Trabajo psicosocial con refugiados

Dr. phil. Gertraud Schlesinger-Kipp
 

Trabajar con refugiados implica afectos potencialmente abrumadores, dolorosos. En el caso presentado, la psicoanalista evita abrumarse mientras se compromete, con la ayuda de mediadores del lenguaje.

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La situación política de la admisión de refugiados en Alemania ha cambiado mucho en los últimos años. Nos lo recuerda también el asesinato del presidente regional Walter Lübcke, el 2 de junio del 2019 en Kassel, cometido por un radical de extrema derecha que vivía allí. Lübcke fue quien en el 2015 construyó el campo de refugiados en Kassel, al cual llegaban miles de refugiados todos los días, y fue quien nos permitió a nosotros, los psicoanalistas y psicoterapeutas, construir una consulta psicosocial en los campamentos para los refugiados que van llegando, única en Alemania (junto con el programa especial ‘Schritt für Schritt’ (‘Paso a paso’) con Marianne Leuzinger-Bohler en Frankfurt, también en Hessen). Lübcke fue quien nos agradeció por nuestro trabajo. Él tuvo que morir por su compromiso humanitario, y en su caso profundamente cristiano, por el respeto a los derechos humanos y por un trato digno hacia los refugiados. Los campos de refugiados fueron disueltos rápidamente entre mediados y fines de 2016.
 


 
El dibujo que presentamos aqui fue pintado en una de estas camas marineras por un niño refugiado. En la precipitada dispersión de este refugio más pequeño, los responsables de la presidencia regional pudieron salvar esta cama de las llamas. En la imagen se ve un pequeño barco lleno de refugiados ante olas gigantes y atemorizantes, a la izquierda un barco de la policía o un barco de rescate, y a la derecha el ‘paraíso’: Europa, Alemania, con flores y lluvia, no con sol, como lo pintaríamos nosotros.

Desde la creación (realizada por colegas psicoanalistas/psicoterapeutas) de un centro para refugiados ofrezco consultas allí una vez por semana. Los trabajadores del centro me derivan pacientes, con los que puedo tener entre 5 y 10 sesiones. Ellos organizan también la presencia de intérpretes. Hasta ahora ha funcionado todo muy bien, aunque desde el Lockdown estoy trabajando desde Home Office y los refugiados e intérpretes con máscara en el centro; esto dificulta el trabajo. 

En el 2015 desarrollé un enfoque para estas consultas, que a menudo son únicas e irrepetibles, en los campos de recepción inicial para refugiados:

1. Apertura de la consulta: lograr confianza
La situación de la que vienen los refugiados y la huida dan lugar, de manera justificada, al recelo y la desconfianza, de la cual el consultor no queda excluido. Además, los refugiados a menudo desconocen los conceptos de psicoterapia y consultoría.  Por eso es importante que seamos presentados por una persona de confianza, por ejemplo, los intérpretes. Les explicamos nuestra idea de consulta, que es parte de un trabajo voluntario e independiente, incluyendo el secreto profesional, siempre que lo deseen. No obstante, es importante remarcar que no somos designados por una autoridad, sino que trabajamos de manera libre y voluntaria, y solamente nos involucramos si el refugiado así lo desea.

Además, contrariamente a la neutralidad necesaria de los psicoterapeutas, la terapeuta tiene que expresar su solidaridad política y personal, su toma de posición en contra de la violencia y la guerra, dado que uno de los objetivos principales es convertir el dolor privado de la víctima de la violencia en dolor público. 

2. Trauma
Tras conversar sobre la catástrofe en general, según se evalúe en cada caso, también podemos preguntar por la historia traumática individual, siempre preguntando primero si quieren hablar al respecto. Se puede preguntar, por ejemplo, si quieren contar qué fue lo más grave. Al mismo tiempo hay que prestar atención a que el refugiado no se sienta abrumado por sus emociones. A menudo, los intérpretes son de gran ayuda en estas circunstancias.
El respeto por lo indecible: incluso en un espacio protegido, lejos del lugar de las vivencias traumáticas, puede pasar que la víctima, la terapeuta o el intérprete pierdan la posibilidad de verbalizar lo vivido, ya que los terapeutas, como se mencionó recién, se pueden convertir en portadores de emociones. Por eso es importante que sepamos que nosotros apenas podemos experimentar una pequeña parte del horror.

Nosotros como terapeutas creamos, con nuestra presencia y nuestro apoyo, un lugar de protección para el refugiado. No debe ser abrumado por emociones dolorosas. Por eso es importante que no nos mantengamos fríos, sino que mostremos también nuestra empatía, sin dejarnos abrumar.

3. Importante: liberar de sentimientos de vergüenza y culpa
Muchas víctimas de la guerra, el trauma y la huida se culpan a sí mismos por las consecuencias del trauma. Lógicamente, el contexto político, del cual muy a menudo sabemos muy poco o no sabemos más que una parte, es de suma importancia. La vergüenza que acompaña la vivencia de una pérdida total de identidad, la pérdida de las propias ideas del valor y del yo ideal (cómo a uno le gustaría ser), la vergüenza de haberse sometido sin límites, la vergüenza con pánico a quedar anegado por la pérdida de identidad y el sometimiento es para nosotros algo impensable.

Despatologizar: los síntomas y quejas son una reacción normal a una experiencia traumática anormal. Con los síntomas, muchos creen que perdieron su salud psíquica, que se van a volver locos, y nadie más podrá ayudarlos. Es un gran alivio saber que todavía se es normal y que los síntomas desaparecen con el tiempo.

4. Hacia el final de la consulta es importante que el refugiado no quede desamparado en una situación abrumadora, sino que se hable sobre problemas y preocupaciones actuales, que se ofrezca ayuda práctica o se establezca el contacto con familiares. También es importante alentar al paciente en lo que pueda hacer por sí mismo, y preguntar por sus propias ideas.

Un ejemplo
Me anunciaron en el centro que había una menor de edad de 17 años, de un país africano, sin acompañante. Ella parece muy tímida, la cara redonda con un hiyab estrechamente atado al cuello. 

Me cuenta lo siguiente:
La paciente vivía en un pueblo con sus padres y sus tres hermanitos pequeños. Allí era normal que los hombres de un clan, a quienes ‘pertenece’ la región, buscasen mujeres jóvenes, y simplemente se las llevaran. Tocaron a la puerta, ella abrió con un hermanito en brazos. Un hombre la tomó con fuerza de la muñeca, su hermanito cayó al piso. Su padre vino y quiso ayudarla. Entonces los hombres asesinaron a disparos a su padre y su hermanito. Luego la madre la envió de inmediato a una médica y a una amiga que la ayudó a escaparse. Durante la huida vivió un año en un campo/prisión, y allí sufrió mucha violencia. Le resulta difícil hablar de eso. Los trataban como animales. En esa sesión no contó nada más. La intérprete y yo estábamos muy acongojadas por esta historia.

La siguiente vez la intérprete directamente no vino. Tuve la sensación de que no estaba preparada para semejante historia.

Una de las trabajadoras del Centro me da su teléfono con un programa de traducción que no funcionó. Tengo la sensación de que Nouri (nombre ficticio) no puede leer, sea por la carga emocional o en general. Se me ocurre la idea de que quizá ni siquiera sabe leer. La siguiente sesión tenemos una intérprete nueva, que es muy sensible, pero clara. Con ella continuamos hasta el final de las sesiones. En una ocasión, tras preguntarle, nos enteramos de que Nouri nunca había ido a la escuela. Ella nunca le mencionó esto a sus profesores aquí. Su madre le había enseñado un poco a leer y escribir.

No hubiera podido sostener bien estas conversaciones sin la nueva intérprete. Ella traduce de manera muy maternal; a la paciente le hace visiblemente bien escuchar su propia lengua. Le preguntamos mucho por su vida antes de huir, en el patio con sus hermanos y sus padres, para recuperar algo de su tierra natal. Yo le digo siempre que la niña aún está en ella, que la va a volver a encontrar. Le pregunto a la intérprete si entiende lo que digo, y ambas asienten firmemente. Ella cuenta lo lindo que era estar en el campo con su madre siendo la mayor, y cómo jugaba con sus hermanitos. Tiene por lo tanto un buen objeto interno en el que se puede apoyar la elaboración de sus traumas.

La sesión siguiente parecía más contenta. ¡Había encontrado a su madre! Una tía y otras mujeres de su país la habían ayudado; al día siguiente iba a hablar por teléfono con su madre. Está contenta y excitada.
Después de las vacaciones de verano, Nouri está muy reservada y deprimida. Sí, había hablado por teléfono con su madre. Ella y sus hermanitos están bien, viven. Solo habla de la nostalgia de la madre. Necesita a su madre. Quiere traerla. La oficina de protección de menores quiere ayudarla, pero tiene que conseguir 500 euros. No se imagina cómo podrá hacerlo.

En la escuela no puede sentarse junto a los varones. Cuenta en mayor detalle sobre lo vivido en la prisión, en un campo de concentración cuando huía. Eso se los voy a ahorrar a ustedes aquí.

En la siguiente sesión parece más contenta. Cuenta que ya había juntado 400 euros para su madre. 200 de su tía, y otros 200 los había juntado en la escuela.

Había hablado en su clase y allí había juntado esos 200 euros. Nosotras le confirmamos lo valiente que es por hablar en su clase, también sobre la falta de escolarización previa. Busco un lugar de terapia para jóvenes para ella.

Nouri ha hecho un desarrollo interno increíble. Hasta que vino a nosotras, no había hablado con nadie sobre su historia. Había perdido la confianza en el mundo. La asistente del centro de jóvenes que estaba a cargo de ella había notado que estaba aislada y deprimida, y que no iba a la escuela. En medio año y con cinco sesiones pudo ganar confianza y así también la confianza en sí misma, para mostrarse en la clase y llamar la atención sobre sí, y para hacer el cambio a una terapeuta. 

Reflexiones finales
 


 

Esta foto la tomé directamente desde mi casa en el río Fulda en Kassel, a principios de la exposición de arte Documenta 2017. Esta obra de arte es del artista danés Jens Galshiot, quien viaja por el mundo con su obra. Fue una experiencia extremadamente conmovedora, ir a la mañana al balcón y de pronto ver pasar este barco por el sereno Fulda. Tras el cierre de la ruta de los Balcanes, las personas intentan huir nuevamente por el Mediterráneo. Miles mueren ahogados en el intento. Desaparecen tres veces: primero cuando desaparecen de sus familias, de su tierra, después, cuando mueren ahogados, y por tercera vez, cuando nadie sabe quién falleció, nadie entierra a los ahogados, nadie escribe sus nombres.

Muchos de nosotros tenemos miedo y angustia ante la pérdida de la identidad, el hogar, y del estar perdidos en el mundo. Los refugiados que han perdido todo nos tocan internamente esa angustia. Trabajar con ellos, profesional o voluntariamente o ambas, requiere la disposición a exponerse a esta conmoción. Joshua Durban, un psicoanalista israelí que trabaja en Israel con refugiados sirios y libaneses, lo formuló así:

Nuestro sentimiento hacia el hogar, tener u n hogar o estar en él, nos resulta tan natural como el aire que respiramos. Nos resulta tan obvio como nuestra existencia corporal y mental. Vivir en algún lugar, no solo estar, ser visto y comprendido, es parte de la esencia de ser humano. Sin embargo, este es un importante logro de nuestro desarrollo, que no debemos dar por sentado. (Durban, 2019, p. 26)

Y además:  

Una de estas angustias inimaginables es sentirse amenazado de perder la noción de ser una unidad psico-biológica limitada… no tener un interior ni un exterior, difuminarse, quedar vacío, fundirse, morirse de frío, quemarse, caer, disolverse, no tener noción del espacio y el tiempo.  (Durban, 2019, p. 32).

Contra estas angustias inimaginables que Durban llama ‘Nowhereness’ (no ser ni estar en ningún lugar), hay distintas defensas:

Encontrar un objeto, es decir, una persona, que se pueda volver un objeto real que estimula el desarrollo, que esté a disposición del refugiado como una pantalla de protección, es decir, que le dé una especie de hogar. O contra este miedo inimaginable uno se hace una capa protectora rígida e impenetrable, que con ayuda de armas e ideologías para la externalización del miedo, contribuye a quemar a los otros, disolverlos, congelarlos, desterrarlos… (Durban, 2019, p. 32) 


¿Podrá ser que en la sociedad existan ambas posibilidades? ¿Que los refugiados, que están ante nuestros ojos como ejemplo vivo de nuestras propias angustias inimaginables, tengan por eso que ser rechazados, encapsulados, deportados, desterrados?

 

Este proyecto en el Alexander-Mitscherlich-Institut y en el Centro Psicosocial para Refugiados en Kassel son un intento de hogar temporario para ellos. La carpa también es un objeto de la exposición Documenta 17, con el nombre de los campos de refugiados en el cercano Oriente.
 
Referencias
Durban, J. (2019). Heimat, Heimatlosigkeit und Nirgendwosein in der frühen Kindheit, Psyche – Z Psychoanal 73, 2019, 17–41.

Traducido por Luciana Biebel 
 

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