La toxicomanía entre adaptación y humanidad

Catherine Herbert
 

La ilusión antropológica de un hombre adaptable contradice al hombre freudiano. ¿Qué ofrecen las neoterapias frente a la destructividad, la repetición? Sólo el psicoanálisis revela lo trágico humano.

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La tarea del teatro [del psicoanálisis] no es cambiar al hombre. Eso sería inocente e insolente. Simplemente tiene que preservar en el hombre lo que es humano. Decir una y otra vez a los actores y a los espectadores: eres un hombre, eres un hombre, eres un hombre[1]

La manera en que una cultura, una sociedad, acoge y trata la vulnerabilidad, símbolo de una humanidad en el hombre, condiciona las formas del lazo social tanto como las del saber. En la manera de ayudar y tratar el sufrimiento humano, una sociedad revela sus valores (Gori, 2010, p. 28). Actualmente, la nuestra, nos lleva a estados pulsionales donde repetición y destructividad están muy presentes. Pero ¿Cómo llegamos a comprenderlos?

Clotilde tiene 39 años. Es toxicómana. La atiendo desde hace 16 años. Trabajo como médica en un CSAPA (Centro de atención, de acogida y de prevención en adicciones) [2]. Después de un período bastante prolongado de anorexia, cerca de sus 17 años, Clotilde comienza a utilizar sustancias (heroína y cocaína) para vivir. Las inyecciones comienzan alrededor de los 18 años. Clotilde fue abusada entre sus 6 y 11 años. Hablará sobre eso a sus 16. Si Clotilde sigue viva hoy, es porque las sustancias que se inyecta formaron parte de su vida desde entonces, a lo largo de todos estos años. Hace algunos meses, después de una corta interrupción del tratamiento, recibí a Clotilde en un estado somático muy preocupante y que requería hospitalización. Era el segundo episodio tan alarmante.

Sus brazos y sus piernas, pero también su rostro (frente, contorno de ojos) se habían convertido en una herida viviente, abierta, en carne viva, con abscesos y sobreinfectada. En 20 años de trabajo con toxicómanos, nunca había visto algo así.

En esta institución, mi trabajo es, ante todo, acoger al otro, la palabra del otro, allí, en el lugar donde se encuentre de su recorrido, su vida, su historia. Si hoy hablo de Clotilde, es para intentar cuestionar esas nuevas técnicas de tratamiento del sufrimiento humano, esas nuevas psicoterapias muy en boga en nuestra sociedad. Cuando empecé a ejercer en este centro había tres psicólogos cuya orientación clínica era psicoanalítica. Trabajaban el equivalente a dos jornadas de tiempo completo  [3]. Progresivamente se fue desintegrando y, hoy, sólo queda una psicóloga a tiempo completo cuya orientación viró hacia la criminología y el análisis de grupo. Durante este período de 15 años, el tiempo de psicólogo se redujo y las orientaciones teóricas se diversificaron: humanista, roggeriana, cognitivo-conductual (TCC), sistémica, motivacional. Actualmente, en la región donde ejerzo, ya ningún psicoanalista trabaja en un CSAPA o en un servicio de adicciones. En los congresos sobre adicciones, ya no hay ninguna intervención que haga referencia al psicoanálisis. Las TCC, así como la neuropsicología, que hizo su aparición en el tema de adicciones en estos últimos años, son las entradas principales de las intervenciones no médicas. Con el pretexto de no estigmatizar a los pacientes, los terapeutas actuales ya no los llaman ‘toxicómanos’, sino ‘consumidores de sustancias psicoactivas’. En lo que a mí respecta, me gusta el término toxicómano, del griego toxicon (veneno) y mania (locura) (Richard, Senon & Valleur, 2004), porque no niega ni borra al sujeto que actúa, que repite. Para los individuos y para los pueblos, Freud, en el ‘Malestar en la cultura’, traza una relación muy fuerte entre felicidad, manía, estupefacientes que mantienen a distancia la miseria y el sufrimiento, como una ganancia de placer inmediata, pero también como un elemento de independencia deseada con respecto al mundo exterior (Freud, 1995 [1930], p. 21). La compulsión a la repetición no es sólo una manera de recordar, es también una manera de vivir una exigencia vital (Bleger, 1967, pp. 255-285). De este modo, la cura es este espacio en el que podemos advertir cómo lo colectivo viene a anidar en el sujeto y en las instituciones. La clínica psiquiátrica, fundada en la palabra y sin técnica estandarizada, muy apegada a la psicopatología, desparece lentamente. Cada sociedad tiene la psiquiatría que merece, es decir según los valores y los modelos colectivos de la época (Gori, 2010, p. 27). Los jóvenes psiquiatras y psicólogos, casi todos salvo aquellas y aquellos que han seguido un tratamiento, ya no tienen la menor idea de lo que diferencia al psicoanálisis del florecimiento  de las psicoterapias de toda índole. Hoy, los expertos quieren reducir la psiquiatría a un estudio neurológico del cerebro, una medicina como las otras, una medicina de órgano. El psicoanálisis, teoría del lenguaje, es reemplazado por imágenes, codificaciones, tests estadísticos, protocolos, procesos y procedimientos. Así, abandona nuestras instituciones de salud. La referencia al psicoanálisis desaparece y el sujeto, el hombre, se retira. Pero, si el psicoanálisis ya no es la referencia, ¿Qué estamos pasando por alto? ¿Por qué motivo es negada la pulsión autodestructiva de la que da prueba Clotilde? ¿Por qué motivo la compulsión a la repetición es dejada de lado? Como dice Sylvie Le Poulichet, el saber engendrado por investigadores, respecto de un tratamiento del ‘órgano psíquico’, sería de la misma naturaleza que el que enuncian los toxicómanos: ambos trabajan en una tentativa de anulación de la subjetividad en su relación con el lenguaje, para consagrar la omnipotencia de la sustancia. Excluyen al sujeto de su acto dirigiéndose a su organismo (Le Poulichet, 1987, pp. 36-37).

¿Cómo podemos acompañar al sujeto en su separación del objeto elegido sin haber pensado previamente su vínculo con él? Si de acuerdo a como yo lo pienso, la sustancia sustituye simbólicamente al objeto, ¿Cómo separarse sin pensar en esta cuestión? Separarse, opuesto a desgarro o abandono, es pensar ese vínculo. ¿Cómo proceden las terapias que no trabajan con ese concepto de relación de objeto, que buscan desembarazarse de él sin pensar ese vínculo a la vez complejo, conflictivo y teñido de ambivalencia amor/odio? Si las adicciones son protecciones o suplencias frente a fallas narcisistas, un vínculo deficiente o incestuoso con el objeto, ¿Cómo hacen los terapeutas cognitivo-conductuales o los neuropsicólogos para pensar la separación antes de pensar ese vínculo? La adicción permite la vida. Abandonarla demasiado pronto puede conllevar la muerte. La pulsión de muerte nos remite a una realidad biológica: el cuerpo no es sólo una fantasía; posee sus propios límites, infranqueables, que escapan al dominio mental. La mayoría de los individuos no necesitan verificarlo en la repetición. Si esos límites son mejor interiorizados psíquicamente por algunos que por otros, es porque las pulsiones de muerte lograron en ellos más exitosamente su misión que en aquellos que siempre deben recorrer el trazado de su cuerpo (Zaltzman, 2011, p. 45). Las toxicomanías, de las que hablo al evocar a Clotilde, son del registro de una radical suplencia narcisista. ‘Dan testimonio de una carencia, de una insuficiencia de Dios, del Padre: imposible apoyarse en él. Se torna necesario suplir permanentemente la falla de una instancia simbólica’ (Le Poulichet, 1987, p. 105). Como prosigue Nathalie Zaltzman

la función inicial de autoconservación, atrapada por la necesidad de la repetición, puede volcarse hacia efectos mortíferos, contrarios a su objetivo […] La dimensión psíquica de supervivencia, […] la urgencia por demostrarse que se está vivo exponiéndose a la muerte, prevalece sobre la dimensión del respeto a la realidad biológica. (Zaltzman, 2011, p. 46)

En El yo y el ello’ Sigmund Freud escribe, ‘[…] el análisis, no está destinado a imposibilitar las reacciones patológicas, sino a procurar al yo del enfermo la libertad de decidir en un sentido o en otro’ (Freud, 1991 [1923]). Las nuevas técnicas de abordaje y tratamiento de los pacientes toxicómanos ¿permiten aún esta libertad de elegir? Los procedimientos o sus explicaciones neurobiológicas, que fuerzan al sujeto a modificar o a controlar sus comportamientos, sus esquemas de pensamiento ‘erróneos’, sus síntomas, ¿permiten pensar lo que el sujeto vive repitiendo? Este abordaje, que podríamos calificar de utilitarista, ¿Es eficaz a largo plazo? Para el psicoanálisis, 

El hombre no es sólo el ‘hombre útil’, el hombre de la autoconservación o de la adaptación, es además el hombre pulsional o, digamos, sexual. […] El ser humano se nutre y vive por amor y por odio antes de nutrirse para sobrevivir. Es lo que nos muestra el psicoanálisis.’ (Laplanche, 2008 [1992], pp. 176-177-183)

En ese sentido, el utilitarismo de esas técnicas no tiene para nada en cuenta el elemento pulsional. Nos guste o no, esas prácticas de tratamiento de los toxicómanos son la vía más deshumanizante de todas. La toxicomanía no es una enfermedad, en todo caso, no es una enfermedad unívoca. Una psicología de la adaptación es una psicología esencialmente falsa que no tiene en cuenta los motores pulsionales, sexuales, del ser humano (Laplanche, idem).

El hombre moderno busca soluciones a su permanente malestar, el que se vive de diferentes maneras según las épocas. Busca soluciones científicas a este trastorno, a esta fragilidad, a esta vulnerabilidad, que es indiscutiblemente constitutivo de su humanidad. Desgraciadamente, hoy, al buscar esas soluciones, el hombre moderno pierde su humanidad. Lo que es específico del hombre no puede ser confundido con un conjunto de órganos del que podríamos conocer todas las interacciones, los circuitos neuronales, los procesos… Lo que es específico del hombre es su organización simbólica. Lo que nos instituye como individuos, lo que nos permite vivir y devenir un sujeto y un actor de cuidado es haber sido el objeto de cuidado de un otro. 

Nosotros no cuidamos algo sino a alguien’ […] En ese alguien nunca cuidamos sólo a un ‘otro’, ni siquiera a un ‘otro- nosotros-mismos’, sino a un sí-mismo, a un ‘otro sí-mismo’. […] La dependencia inicial sólo deviene alienación si no conduce a esta creación, a esta individuación, que es también autonomización. (Worms, 2012, p. 339)

El psicoanálisis busca siempre aproximarse lo más posible a lo que escapa. En los toxicómanos, el fracaso de la simbolización, el fracaso del vínculo, el fracaso de la separación, deben ser pensados para que el sujeto pueda continuar viviendo sin aquello que vino a compensar esa falla. El pasaje al acto puede ser pensado como necesario para superar el traumatismo. El psicoanálisis es siempre una promesa de conflictos, de descubrimiento de la ambivalencia, de conflictualización. Las otras técnicas no conllevan conflictualización alguna, sólo prometen calmar las tensiones internas. Cubren con una tapa represiva lo que se juega a nivel psíquico, en lugar de quitársela.

El pensamiento psicoanalítico permite reflexionar y elaborar la manera en que se metaboliza lo que ocurre, lo que se vivió en lo colectivo y por lo tanto afecta a cada uno de nosotros. En un mundo, una época, en donde nuestras pulsiones se encuentran permanentemente estimuladas o sobre estimuladas (omnipotencia, inmediatez, adicción, miedo al otro, perversión…), en una sociedad altericida y adictógena, el psicoanálisis tiene mucho por hacer y para pensar. Salvo si, justamente, ya no se quiere pensar lo que es un hombre entre o con otros hombres, lo que es una sociedad, lo que es una comunidad. Porque estas nuevas formas de tratamiento no amenazan sólo al psicoanálisis, sino más bien a todas las prácticas y disciplinas que operan con otras formas de pensamiento que difieren de las suyas (Gori, 2010, p. 339). ‘Acompañar es estar al lado, como el analista al lado de y junto al analizando conteniéndolo, es también ser diferente, es decir no confundirse, no mezclarse, no sustituirse’ (Chabert, 2017, p. 31). La adaptación y la cura no se imponen. Si el ser humano es un ser social y un ser de relato, entonces el tratamiento, es acompañar y darles el  tiempo necesario a los hombres, a los toxicómanos, a Clotilde. Es darles el tiempo necesario para restañar y pensar lo que es su historia, lo que son sus falencias y las heridas de sus conflictos. No es olvidar, es no considerar nada como un error o un fracaso, sino como tentativas de resolución y de vida. Es ayudarlos a poner en palabras y a proseguir su camino en este mundo. El psicoanálisis es el medio para revelar la importancia de la huella, del indicio, de la impronta, del conflicto, de la vulnerabilidad sensible, del hombre trágico (Gori, 2010, p. 48).

 
[1] Extracto de una entrevista, Libération, no 2, diciembre 1988, citada por Nathalie Zaltzman, De la guérison psychanalytique,  PUF Epîtres, 1998.
[2] N de T.  Traducción de siglas en español. Las siglas en francés corresponden a » Centre de Soins, d’Accueil et de Prévention en addictologie »
[3] **N. de T. En francés, Équivalent temps plein, (ETP), es una unidad que permite medir comparativamente el empleo (actividad profesional o de estudios) a pesar de la disparidad en términos de horas de trabajo o de estudio por semana. Se obtiene comparando la cantidad de horas dedicadas por un individuo al ejercicio de una actividad profesional o al estudio, con la cantidad de horas promedio efectuadas por un trabajador o un estudiante de tiempo completo.

Referencias
Bleger, J. (1967). Psychanalyse du cadre analytique. In Missenard A, Anzieu D, Kaspi A (eds.), Crise, rupture et dépassement. Paris: Dunod.
Chabert, C. (2017).  Maintenant il faut se quitter. Paris: PUF.
Freud, S. (1995)[1930]. Malaise dans la culture. Paris: PUF, 1995.
Freud, S. (1991)[1923] « Le moi et le ça », OCF XVI, Paris : (1991), nota de pie de página, p. 293.
Gori, R. (2010). De quoi la psychanalyse est-elle le nom ? Paris: Denoël.
Laplanche, J. (2008)[1992]. La révolution Copernicienne inachevée. Travaux 1967-1992. Paris: PUF Quadrige, 2008
Le Poulichet, S. (1987). Toxicomanies et psychanalyse. Les narcoses du désir. Paris: PUF.
Richard, D., Senon, J-L., Valleur, M. (2004). Dictionnaire des drogues et des dépendances. Paris: Larousse.
Zaltzman, N. (1998). De la guérison psychanalytique. Paris: PUF Epîtres.
Zaltzman, N. (2011). Psyché anarchiste. Paris: PUF.
Worms, F. (2012). Soin et politique. Paris: PUF.

Traducción: Patricia L. Suen
 

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