Pérdida y descubrimiento en la traducción

Dr. Michele S. Piccolo
 

Usando la metáfora de pescar, por razones emocionales pueden elegir una ‘palabra cercana’ o una ‘lejana’, o encontrar que el hilo de pescar está desgarrado por una experiencia traumática.

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Cuando las palabras representan experiencias remotas y cercanas.
 
Pescando palabras desde el inconsciente
Cuando me pidieron enfocar este escrito como una nota personal acerca de ‘trabajar traduciendo’, como psicoanalista educado en Italia practicando en la ciudad de Nueva York, pensé que no tenía mucho para decir. En el discurso psicoanalítico hay más escritos que el tiempo que disponemos para apreciarlos si estamos ocupados ‘traduciendo’ las comunicaciones de nuestros pacientes. Según el título, tomo como referencia el recuerdo de 1989 de Eva Hoffman, entiendo su sentimiento de ‘estar perdida’ en un mapa. Usaré la metáfora de un espacio dentro nuestro en el cual buscamos las palabras – como un estanque con peces para atrapar y vender en el mercado.

De manera excelente, Amati-Meller y otros concluyeron en 1990: 

No podemos compartir la idea de que el plurilingüismo es meramente la suma total de varios estados aislados del monolingüismo. Es más, creemos que la pluralidad discursiva también existe en un individuo completamente monolingüe, aunque esta copresencia de discursos se exprese en un solo lenguaje, no solo por las numerosas variaciones que existen dentro de un lenguaje vinculado con matices dialectales, lenguaje infantil, lenguaje de amor, vocabulario familiar, sino también porque el mismo discurso lingüístico puede suponer […] un significado muy distinto según el contexto emocional y cultural y las circunstancias relacionales […]’ (p.581).

La pluralidad discursiva, por lo tanto, implica que la ‘carga hidrostática’ del estanque interior de nuestras palabras se desarrolle a lo largo del tiempo por la multiplicidad de nuestra experiencia desde nuestra vida temprana. Considero que el bilingüismo es un vocabulario más amplio, un ‘estanque’ más grande del cual podemos ‘pescar’ un rango más amplio de palabras, pero, en mi opinión, no está hecho de dos estanques compartimentados separados, como tienden a suponer las personas mono linguales.

Los individuos bilingües tienen solo un inconsciente único y personalizado alimentado por las experiencias emocionales desde geografías múltiples. El viejo refrán dice que ‘el mundo es un libro, y aquellos que no viajan leen solo una página’ (San Agustín). Por lo tanto, traducir es hacer inteligible este horizonte más amplio para alguien que no puede ‘viajar dentro y afuera’ de sí mismo. 

Formulé la idea de que a veces ‘pescamos cerca y otras veces lo hacemos lejos en el mismo estanque’ cuando recogemos nuestras palabras – ‘lejanía versus cercanía’ en nuestras elecciones de palabras. Traducir es salvar esa distancia en beneficio de una audiencia externa que escucha. Traducir es hacer inteligible para otros elementos que recogemos confortablemente del ‘agua de otro sitio’ vinculado a nuestra experiencia que se produce lejos del agua de nuestra audiencia actual – pero las aguas en ese momento y lugar y las aguas aquí y ahora se mezclan en el mismo estanque en nuestra cabeza.
 
Trayendo el pescado a la superficie del preconsciente
Trabajar y vivir traduciendo es algo que asombra a mis compañeros neoyorquinos que solo hablan fluidamente un idioma. En realidad, hace un siglo (y para muchos aun hoy), era norma estar expuesto a múltiples idiomas o dialectos y manejarse con ellos en la vida diaria. Cuando buscamos ejemplos, habitualmente empezamos por Freud: podemos decir algo acerca de su traslado de Moravia a Viena siendo preescolar, podemos decir algo acerca del pequeño Freud teniendo un idioma en casa distinto al de la escuela; acerca del Freud adulto tratando pacientes americanos y franceses; acerca de Freud dando conferencias en inglés en su viaje a América; Freud haciendo senderismo en los Alpes italianos, etcétera… estos son solo ejemplos de lo habitual que era expresarse en una pluralidad de idiomas. Otros ejemplos me vienen a la mente, como Melanie Klein, nacida y educada en Viena, en análisis con Ferenczi en Budapest (¡donde el idioma no es indoeuropeo!), después con Abraham en Berlín donde hizo su formación y luego viviendo y volviéndose conocida como psicoanalista británica en Londres.

Estos parecen dos grandes nombres de los cuales sentimos una cierta distancia o con los cuales nos identificamos excesivamente, pero en la vida común, años antes del colonialismo, regiones con idiomas diferentes estaban a un paso de distancia. El colonialismo cambió las cosas (por ejemplo, antes del colonialismo, se podían encontrar variantes del inglés en áreas geográficas relativamente pequeñas dentro de Inglaterra; mientras que después del colonialismo, grandes áreas geográficas coloniales se cubrieron con una ‘manta’ del mismo ‘inglés para todos’). En cualquier parte del mundo los países eran más pequeños que los grandes países coloniales como Estados Unidos y Australia, a cualquier niño le hubiera llevado pocas horas de viaje por tierra encontrarse en un lugar donde la gente hablara un idioma diferente y donde, al mismo tiempo, podían encontrar a amigos de la familia o parientes manejando los dos idiomas. Tengo in mente al joven Freud visitando sus medio hermanos en Manchester. Parece que cuando un lenguaje extranjero está a la vuelta de la esquina las personas se sorprenden menos de encontrar el bilingüismo (ver los pequeños países como Bélgica o Suiza), en cambio el shock lingüístico es más considerable cuando el lenguaje extranjero se encuentra al final de un largo viaje de desarraigo (ver los inmigrantes viajando a las Américas o Australia). Parece que la familiaridad o el desconocimiento con horizontes lingüísticos múltiples está vinculado a un grado paralelo de proximidad o distancia en un nivel psicológico, que antes llamé ‘lejanía versus cercanía’ sobre el nivel lingüístico, y ahora se convierte en ‘desconocimiento versus familiaridad’ en un nivel psicológico.

Por lo tanto, ¿los colegas de Nueva York traicionan un sentimiento de ‘lejanía’ cuando me preguntan ‘sueña en inglés o en italiano?’ El galés Ernest Jones debe haber sentido una ‘lejanía’ cuando durante sus primeros encuentros en la Bergasse, se dio cuenta de que nadie citaba ‘de memoria pasajes en griego o latín durante sus conversaciones y quedaban asombrados por mi reacción desconcertada’ (Jones, 1959, p. 35). Un ejemplo personal de ‘lejanía’ es cuando me encuentro traduciendo trabajos psicoanalíticos con colegas italianos que están atrincherados con el significado técnico del término de Bion ‘reverie’ sin conocer el uso de esa palabra en el lenguaje inglés cotidiano antes de Bion – piensen en cómo usaban ‘reverie’ los poetas románticos. El término de Winnicott ‘holding’ (sostén) es en realidad teóricamente rico, pero mis compañeros italianos no muestran ‘cercanía’ vivencial con cómo esa palabra se usa en el inglés cotidiano.

Un ejemplo más clínico de estas ‘zonas próximas y remotas’ es el caso de Anna O. (Breuer, 1893). En sus episodios histéricos, ella compartimentaba uno de los múltiples idiomas en su cabeza a causa de lo que ella necesitaba mantener ‘lejos’ por motivos emocionales en su neurosis particular, pero ambos idiomas estaban disponibles en el estanque de su inconsciente. 

Yendo a mi propia experiencia con la que muchos italianos podrían relacionarse, como niño podía oír en casa a mis padres cambiando entre el italiano y su dialecto, un lenguaje no escrito con un vocabulario diferente al idioma hablado en el colegio. Mientras que en una generación anterior un niño podía escuchar el italiano estándar por primera vez no en su casa sino con su maestra de primer grado – piense en los personajes de Elena Ferrante. Los ejemplos anteriores tienen en común el tema de la ‘lejanía versus la proximidad’ en la exposición de una persona a idiomas. A veces, la distancia para estar expuesto es corta (de Viena a Budapest), otras veces la distancia es grande (inmigrantes en América).

Mi opinión es que hoy en día la tercera generación de inmigrantes en América (u otros países coloniales) – la descendencia de la generación que caminó la distancia ‘larga’ – son los que más se asombran cuando viajan a lugares como Suiza o Bélgica en los que la gente puede caminar una distancia ‘corta’ para estar inmersos en otro idioma sin un shock cultural. Los americanos y los australianos se sorprenden mucho más al observar a personas bilingües que alguien de Suiza o Bélgica. En Italia tenemos una broma infeliz que es así: ‘Cómo llama a alguien que puede hablar dos idiomas? Bilingüe. ¿Cómo llama a alguien que puede hablar solo un idioma? ¡Americano!’. Para Strachey, traducir a Freud fue un paso mucho más corto que para muchos psicoanalistas de las siguientes generaciones, mientras que muchos psicoanalistas de Nueva York tratan la Standard Edition como si fuera escrito originariamente por Freud en inglés mientras que vivencian la GESAMMELTE WERKE como ‘vivencialmente lejana’. ¿Freud no tenía un acento cuando daba sus conferencias en la Universidad Clark?

Intercambiando nuestro pescado en el mercado de idiomas
Mi experiencia incluye haber nacido cerca de la frontera Suizo-Italiana de padres del sur, educado en italiano estándar, hacer un doctorado con maestros italianos y asignaciones en inglés y eventualmente emigrar a Nueva York, donde hablo italiano con mi esposa americana educada en Italia, y hablo inglés con mis hijos ítalo-americanos. Mi práctica en Nueva York consiste en cerca de 30% de ítalo parlantes y el resto son americanos. La mayoría de mis pacientes intercalan en sus discursos palabras en inglés en un grado u otro. Tengo también un paciente italiano que por motivos defensivos habla principalmente en inglés – como si estuviera tratando de evitar una especie particular de pescado – vinculado con su madre – del estanque de su inconsciente, pero está consciente de la cohabitación de especies múltiples.

El proceso de encontrar palabras en una sesión está muy bien descripto por Bucci con su concepto de ‘actividad referencial’: el intento del paciente de ‘expresar la experiencia emocional, incluso la experiencia rechazada, de forma verbal’ (Bucci, 2001, p. 40). Me parece un concepto amplio que implica que cuando estamos buscando palabras, ya estamos traduciendo algo – traduciendo algún estado interno en algún sonido que sea inteligible para el oyente. Los pacientes traducen algo de su interior porque quieren sentirse entendidos (o porque necesitan esconder algo) – cercanía versus lejanía. En sesión tanto un paciente monolingüe como uno bilingüe buscan un representante verbal de la experiencia que quieren comunicar. Incluso pueden recurrir al silencio si sienten que la experiencia que quieren narrar es inefable, o porque la experiencia es traumáticamente inenarrable. Usando la metáfora de pescar, por razones emocionales pueden elegir una ‘palabra cercana’ o una ‘lejana’, o encontrar que el hilo de pescar está desgarrado por una experiencia traumática, de un estanque en el que incluso una persona monolingüe experimenta variaciones del lenguaje basadas en el camino largo o corto al que han llegado emocionalmente. Como sugerí en otro lado (Piccolo, 2019), nuestro discurso en sesión trata sobre la traducción de huellas vivenciales de las que nuestro ‘cuerpo mantuvo el resultado’ en lo que nuestras cuerdas vocales pueden transmitir para que otros oigan. En mi opinión, el punto medio entre la experiencia somática y el lenguaje está hecho de ‘imágenes’ – muy a menudo mis pacientes italianos recogen imágenes procedentes de su vida americana cercana en Nueva York, otras veces recogen imágenes de su pasado remoto en Italia. Ahora, en este esfuerzo de traducir ‘imágenes’ en palabras inteligibles, ‘pescamos’ lo que está al alcance en la superficie próxima de nuestro preconsciente – un área en la que se hace posible pescar en ese momento por el agua que brota de la mezcla defensiva y conflictiva de las corrientes subyacentes en el ‘lago de nuestras imágenes-antes-de-que-se-conviertan-en-palabras’. 

Por lo tanto, traducir trata de la distancia entre dos lugares que pueden estar cerca o lejos uno del otro. Para el traductor los dos lados del puente están ‘conectados’ sintiendo cercanía. Para el lector monolingüe, hay desconexión y lejanía. Muchas publicaciones académicas han hecho la observación de que algo se ‘obtiene’ también en esta oscilación cerca-lejos de la traducción con los pacientes bilingües: ‘Algo debe haberse perdido en ese proceso, pero otras cosas podrían abordarse más fácilmente desde esa distancia y abrirse.’ (Byford, 2015, p. 338). Más técnicamente, ‘las elecciones del lenguaje están delineadas en los conflictos más profundos inter e intrapsíquicos’ (p. 333). Puesto más simplemente, hay un grado en todos nosotros en la ‘pluralidad discursiva’ mencionada antes y, según mi opinión, ‘corrientes internas mezclan las aguas tanto conflictiva como creativamente’. En resumen, cuando los colegas preguntan: ‘Sueña en italiano o en inglés?’ debería responder ‘sueño en italiano en inglés. ¡Tan triste para las personas que no tienen otra chance que soñar en una sola lengua! 
 
Bibliografía
Amati-Mehler J., Argentieri S., Canestri J. (1990). The Babel of the unconscious. Int. J. Psychoanal., (71): 569-583.
Breuer, J. (1893). Fräulein Anna O, Case Histories from Studies on Hysteria. Standard Edition, Volume II (1893-1895): Studies on Hysteria, 19-47. 
Bucci, W. (2001). Pathways of emotional communication. Psychoanalytic Inquiry, 20, 40-70.
Byford, A. (2015). Lost and gained in translation: the impact of bilingual clients' choice of language in psychotherapy. British Journal of Psychotherapy 31: 333-347
Hoffmann, E. (1989). Lost in Translation. London: Vintage Books.
Jones, E. (1959). Free Associations: Memories of a Psycho-Analyst. New York: Basic Books.
Piccolo, M.S. (2019). Listening to somatosensory states in psychoanalysis: body, trauma, and poetry. Psychoanalytic Inquiry, 39:8, 557-570.

Tradducion: Silvia Koziol
 

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