Pandemia y vejez

Dr. Enrique Mauricio Rozitchner
 

La población de adultos mayores se encuentra entre las más afectadas y con mayor riesgo a causa de las características del virus Covid-19.

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La población de adultos mayores se encuentra entre las más afectadas y con mayor riesgo a causa de las características del virus Covid-19. 

Sabemos que se trata de un gran grupo etario en crecimiento dentro del mundo desarrollado. En Latinoamérica, la Argentina pertenece a los países con una tasa de envejecimiento poblacional alto.

Los adultos mayores son un grupo no homogéneo que abarca varias décadas de la vida y diferentes condiciones de salud psicofísica y sociales. Responder a sus diferentes necesidades de atención y tratamiento continúa siendo un problema social de importancia. Se requieren medidas para tratar de favorecer un envejecimiento activo y saludable.

Las mayores dificultades para tratar el tema, clásicamente, se relacionan con las conductas de discriminación y los prejuicios relacionados al envejecimiento, desde la ya conocida teoría del 'disengagement'[1], traducido en nuestro medio como desapego[2]. Esta teoría favorecía el abandono y la discriminación por edad, entendiendo la vejez sólo como un proceso de involución generalizada, dependiente exclusivamente de factores biológicos. La influencia consciente e inconsciente de dicha teoría se extiende a todos los ámbitos del estudio de la vejez. El psicoanálisis no está al margen de sus efectos tanto en la teoría como en la atención psicoterapéutica aún en la actualidad, limitando sus alcances. 

El contexto de amenaza terrorífica de la pandemia acentuó en muchos casos el descuido de  la población mayor que ha sido la más afectada en varios países con el riesgo de generar una discriminación por edad. El contexto de soledad y aislamiento social, así como la vida de personas mayores institucionalizadas en centros de atención geriátrico, provocó el porcentaje mayor de muertes a nivel mundial. Debemos aclarar que este es un pequeño porcentaje de la población mayor más enferma, no la mayoría que vive en sociedad.

Los gobiernos tomaron muchas  medidas  para proteger a esta población de riesgo, algunas sin embargo generaron rechazo por parte de los mayores ya que claramente eran discriminatorias. Por ejemplo, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intentó prohibir y regular la circulación de los mayores de 70 años, afectando sus derechos.

La pandemia  y las medidas extraordinarias de aislamiento y cuarentena obligatoria en el caso de los mayores ha provocado una sumatoria de problemas. 

Dentro de este amplio grupo las diferencias suelen ser importantes, la elaboración de los duelos y la historia pueden influir mucho más que las enfermedades crónicas [3]. De la comprensión del propio envejecimiento y la capacidad para pensar la vejez, depende la salud psíquica. Sostener vínculos y actividades sociales o laborales permite también luchar con los aspectos melancólicos o evitar caer en la regresión hacia el polo de la desintegración psíquica.

Si bien el caudal de experiencia emocional y el mundo interior de las personas mayores puede ser un refugio para tolerar mejor el aislamiento social y familiar, el peso del prolongado distanciamiento puede llegar a ser intolerable. Esto puede deberse a los efectos de la pérdida del contacto afectivo-corporal intergeneracional, por ejemplo, visitas de nietos, hijos y pares. Para algunos mayores la soledad era una de las dificultades a vencer concurriendo a centros sociales y diversas actividades que ahora se han perdido.

La vida en pareja puede en algunos casos acentuar los conflictos y diferencias como en otras etapas de la vida. En esos casos la sobrecarga recae en los hijos que hacen de mediadores o cuidadores.  Según el medio social y cultural, actualmente no suele verse en la familia urbana  la  convivencia intergeneracional en cuarentena. Se observa un gran temor de los hijos a contagiar a los padres, disminuyendo el apoyo o haciéndolo más distante de lo necesario.  

Los duelos se han complicado, los fallecimientos en cuarentena imposibilitan los funerales tornándolos anómicos y suspendiendo los rituales, contribuyendo al temor a perder a los seres queridos.

Otras parejas de adultos mayores pueden disfrutar de la compañía que les impone la cuarentena y lograr una convivencia satisfactoria y placentera, dependiendo de las capacidades previas de salud psíquica y relacional.

Muchos viven solos, pero no aislados, ya que mantienen hasta avanzada edad múltiples actividades sociales y profesionales. En  esos casos la cuarentena no parece impedirles continuar con una vida dinámica, la actividad creativa los ayuda, son personas de múltiples recursos psíquicos y de elaboración, habituados a enfrentarse a las dificultades de la vida con éxito y sin miedos.

La adaptación de la atención psicoterapéutica a la cuarentena y a las nuevas tecnologías de comunicación, en el caso de los adultos mayores, ofrece distintas respuestas.

En algunos la pérdida de los encuentros personales en el ámbito del consultorio llevó a la suspensión del tratamiento. Para ellos la falta de contacto interpersonal no se podía remplazar con otros medios, sentían que no podían reproducir el intercambio verbal, no verbal y los silencios que supone la sesión de análisis. Los intentos de recuperar y ofrecer alternativas fueron vanos, su carácter los hacia muy reacios a las nuevas tecnologías.  No vería en ello una resistencia especial, por el contrario, un deseo de preservar el vínculo terapéutico y de resistir a la imposición de la cuarentena, apostando por recuperar el espacio en algún momento. 

Otros mantienen la continuidad del tratamiento adaptándose con buena predisposición. Ellos tienen, en general, personalidades bien integradas que aún desarrollan múltiples actividades.

Algunas consultas de mayores de 80 años se sostienen telefónicamente, sin video, motivadas por distintos conflictos con los hijos, agravados por la situación de cuarentena que movilizan reminiscencias de situaciones paranoides y secuelas de traumas de guerra. Personalidades narcisistas en situación de aislamiento hacen regresiones melancólicas con posibles pérdidas del juicio de realidad, episodios confusionales, ilusorios o pseudoalucinatorios donde se reviven estados infantiles de frustración y sufrimiento. Muchos de estos cuadros, no exclusivos de los adultos mayores, parecen cursar sin muchas manifestaciones, no por ello son menos peligrosos ya que conducen al deterioro progresivo o a conductas de riesgo.

Existe un desafío para cubrir la asistencia y tratamiento de los adultos mayores. La pandemia lo ha tornado más evidente.  Se requiere vocación  y capacitación de los profesionales que no siempre están formados en esta especialidad o aún rechazan atenderlos.

La vejez luego de la pandemia sufrirá grandes cambios. Sus efectos en el campo intergeneracional, cultural y sanitario de la humanidad son imprevisibles.

[1] Cumming, E. & Henry, W.E. (1961). Growing Old. New York: Basic Books.
[2] Salvarezza, L.  (1988). Psychogeriatrics: Theory and Practice. Buenos Aires: Paidos.
[3] Rozitchner, E.M. (2012). La vejez no pensada. Buenos Aires: Psicolibro ed.
 
 

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