Un vacío presente, lleno de ausencia

Prof. Dr. phil. Yolanda Gampel
 

En estos días de Covid, salimos de la zona de confort y encontramos a nuestro paciente cara a cara, descubriendo lo que no vimos en el otro. El otro emerge en su alteridad, pero yo también.

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Coronavirus que no es sino un vacío, sin olor, sin color, sin sonido, al igual que lo que alguna vez describí al hablar de violencia sociopolítica, Shoah, guerras, torturas, crueldad. Con la metáfora de ‘trasmisión radioactiva’ designo aquellos impactos del mundo exterior que penetran en nuestro aparato psíquico sin que tengamos control alguno sobre su ingreso, implantación y efectos. Inodoros e incoloros, se nos presentan como una enfermedad corporal, una turbulencia emocional, una pulsión desencadenada, la dificultad de mediatizar un mundo que parece no mediatizable. Pero pensar las intervenciones psicoanalíticas desde la VPS para aplicarlas en el quehacer psicoterapéutico, en los cambios que inesperadamente se van dando a causo de la pandemia, no es lo correcto, son dos dimensiones de la vida completamente diferentes, en tiempos y espacios. 

Desde fines de los noventa algunos investigadores de lo socio político-económico hablan de realidad VUCA, por la sigla de Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad. Ahora estamos frente a un evento que contiene toda la sigla, que hizo presente y notorio lo que no queríamos ver.

Deambular por el mundo requiere una particular habilidad para ir haciendo con lo que implica responder a VUCA.  Pensar la crisis ecológica y ahora la pandemia como un evento es mostrar los límites del enfoque científico teórico y práctico y también del psicoanalítico, que creen poder responder a todo por el solo recurso de la razón. 

Podríamos caracterizar un evento como un espacio  con su singularidad que especifican una situación y están abiertos a infinitas posibilidades, 

La epidemia exige una forma nueva de solidaridad en el contexto de lo social. Organizar la familia en el espacio de la casa, con tiempos diferentes, con una intimidad y continuidad no conocidas en días de producción y carreras. Exige una ‘encerrona’ y divide el cuerpo de lo social en unidades pequeñas. Pero descubrimos los nuevos salones muy visitados de las redes sociales, los chistes compartidos por whatsapp, las clases y conferencias por zoom, 

Esta corona nos obligó a cambiar las condiciones de trabajo clínico por una tecnología clínica virtual, descubrimos un potencial escondido en todo esto.

¿Cuál será la tarea principal del psicoanálisis y cuál es/será la esencia de ser analista? 

Pienso que el ser analista radica en un ethos, una presencia inmanente y trascendente a la vez, un espacio y un cuerpo que respira para aprender a pensar, y permite al otro aprender a pensar. La capacidad de pensar los propios pensamientos emana de un estrato en la estructura de la personalidad que es más profunda que el área de la que emana la elección. 

En nuestro planeta de trabajo con la psique, hablamos de relación entre dos o muchos, con objetos internos, de relación terapéutica. ¿Hablamos de encuentro? Probablemente para el primer encuentro de consulta, y luego la relación es de transferencia y contransferencia, defensas y resistencias, y ya lo sabemos todo uno del otro sin sorpresas.

Nuestras vidas están hechas de encuentros. Miren el gran encuentro con lo virtual, la sorpresa y la angustia que provoca a muchos entre nosotros, psicoanalistas y pacientes.

Qué pasaría si pensáramos cada sesión como un encuentro nuevo y un descubrimiento del Otro, que es posible mediante la proximidad o un pequeño desfase, sin que el uno se encuentre desbordado por el otro con sus imposiciones. 

Encontrarse es un sacudón, un peligro de verse descubierto en lo que cada uno encierra. ¿Cómo dominar ese sacudón, y la tensión que causa nuestro encierro, y el ex-sistir, el salir afuera en la presencia del otro, salir de sí mismo para encontrar al otro, distinto de mí, salir ambos de nuestra comodidad y nuestro encierro? En estos tiempos de corona, salimos de nuestra espacio de confort, y nos encontramos con nuestro paciente a través de la pantalla, en un cara-a-cara que nos hace descubrir lo que no vimos en el otro, y yo mismo soy el otro, el que mi paciente descubrirá en mí – por ejemplo, todas mis arrugas – y veo al otro y me veo al mismo tiempo y el otro emerge en su alteridad pero yo también. Cuánto que aprendemos. 

Y si eso pudiera ser cada vez, ver y oír al paciente como un otro, sin integrarlo en una categoría, sin asimilarlo, sin desapropiarlo de lo que él tiene, sino descubrirlo.

Encontrarse en cada sesión con y en esa brecha, que se daría en un vínculo y dejar surgir lo nuevo, la existencia que no puede ser demostrada. 

La pregunta del análisis desde el paradigma bioniano es el crecimiento y uso de las capacidades creativas. No solo hacer consciente lo inconsciente, o reacomodar a buen término los diferentes posiciones a lo largo de la vida, o replantearse en cada momento lo real, imaginario y simbólico. Habría que facilitar al sujeto que acude a nosotros, individuo, familia o pareja, su crecimiento y madurez, separando todo lo que traba su desarrollo, y acompañar el proceso sin abandonarlo. Lo que importa es la eficacia de la inmanencia, que es la de adaptarse a los procesos, no la de trascenderlos para imponer un objetivo. Al no fijarse ninguna regla, decía Confucio, el sabio está siempre perfectamente disponible para lo que cada situación exige.

Hay sonoridades, colores, olores, emociones que no han sido totalmente actualizados, en este cambio brusco del contexto terapéutico, por permite hacer aparecer un apego a una experiencia emocional, que no se expresa y permanece contenida. Y observo que el nuevo marco creado por las circunstancias, creó un surgimiento de emociones que no ha sido totalmente actualizada. Agregaría que el vínculo sostenido con su capacidad de ‘amor’ y la situación totalmente inverosímil, depura las impresiones. Pienso que es como en la poesía que pretende captar lo invisible dentro de lo visible, evocar el vacío a través de las imágenes. En el encuentro terapéutico, todo esto se produce sin retórica, con simplicidad en la expresión.

Vemos, en nosotros y en nuestros pacientes transformaciones silenciosas, a partir del cambio obligado del modo de estar juntos y separados, cambio sutil, casi imperceptible, del que esas transformaciones son el resultado. Se produce una emergencia visible de un largo proceso invisible. 

Vivimos en la sociedad del acontecimiento, en el que siempre esperamos lo novedoso, lo que rompe la rutina. Es el acontecimiento-espectáculo de los mass media, de la moda, del turismo en el que siempre esperamos lo diferente. La nueva situación nos hizo volver a lo ordinario, a pensar con nuestros propios pensamientos, a procurar afrontar las condiciones favorables o desfavorables que son el peligro y la oportunidad que debemos saber encaminar.

Un encuentro clinico
La familia regresó en tiempos de corona de otro país y debió aislarse por dos semanas. Los padres piden entrevista para que los ayude con un estado de ansiedad del niño, que se manifiesta en un alocado hacer, leer, hablar, tuve una consulta terapéutica de 5 sesiones; con este niño, hace un año M, 8 años, es un niño, inquieto, sobredorado y sabelotodo.

Como si no hubiese existido ninguna separación, empieza a hablar a mil por hora, sin respirar; la respiración que consiste en expirar e inspirar está anulada por su ansiedad, todo su saber científico sobre la pandemia. 

Le pregunté si podía darme un minuto, como un réferi en el fútbol; me miro, me dio permiso. 

‘Empezaste a decirme todo lo que ya aprendiste sobre el virus, me estoy aburriendo, y te propongo un juego. JUGAR, sí, como lo hicimos en nuestros encuentros antes de tu viaje’.

‘Pero es una propuesta’, me dice, ‘y si me aburro, probamos otra cosa’. 

Le propongo que los dos imaginemos que tenemos en una mano una rosa y en la otra una taza, y que sintamos e inspiremos el perfume de la rosa. Me interrumpe, nunca le sintió perfume a la rosa. Respondo que cuando yo era niña, las rosas tenían perfume, y ahora no por la polución (por decir algo científico). 

‘Ah’, me dice, ‘es cierto’.

‘Entonces tú imagínatelo y yo lo voy a recordar’.

Inspiramos la rosa y espiramos el perfume a la taza. Se creó un espacio para respirar, una brecha, le encanto y seguimos por un rato, lamentó que termináramos y en el último momento me dijo: 

‘La próxima me explicas en qué teoría te basas’.

El vacío incontrolable generado por el corona angustia, no tiene teoría, y ello es terrible para este niño, que llena todo espacio de frustración y dolor con conocimientos.
 

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