‘La niña que hizo la vía láctea’… Perteneciendo … en Sudáfrica

Carin-Lee Masters
 

Reflexiones sobre racismo y pertenencia en Sudáfrica.

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‘La niña que hizo la vía láctea’ es una historia contada a finales de 1900 por //Kabbo (un Khoi-San, brujo con poderes mágicos para atraer la lluvia). //Kabbo había estado en prisión por robo de valores. Cuando fue liberado de la prisión Bread Convict Station de Cape Town, en vez de volver a casa sacrificó la libertad de sus últimos años para enseñar su idioma y sus tradiciones culturales   a los lingüistas (Bleek y Lloyd) (Centre for Creating the Archive, 2011; Vollenhoven, 2016). Estas palabras profundamente inquietantes de las expresiones de //Kabbo evocaron mis reflexiones, recuerdos y experiencias, como persona de color en Sudáfrica, de no pertenecer. 

Mi madre es la que me dijo que la niña se levantó
La chica de la Raza Temprana …!Xwe-/na-ssho-!Ke
 
Ella puso sus manos en la ceniza de madera
la arrojó al cielo,
dijo a la ceniza de madera,
‘debes convertirte en la Vía Láctea
Debes extenderte en blanco a lo largo del cielo’ 
 
Mi madre es la que me dijo
La gente va por la noche
El suelo se aligera
La Vía Láctea brilla suavemente
Sabe que es ceniza de madera
Conoce a la chica de la Raza Temprana
!Xwe-/na-ssho-!Ke, dijo la Vía Láctea
Debería dar un poco de luz
Para que podamos volver a casa por la noche
 
Mi madre fue quien me contó
La chica de la Raza Temprana, !Xwe-/na-ssho-!ke
Puso sus manos en la ceniza de madera
La arrojó al cielo
Dijo a la ceniza de madera:
‘debes convertirte en la Vía Láctea’

Tú y yo somos las cenizas del bosque, y pertenecemos a este país, a la vida, a las estrellas, a la Vía Láctea- todos nosotros pertenecemos aquí, y siempre lo hicimos. Pero antes yo podía imaginar y tomar esto, tristemente, por largo tiempo en Sudáfrica, gente de color, negra y marrón, se les hizo creer que ellos no pertenecían plenamente, que estaban solamente acá para atender las necesidades de la llamada ‘raza superior’, los ‘europeos’. Fuimos adoctrinados para creer que este país les pertenecía a ellos, propagado por un gobierno totalitario y racista. Muchos sudafricanos de color tenían un profundo sentimiento de no pertenencia, excepto en sus ‘barrios’ específicos – áreas específicas designadas para ciertas razas bajo el Group Areas Act (Ley de las áreas de grupos) designadas por el gobierno del apartheid [1]. Esta ley asignó diferentes áreas residenciales a grupos raciales diferentes, con dos objetivos principales: primero impedir a la gente de color vivir y hacer negocios en las áreas más desarrolladas que fueron ocupadas solo por blancos. La gente negra y marrón solo tenía acceso a estas áreas como trabajadores y necesitaban un ‘pase’ para estar allí legalmente. Segundo, la Ley servía también para prohibir la mezcla inter-racial y el posible mestizaje.

Después de la abolición del apartheid y cuando se formó el primer gobierno democrático nacido en 1994, tuvimos la esperanza de un ‘nuevo amanecer’. Nelson Mandela y el Arzobispo Tutu anunciaron el nacimiento de la ‘nación del arco iris’. La esperanza fue que esto pudiera curar mágicamente todas las heridas y divisiones de la racista Sudáfrica. Había una fantasía de que los  oprimidos previamente y los opresores se encontrarían y abrazarían, convirtiéndose en ‘Mzanzi’, es decir, una nación. Freud teorizó que lo que es reprimido y permanece desconocido está destinado a ser repetido inconscientemente. Long (2021) escribió que el concepto de inconsciente debe incluir lo inconsciente político, procesos que son internalizados tras décadas de inmersión en un entorno social y político determinado. Pienso que el término inconsciente psico-socio-político es más relevante si incluye diversos niveles de influencia y experiencia en cada nivel político/económico, social y psicológico.  Esos niveles de influencia y experiencia son absorvidos tanto en nivel consciente como inconsciente. Nuestro país fracasó en su sueño de ‘Mzanzi’ porque lo que encontramos insoportable enfrentar vuelve a acecharnos y lleva a un punto muerto la posibilidad de avanzar.

Leyendo a //Kabbo volví a evocar dolorosos recuerdos de mi niñez – profundamente perturbadores, experiencias racistas de haber sido ‘marginada" de niña. Me gustaría compartir mi recuerdo. Es a principios de 1970, yo tenía alrededor de 4 años de edad, en Cape Town en la ruta de Lansdowne (aun un área "mixta"en ese momento) a Claremont, en ómnibus. Era la primera vez que tomaba el ómnibus. Estaba con mi madre, excitada, rebosante de alegría, vestida para esta ocasión especial –¡mi primer paseo en ómnibus! Subiendo al ómnibus alegremente me apresuré a entrar y me coloqué en el asiento delantero del ómnibus. Mi corazón bailaba con alegría… inocente y desprevenida para lo que pasaría a continuación. Mirando hacia arriba, vi a mi madre mirándome fijamente, sacándome rápidamente de mi asiento. Le pregunté porqué lo hizo y señalé los muchos asientos delanteros del ómnibus vacíos. Al mismo tiempo, miré alrededor y vi gente blanca con rostros severos y pétreos. Sobre nosotros, grandes carteles rojos demarcaban los asientos delanteros para ‘SOLO BLANCOS’. Mi madre susurró severamente que era ilegal que nosotras hiciéramos eso, que podíamos ser expulsadas del ómnibus o algo peor. Este fue un momento de definición para mí, grabado dolorosamente y para siempre en mi memoria. Me di cuenta que los paseos en ómnibus podían ser peligrosos si no obedecíamos los carteles. Me convertí en una lectora súper atenta de carteles, y esto nunca me abandonó.

No se trata simplemente de hacer una afirmación abiertamente nociva, es decir, ‘usted no pertenece’, sino que es mucho más perjudicial el mensaje encubierto – el que penetra subrepticiamente en nuestras mentes. Internalizamos esos mensajes inconscientemente, los tomamos dentro nuestro y los creemos – volviéndose en parte de nuestro mundo interno. Pero como dijo Freud tan proféticamente hace décadas y repite Long – el inconsciente es una parte dominante y activa de nuestra mente, reteniendo muchas partes valiosas de nuestra historia.  

El mensaje que internalicé de esta experiencia en el ómnibus no es algo que yo ‘sabía’ en ese momento. Recordándolo ahora, comprendo como agregué otro nivel a un mensaje incesante – que ser marrón o negro es ser insignificante y ser blanco es algo honorable y digno de trato especial. No ser significativo como consecuencia de quién sos, y el color de tu piel… ¿qué significa eso para un niño? ¿qué odio vil puede ser internalizado con un mensaje tan perverso?

Había una expectativa dominante en cuanto a ser respetuoso en relación a la blancura, algo que mucha gente de color odiaba, envidiaba o deseaba. Había anécdotas de algunas personas mayores cruzando la ‘barra de color’ y siendo reclasificados como blancos, obteniendo esos documentos de la oficina de ‘Coloured Affairs’ (Asuntos de color). Durante el apartheid era posible la reclasificación mediante el Population Registration Act (Ley de Registro de la Población) de 1950, que clasificaba a todos los sudafricanos como Bantu (todos los africanos negros), De Color (los de raza mixta) o Blancos. Más aún, el Prohibition of Mixed Marriages Act (Leyde Prohibición de Matrimonios Mixtos) (1950) y el Immorality Act (Ley de Inmoralidad) (1950), prohibían el matrimonio o el sexo interracial.

Con mi ingenuidad infantil, me pregunté porqué no podíamos hacer eso. Comprendí que no era posible porque mi cabello era demasiado ‘kroes’ (grueso), por lo tanto fallaba en la ‘prueba del lápiz’. En la prueba del lápiz se empujaba un lápiz a través del cabello de una persona. La facilidad con la que sale determina si la persona ‘pasó’ o ‘falló’ en la prueba. La prueba se usaba en Sudáfrica para determinar la identidad racial durante la era del Apartheid, diferenciando los blancos de los de color y negros.

También mamá era demasiado oscura, ella no podía parecer blanca… ese era otro problema, su negrura. En aquel entonces, ser de piel oscura en una familia ‘de color’ no era algo bueno, y tal vez todavía no… Pero ser de piel oscura y tener el cabello ‘grueso’ era un golpe doble. Su destino podía ser la total invisibilidad o peor…
Las cosas eran (y quizás todavía son) igualmente precarias respecto a los matices del tono de piel – ‘cuanto más claro mejor’. Por lo tanto, aun cuando una persona de color fuera percibida como una amenaza en las ‘áreas blancas’, de vuelta en el barrio específico para negros si parecías menos negruzco y te veías más blancuzco, eras especial, lograbas una atención especial. Oír comentarios como ‘Sy is meer soes n wit kind’ a ‘sy is soe pragtig soes n wit kind’ (‘Ella se parece a una niña blanca’ a ‘ella es tan linda como una niña blanca’)pasaba normalmente. Las personas con tono claro de piel y ojos claros eran consideradas como más ‘bendecidas’, ligando esto perversamente con una percepción distorsionada de ‘belleza intrínseca en la blancura’. Trevor Noah, un comediante sudafricano, se refirió a estos problemas relacionados con el racismo en su show de Netflix ‘Daywalker’ (Caminante de día) y en su libro ‘Born a Crime’ (Nacido un crimen), incluyendo los temas del cabello y el tono de la piel.

Me gustaría compartir otro recuerdo. Como una niña de diez años haciendo recados para la familia, debía cruzar un parque de juegos en Manenberg, Cape Town. Aquí se reúnen los jóvenes matones, me notaron e hicieron su habitual abucheo, ‘ow whitey, ow djy, green eyes!’ (hola niña blanca, hola tú, ojos verdes!) y cuando no respondí…’kyk die fokken kind, sy hou vir haar wit, wie dink sy is sy, net vol kak, os skop haar sommer binne haar ma se poes! (míra esta maldita chica, cree que es blanca, quién se cree que es, simplemente llena de mierda, vamos a patearla en el coño de su madre!). Aterrorizada y confundida, pude huir y evitar el parque. Ser blancuzca era ser al mismo tiempo admirada y despreciada. 

Bajo el apartheid, ser negro o marrón lo convierte en un ‘miserable de la tierra’ (cf Fanon). Para compensar su miseria mucha gente de color trata a menudo de imitar la blancura…un anhelo doloroso consciente pero principalmente inconsciente por todo lo que esta representa… pureza, bondad y superioridad. Esto incluye un anhelo por su color de piel, cabello, acento, habilidades, estatus y riqueza aparentes, cuerpos y mentes – todo deseable y envidiable. Como la blancura era idealizada, la negrura era aborrecida (cf: Clark & Clark) [2]
La propaganda del apartheid y las micro-agresiones diarias de blancos racistas, pueden haber contribuido al desarrollo de un superyo perverso, punitivo y con odio hacia sí mismo.

¿Cómo una afronta todos esos ataques a la autoestima? Es muy complejo y no es posible desarrollarlo en este trabajo. Pero creo que algunos lo afrontaron solo sintiéndose ‘en casa’ en los municipios, mientras que otros intentaron escapar por medio de la reclasificación ‘racial’. Los que tenían dinero podían dejar Sudáfrica, pero muchos se replegaron en la ‘locura’ y las adicciones; muchos murieron una muerte del alma, los muertos caminantes. Había también cosas buenas – como la resiliencia y un fuerte sentimiento de comunidad y conexión en la lucha por la liberación. Lo que desespera, sin embargo, es que no importa cómo luchamos y nos defendimos y aparentemente alcanzamos la libertad, eso fue insuficiente para curar las almas rotas de la gente de color.

Entré en terapia a principios de los 90 para elaborar aspectos de esta rotura, pero en su mayoría los terapeutas eran blancos y no podían comprender el profundo sentimiento de no pertenencia racial, enfocándose solo en mi mundo interno y cómo se relacionaba con mi historia personal. Sí, esto también estaba – mis dinamismos internos, mi historia familiar y la psicología individual son esenciales en mi forma de ser. Pero este yo individual mío fue moldeado fundamentalmente por las políticas de raza e identidad que saturaron mi niñez. También fue moldeado por los terrores de estado que hicieron que yo y mis ancestros creyéramos e internalizáramos su propaganda perversa, llena de odio.
Resuenan los escritos de Bell Hooks [3]. mientras ella comparte su odio racial y dice 

Intensamente triste y odiándome a mí misma, la nostalgia me llevó a terapia, pero en aquellos tempranos días la terapia no ayudaba. No pude encontrar un terapeuta que conociera el poder de la ubicación geográfica, huellas ancestrales e identidad racial. Aun cuando sentí que la terapia no me ayudaba, no perdí mi convicción de que podía encontrar la salud, que la cura vendría de la comprensión del pasado y la conexión de este con el presente. 

¿Cómo es incluso posible curar a un país dañado como Sudáfrica?

Es una pregunta que no puede ser contestada por una única jornada particular. Debe ocuparse la nación. Enfrentar las atrocidades de nuestro pasado y el presente necesita ser un deseo y una apertura de todas las comunidades de Sudáfrica. Debemos dejar de lado nuestro pensamiento mágico sobre una ‘nación arcoiris’. Para curar debemos abordar nuestro odio descarnado, internalizado, que nos persigue hasta este día. Reconociendo su influencia en cómo nos tratamos, en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en cómo criamos a los niños – en esencia, como enfocamos y gerenciamos nuestra vida psíquica.

Comencé este trabajo con una cita de una vieja historia revelada por //Kabbo. Esta historia desarrolla cómo en el círculo de la vida nosotros, los humanos, nos quemamos y nos convertimos en cenizas. La historia dice que las cenizas de nuestros ancestros se reunieron para formar la Vía Láctea, guiándonos en nuestros viajes. Creo que solo podemos seguir la luz si nos mantenemos fieles y auténticos en relación a la tragedia de nuestro pasado y sus ramificaciones. La difícil tarea y el desafío de mantenernos cercanos a la verdad de nuestras experiencias nos pertenecen a todos. La autenticidad y el decir la verdad es un aspecto central de este viaje de ser y pertenecer. 
 
[1] El Group Areas Act (1950) fue formado como la ‘piedra angular’ de la política del apartheid y dirigido a eliminar las vecindades mixtas para favorecer la segregación racial que permitiría a los sudafricanos desarrollarse separadamente (South African Institute for Race Relations [Instituto Sudafricano para las Relaciones Raciales], 1950: 26)  
[2] Los experimentos con muñecas de Clark surgieron de la tesis de maestría de Mamie Clark. Publicaron tres trabajos principales entre 1939 y 1940 sobre la auto-percepción de niños negros relacionados con la raza… El experimento mostró una clara preferencia por las muñecas blancas entre todos los niños del estudio. 
[3] Gloria Jean Watkins, conocida como Bell Hooks, es una escritora, feminista y activista social estadounidense.
 
Referencias
Centre for Creating the Archive, University of Cape Town, ‘The courage of //Kabbo and a century of Specimens’ – Bleek and Lloyd conference  August 2011; http://www.cca.uct.ac.za
Fanon, F. (1963). The Wretched of the Earth. London: Penguin.
Freud, S. (1914). Remembering, repeating and working through, S.E. 12; 5. London: Vintage: 2001, pp. 145-156.
hooks, b. (aka Gloria Jean Watkins) (2003). Rock my Soul, Black People and Self-Esteem. NY: Atria.
hooks, b. (aka Gloria Jean Watkins) (2009). Belonging: A Culture of Place. NY: Routledge.
Long, W. (2021). Nation on the Couch. Cape Town: Melinda Ferguson.
Noah, T. (2017). Born a Crime - Stories from a South African Childhood. UK: John Murray Publishers.
Vollenhoven, S. (2016 ). The Keeper of the Kumm - Ancestral Longing and Belonging of a Boesmankind.  Cape Town: Tafelberg.

Traducción: Silvia Koziol
 

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