‘La fábrica de delirios del coronavirus’

Dr. Jamieson Webster
 Dr. Marcus Coelen
 

El delirio del coronavirus a dado libre curso a la brutalidad de la policía racista de USA, confirmando la lógica masoquista de las vicisitudes de la fantasía freudiana de ‘Pegan a un niño’.

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Escena I: un paciente es intubado – ‘No puedo respirar’
Un psicoanalista es voluntario en un hospital para COVID-19. Le preocupa algo más que su trabajo en cuidados paliativos. El hospital se siente como una guardia de pacientes psiquiátricos internados: los pacientes están atados a sus camas, parecen paranoicos, por momentos están totalmente desorientados. Se dice que los pacientes están ‘agitados’ y ‘confusos’ – algo que se atribuye a la angustia, falta de oxígeno, los efectos del virus en el cerebro, las poderosas medicaciones sedantes. Los pacientes se arrancan sus máscaras de oxígeno; repetidamente tratan de salir de sus camas, por días se rehúsan a comer, requiriendo tubos de alimentación; se pelean físicamente con las enfermeras, requiriendo monitoreo 1:1. Los doctores amenazan a los pacientes con la intubación o con un aumento de la medicación antipsicótica.

El COVID-19 es considerado una tormenta perfecta por su síndrome que no es bien entendido y por estar considerablemente subdiagnosticado. Está ligado al uso de respiradores y al estrés extremo en los momentos de vida o muerte, ayudado por las atmósferas hospitalarias más extremas en el COVID-19; dado que no se permiten visitantes, los pacientes saben que tienen un virus que no tiene cura, son visitados por prestadores de salud anónimos en PPE que los tratan como contaminados.

El síndrome es causado por una profunda confusión – tanto del lado del paciente como del staff médico – acerca de qué debe considerarse ‘fisiológico’ y qu’épsicológico’. Se lo trata en la maquinaria médica como otra aberración a ser suprimida. En esta fábrica florecen los delirios; una formación reactiva con la ayuda de escudos, pantallas, tubos y máscaras, y la reacción exagerada de nuestro sistema inmune. Ejemplo, quizás, de lo que Freud llamó nuestra ‘membrana corticol’.

Escena II: un paciente está siendo golpeado – ‘Niguna vida importa’
Los pacientes que sobreviven al virus relatan estados psíquicos terribles llenos de delirios de tener sus brazos aserrados, o ser metidos en hornos, su piel agujereada con agujas en lo que pensaron que era un enorme experimento con su cuerpo, que recuerdan el tipo de experiencias relatadas en las psicosis paranoides. La situación está radicalmente sobredeterminada: una fantasía de ser golpeado producida en el paciente al sentir que es reducido a un simple objeto. Esta indeterminación se pone en forma enigmática ‘ – un niño es golpeado’ – como una formulación psíquica. Y cuando un sujeto se convierte en eso – el delirio es la única esperanza de sobrevivir.

Los pacientes guardan sus delirios que son una interpretación que demanda análisis, no en el sentido de interpretarlos (desde el momento en que el delirio ya es una interpretación), sino en el de deshacer y reorientar al sujeto. Debemos estar atentos a las formas en las cuales el mundo puede presentar elementos sobredeterminados que expulsan nuestra subjetividad, aún cuando esta es esencialmente, una crisis ‘médica’. El psicoanalista sabe que no se puede salvar un cuerpo mientras se rompe una mente, consciente de la trayectoria de violencia y los estados psíquicos extremos que engendra, y engendrando ellos mismos violencia.

Escena III: un hombre negro es intubado – ‘No puedo respirar’ 
Fue como si estuviéramos todos en medio de una regresión al centro de una escena fantasmática, aún si no estábamos enfermos: ‘mundo está siendo golpeado’. Ciertamente el virus fue el culpable, pero como sabemos que la ayuda de nuestro gobierno fue desigual, en el sentido de que salió a la superficie cómo falló la ayuda, no fue un gran salto a una pregunta contundente sobre el deseo del Otro. ¿Qué hace la pandemia de nosotros? ¿Esta situación fue generada para dejar morir un segmento completo de la población?

Hay otro conjunto de elementos, tanto reales como fantasmáticos: el deslizamiento de significaciones. “No puedo respirar” dicho por pacientes con COVID al “no puedo respirar” dicho por George Floyd; la condensación de las muertes del COVID sesgada hacia los cuerpos negros y marrones, con el asesinato en los Estados Unidos de personas negras e indígenas; la inversión masiva  del ‘quédese adentro para salvar vidas’ al 'afuera en las calles para salvar vidas’; la difusión del significante 'vida’ en sus elementos: quién es cuidado, quién es golpeado, qué cuenta como una vida para la ley.

Escena IV: un hombre negro está siendo asesinado – ‘No puedo respirar’  
¿Sorprende cómo el video de George Floyd, en un escenario caracterizado por el fantasma del maltrato y la muerte, se convirtió en un espectáculo que incitó protestas masivas globales? El mundo observó cómo, por una extensión de tiempo insoportablemente larga, un hombre negro clamaba 'no puedo respirar’ y llamaba a su madre muerta, rodilla en la nuca. Estos no son solo hechos, sino que nutriendo nuestra imaginación llegaron imágenes, sonidos, videoclips. Se hicieron virales.

Como Freud enfrentando el interrogante de la segunda fase del ‘masoquismo’ ‘de la fantasía del pegar – ‘estoy siendo golpeado por mi padre’ – debe ser reconstruida. La interpretación de este ‘masoquismo’ revela la relación de amor-odio con los padres y cómo el superyó usurpa por inversión el principio de placer, agregándole un placer sádico de clase diferente. Freud escribió: ‘no es sólo el castigo por la referencia genital prohibida, sino también su sustituto regresivo.’ 

Los militares y la policía son parte de una cultura de genitalidad fálica. Los significantes presionan: Corona, Crown, Trump, Ley, Policía. La policía concentra el placer – y – dolor de la zona genital en el espectáculo de defender la ley y el orden. El bastón es también un símbolo metonímico demasiado directo para pasarlo por alto. Respirar no solo se acompaña con una bofetada, y provoca el llanto, el comienzo y condición de la vida extrauterina, también es la primera erogenización del cuerpo desde el afuera. ‘No puedo respirar’ puede ser entendido por aquellos que siguen sofocando a otros, no como un grito de ayuda que ignoran, sino como el indicio de un placer que desafía la orden del bastón. La queja sensiblera de los policías unionistas ‘honestos’ de que ellos son la verdadera víctima de la situación disimula apenas la fase de el ‘padre me golpea a mí’, que Freud tuvo que hipotetizar.

Escena V: un mundo está siendo golpeado – ‘Las vidas negras importan’
Pacientes, manifestantes, tuvimos que luchar contra la pacificación, una forma dada e intensificada por la cuarentena. El corona virus trajo a la superficie la mortalidad, y en una defensa histérica contra la muerte, irrumpieron las protestas en relación a la violación fálica de la ley. “Las vidas negras importan” fue una afirmación subjetiva de eros contra la pulsión de muerte, de duelo contra la borradura perversa.

Freud escribió que la fantasía de pegar ‘no es claramente sexual, no es en sí misma sádica, pero sí el elemento del cual ambos surgirán posteriormente’. Esta regresión de la sociedad revela la confusión de lo sexual y lo sádico, permitiéndonos comenzar a diferenciarlos, que es en lo que el racismo siempre fracasó. Sabemos que se sospecha que los cuerpos negros gozan más. Nosotros, los psicoanalistas, sabemos que querer que el otro deje de gozar, es desearles la muerte.

Eros requiere que la vida importe solo hasta que haya equivalencia, el flash de la identificación de todos con una vida, un nombre – George Floyd. La posibilidad surge de la cama del delirio paranoide del coronavirus; una interpretación, como dice Freud, que habla a un núcleo poderoso de realidad que cristaliza, protege y le da imaginación a la psicosis. ‘Las vidas negras importan’ da voz al sujeto perdido del delirio.     

Traducción de Silvia Koziol
 
 

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Adela Escardó
Very thought provoking, how the chaotic social scene is considered from a psychoanalytic viewpoint.
19/09/2020 20:29:13