Notas sobre la pandemia y los pandemonios en Brasil

Luciana Saddi
 

La pandemia liberó enardecidos demonios coloniales y esclavistas, ahora, acompañados de notas de delirio, tonos de coprofilia, aroma de autismo, sabor de crueldad, porciones de nazifascismo.

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Cuando la pandemia y el aislamiento social, a principios de marzo, se hicieron realidad, escribí un texto titulado ¿O qué será qué será? Mención directa a Chico Buarque y lo desconocido. En aquel momento, las palabras de Svetlana Alexandrovna Alexievitch, escritora y periodista bielorrusa, Premio Nobel de Literatura en 2015, tenían sentido. En el libro Voces de Chernobyl: La historia oral del desastre nuclear, Svetlana sostuvo que la palabra guerra se usó para designar la lucha contra la radiación y sus consecuencias. Al mismo tiempo, se preguntaba, ¿qué guerra había podido contaminar el suelo y las aguas de un país entero durante mil o dos mil años? Matar todo un territorio aunque las plantas y los animales insistieran en permanecer y proseguir. La palabra guerra no daba cuenta de esos acontecimientos. La escritora pasó más de veinte años escribiendo sobre el desastre atómico. Faltaban palabras, faltaba comprensión. Era necesario esperar a que el asombro decantara. 

Al comienzo de las medidas de aislamiento, en marzo, el frenesí habitual de la ciudad de São Paulo disminuyó. Coches raramente, ruidos bajos y escasos. Comercio cerrado, calles vacías. La lentitud urbana prevaleció en contraste con el movimiento diario de las calles.  

La atención remota y el virus colocaron a los psicoanalistas en estado de alerta – bajo el dominio de lo desconocido. Los analistas opuestos a la atención remota, al constatar la duración de las medidas de aislamiento, rápidamente aceptaron la nueva modalidad, en nombre de la necesidad de los pacientes. También ellos necesitados de trabajar. Nunca un problema técnico cayó al suelo con tanta velocidad. La libido es plástica. El psicoanálisis es más que setting, es, sobre todo, un método. Miedo y agotamiento. Tantos elementos nuevos para dominar en medio de transformaciones importantes en la forma de vida y de trabajo. Duelos para elaborar. Sueños, proyectos, viajes, congresos desaparecieron. Las adaptaciones a la nueva realidad, el enfrentamiento del peligro; la creatividad surgió entre nosotros. ¡El psicoanálisis nos hizo fuertes y flexibles!

El trauma recorre un largo camino hasta que la elaboración lo dome mínimamente, lo civilice. La práctica nos ha enseñado que algunas experiencias adquieren tal magnitud, causan tanto daño, que la elaboración nunca parece terminar. En ese sentido, creía que el covid-19 estaba aquí para quedarse. En el sentido biológico, le deseé al virus una vida breve.

Después de tres meses, observo imágenes de multitudes desfilando por la avenida más importante de la ciudad. Ataúdes y esqueletos aluden a la muerte;  la gente  enfurecida entierra simbólicamente al gobernador y al aislamiento social. Para tales fanáticos, temer a la muerte significa debilidad y cobardía. Vestidos de verde y amarillo evitan, sin disimular la alegría, que las ambulancias lleguen a los hospitales. Quieren la reapertura de los negocios – una especie de pase libre para exponer a los otros, siempre a los otros, a la muerte, en nombre de la supervivencia. Toman cloroquina y antipulgas como protección contra el coronavirus, se niegan a hacer aislamiento social, siguen al presidente contra los gobernadores que apoyaron las medidas de salud. El virus es una mentira, un invento chino. La pandemia liberó demonios coloniales  y esclavistas, prejuicios, delirios. ¡El sanatorio general de la nación anda suelto ! Considerar a los más pobres como ratas y piojos, una sensación de repugnancia  medianamente controlada, surgió fácilmente con la elección del presidente nazifascita. Las fuerzas policiales parecen aún más brutalizadas. Grupos fascistas, organizados por el gobierno, atacan a la Corte Suprema con fuegos artificiales, dicen que es oración, un acto bíblico de amor – ! La corrupción de las palabras es un crimen de costo mayor! El Ministro de Economía, en una reunión del gobierno, dice que el plan es dejar que las pequeñas empresas quiebren, mejor para la economía del país. Nadie contesta! El espíritu de la eugenesia prevalece en la economía y en la salud. Los más pobres, casi la mitad de la nación, desasistidos en relación al trabajo, la vivienda, las redes de Internet ( las computadoras aflojaron el aislamiento), resistieron durante algunas semanas – comprensible –, las condiciones son precarias y los recursos pocos. Los más ricos, que no carecen de nada, desistieron. El aislamiento social pide renuncia y creatividad. Habla de alguna consideración hacia el prójimo. Exige capacidad de elaborar pérdidas. La pandemia  revela. Privados de la rutina, medicina importante contra la locura diaria, surge irascible un movimiento para que la vida vuelva a la normalidad. Cansados de la pandemia, hartos de aislamiento, rechazan la existencia de 45,000 muertos. Asesinaron el miedo. Negadores, atacan a los profesionales de la salud. Los hospitales trabajan con UCI completas, profesionales de la salud exhaustos. Dos ministros de salud despedidos, en su lugar el general, cuyo plan es dejar morir. Las heridas del país están expuestas, la desorganización y la incompetencia, favoreciendo las redes de servicios privados. No hay inversión en salud pública. Los gobernadores contratan camas en la UCI, pero no hay un programa de prevención – la prevención es más barata y no compensa en términos de marketing. Desistieron a las medidas de aislamiento, aunque el 40% de la población, heroicamente, todavía lo hace. 

La oposición continúa sin una propuesta, ya que el aislamiento social es solo una medida sanitaria. No hay un plan para la reconstrucción nacional, de recuperación económica, nada. En las últimas semanas, la sociedad civil se organizó en manifestaciones y el poder judicial enfrentó algunos de los innumerables crímenes de los mandatarios de la nación. El país está a la deriva. Sálvese quien pueda. Notas de delirio, tonos de croprofilia, aroma de autismo, sabor de crueldad, regusto de mentiras y toques de nazifascismo.

Recuerdo las palabras de Fabio Herrmann sobre el trauma: ‘Como en cualquier respuesta traumática, la contradicción entre medios y fines aquí está abiertamente expuesta’ (2004). 

¿O qué será qué será? Covid-19 descansa sobre los pobres bajo el sonido de la corneta militar. Trauma colectivo enterrado vivo. Lenguaje corrompido. Verdades cínicamente aplastadas. Los pandemonios aterrorizan más que la pandemia que libre, ligera y suelta corre, tal vez termine algún día, los pandemonios sabemos que no. La razón perdio el juicio. Lo absurdo es omnipresente. 

El psicoanálisis lúcido resiste, la atención permanece, las experiencias clínicas y puntuales se multiplican. La sociedad brasileña parece curiosa sobre lo que el psicoanálisis tiene que decir,  o podría, el país necesita urgentemente de  análisis. Las instituciones psicoanalíticas son capaces de sortear crisis y aprender de la experiencia. ¡Larga vida al psicoanálisis!

Referencias
Herrmann, F. A pesar de los pesares, el texto no publicado se presentó como una conferencia en SBPSP en abril de 2004.

Traducido por Sodely Páez
 

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