (Klein, 1946). Pienso en los temores que estamos sobreviviendo todos juntos mientras sobrevivimos a la expansión y el confinamiento de la pandemia y nuestros miedos de que podemos matar – que podemos destruir – que sentimos ira, odiamos – que en nuestras mentes podemos haber vivido un día en el que matamos a nuestra madre dentro de nuestra mente. Estos temores son conmovedores; quizás es por eso que la locura enraizada en la cultura está saliendo a la superficie – donde una parte del mundo atesora papel higiénico, y otra cree que la orina de las vacas puede curarnos!

Encerrados con ansiedades primitivas y con el peso de las sesiones remotas, muestra no sólo que estamos atravesando tiempos inciertos, sino también la distancia que sentimos: la distancia que necesitamos crear  dentro de nuestras mentes y la alienación que podemos sentir dentro de la intimidad de nuestros propios vínculos. Nuestras mentes se sienten sobrecargadas con el peso de procesar y construir significados. Un nuevo agujero negro está siendo creado y cada uno de nosotros – singularmente – está atravesándolo mientras estamos confinados y mientras sobrevivimos a esta pandemia global, juntos. Creo que hoy es esencial, más que cualquier otro día, recordar nuevamente que estamos esencialmente solos, pero que también estamos juntos.   

Bibliografía
Klein, M. (1946). Notes on some schizoid mechanisms. Int. J. Psychoanalysis, 27, 99-110. 
Winnicott, D. (1971). The mirror role of mother and family in child development. Playing and Reality. New York: Basic Books, pp. 111-118.

Traducido por Silvia M. Koziol
 

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