El cuerpo erótico

Dr. Dianne Elise
 

Si como propongo, el psicoanálisis es un proyecto erótico, ¿cuál es el rol del cuerpo, del cuerpo erótico, en todo tratamiento, a medida que se va desenvolviendo en el tiempo?

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¿Qué es el cuerpo erótico? Como psicoanalistas, cuando observamos el tema del cuerpo erótico, ¿a dónde nos lleva esta investigación? ¿Nos referimos a los genitales, la genitalidad estimulada o estimulando el cuerpo? ¿Es el cuerpo erótico un cuerpo – el propio o el de otro – que subjetivamente es considerado erótico  en esta atracción?  

¿Nos referimos a un cuerpo que es sexualmente provocativo según un foco erótico en la mente?¿ El cuerpo erótico es un estado del ser? ¿Cualquier cuerpo es potencialmente un cuerpo erótico?

En este ensayo, considero el terreno de la encarnación erótica dentro del campo analítico, entrelazando el énfasis de Winnicott en el psico-soma con el foco freudiano en la vida libidinal encarnada. Cuando me refiero al cuerpo, incluyo la encarnación de la mente, el sentido completo del self encarnado. Merlau-Ponty (2012) escribió: ‘Yo soy mi cuerpo’ (p. 151).  Para experimentarse a uno mismo completamente es necesario reconocer que, ‘Yo soy mi cuerpo erótico’; de otro modo, el self-cuerpo estaría castrado, y no sería posible un completo ‘Yo soy’. Mi atención está puesta en el cuerpo erótico tal como emerge en el material clínico desde la relación niño padres, la experiencia edípica, la sexualidad adolescente y adulta, y tal como se manifiesta en el encuentro encarnado dentro del campo intersubjetivo de la díada analista-paciente. El énfasis está ubicado en la experiencia corporal dentro de un registro subjetivo de lo erótico, tanto como sexualidad así como una experiencia más general de pasión y vitalidad. Mi concepto de erotismo analítico (Elise, 2015a, 2017, 2018, 2019) es utilizado para una apreciación en profundidad acerca de la contribución del cuerpo erótico al crecimiento mental y a la creatividad dentro del proceso analítico.

Quisiera decir que el cuerpo erótico es extensivo en sus manifestaciones y en su alcance, y no está limitado por supuesto a una o varias partes del cuerpo. El CE puede ser  cualquiera y cada una de las pulgadas del cuerpo, ambas registradas externamente (superficies de la piel, tobillos, dedos, muñecas, lóbulo de la oreja, cuello, el arco de la nariz, la curva de la cadera o el labio inferior, hinchazón  del pecho o bíceps) e internamente (excitación de ‘órgano’ - corazón trémulo,  mariposas en el estómago, ojos dilatados, respiración acelerada, congestión genital). El CE está en continua conversación con la mente, aun cuando el intelecto pueda ‘desconectar’ la conciencia de este intercambio.

El cuerpo erótico no está restringido a un cuerpo, sino que con frecuencia están involucrados dos o más cuerpos en interacción, aunque no se requiere que otra persona esté realmente presente, o si lo está, que haya contacto corporal. El cuerpo erótico se siente dentro de uno mismo como siendo del propio self corporal o de otro, el conducto probable podría ser la mente. La visión (incluída la de la fantasía) con frecuencia es un tema central; nuestra visión de un cuerpo lo vuelve erótico (o no). El tacto y los registros kinestésicos también son clave. El CE es un cuerpo cuyas terminaciones nerviosas son estimuladas por la mente cuando es excitada. Esta excitación mental puede o no ser específicamente sexual en su contenido. Aún cuando el contenido del pensamiento no es directa o abiertamente sexual, el cuerpo es erótico cuando está imbuido con energías vibrantes. Aquí soy freudiana, estoy hablando de energía libidinal, la que originalmente es sexual, derivada y generalizada en Eros. Estimulación sexual → energía erótica → Eros = compromiso con la vida apasionado y encarnado.

El CE es un contenedor, amplificador y conductor de la vida libidinal del sujeto – la vida como un ser libidinal – que da una expresión psico somática al verdadero self, a la vida creativa, a la personalización. Clínicamente, el CE es inseparable de la residencia mental del campo analítico. El CE es un cuerpo que puede registrar una reacción corporal de excitación sobre una relación sexual mental de mutua interpenetración. El CE es una bisexualidad – la relación de penetrando a penetrado (Elise, 1998) un flujo libidinizado, energizado entre el cuerpo y la mente dentro de un individuo o entre personas – bi-direccional.

Expresiones del desarrollo
El cuerpo desnudo del embarazo es un cuerpo erótico, uno cuyo erotismo con frecuencia es borrado de la vista (Balsam, 2912). Sin embargo, en el arte aparecen poderosas representaciones de la sexualidad materna:

Modersohn–Becker pintan cuerpos maternos voluptuosos, envolviendo al niño, la íntima conexión del nacimiento, envolviendo al observador en la conexión entre el bebé y la madre. El sexo del bebé puede ser ambiguo, pero no su vínculo con la madre, el niño reclamando su cuerpo, así como la madre reclama a su bebé, una encarnación del erotismo materno, a través de  la sensibilidad de la artista femenina. (Herschberg, 2020, p. 81)

La madre-niño es un cuerpo erótico, la pareja lactante una unión erotizada (Elise, 1998). Kristeva (2014) brinda una elocuente pintura de este par, conceptualizando el erotismo materno como la vitalidad e investidura libidinal que una madre brinda en su completo compromiso corporal con su niño. Thomson-Salo y Paul (2017) amplían nuestra comprensión sobre la sexualidad del niño tal como se desarrolla en la relación erótica con las figuras parentales. El cuerpo de un niño es uno de los cuerpos más eróticos. 

Como escribió Freud (1923), el yo es ‘primero y ante todo un yo corporal’ (p. 26). La experiencia que surge de la sensación física es el molde original desde el cual el niño desarrolla un sentido del self corporal. Esta forma del self incluye los propios genitales, especialmente intensos en sensaciones focalizadas, y de esta manera el ego corporal se dirige hacia la especificidad sexual. La experiencia sensible de la propia estructura genital tiene el potencial de dar forma al propio yo – hacer particularmente notable ciertas configuraciones como una especie de mapa interno del cuerpo, el self y el mundo. 

Vemos que la anatomía puede ser una fuente de éxtasis. El cuidado físico del cuerpo del niño dentro de una relación afectuosa, libidinizada, estimula la superficie erótica del cuerpo. Los padres seducen tanto física como enigmáticamente (Laplanche, 1992). Los niños también seducen a los padres (Thomson-Salo & Paul, 2017). Esta relación erótica, en la medida que se combina con la maduración del niño, culmina en la fase fálica temprana, que lleva hacia la crisis edípica. No solo la mente es una fantasía erótica expansiva, el cuerpo sexual se congestiona, se vuelve tumescente –una erección del pene, tanto como del clítoris y la vulva (todo ello literalmente aumenta con estimulación y flujo sanguíneo). 

El niño edípico está excitado eróticamente, pero ahora su intercambio corporal con los padres más limitado.  Este potencial contendiente edípico está deseoso eróticamente, pero solo para encontrar una menor interacción recíproca, porque los padres lo alejan de un contacto sensual explícito del que estaban comprometidos más libremente con su niño. El pequeño se encuentra con un fracaso erótico, al ser forzado a enfrentarse con una gran/pequeña polaridad corporal erótica que ahora tiene consecuencias agudas en relación con las propias aspiraciones sexuales románticas y del self. Las fantasías conflictivas edípicas empujan a la represión, resultando en una sexualidad infantil que vive en el inconsciente, dando lugar más tarde (con frecuencia disfrazadas) a su expresión en la sexualidad adulta. Con frecuencia el sexo surge como un problema para los adultos, y a menudo es un foco en el tratamiento, ya sea abiertamente conocido o escondido. La relación con el cuerpo erótico está comprometida. El reino de lo erótico, ahora influido con una connotación ilícita, es a la vez provocativo y sospechoso, atractivo y culposo. Los clínicos con frecuencia experimentan este conflicto en sí mismos, llevándolos a evitarlo.

El cuerpo erótico en el campo analítico
Si, como propongo en Creatividad y las dimensiones eróticas del campo analítico (2019), el psicoanálisis es un proyecto erótico, ¿cual es el rol del cuerpo, el cuerpo erótico, en cualquier tratamiento a medida que se desarrolla en el tiempo? Vemos que el campo analítico diádico está habitado por dos personas corporales, cada una con suerte y al final (re)conectada a su propio cuerpo erótico y al del otro. De acuerdo a mi propia conceptualización, el erotismo analítico se pone en juego cuando el cuerpo-mente erótico de cada uno de los participantes está comprometido. Idealmente, los dos, analista y analizando, se comunican verbalmente acerca y desde dentro del cuerpo erótico a través de la voz, y no-verbalmente con el lenguaje corporal, que posee diferentes grados y resonancias de energía erótica. El campo analítico necesita la presencia del cuerpo erótico de ambos, paciente y analista, y entre los dos, para que funcione efectivamente el cuerpo erótico del análisis generando un campo fértil, permitiendo un contacto profundo con un auténtico sentido de ser. Una atmósfera de energía libidinal es vista como un aspecto crucial para darle vida al campo intersubjetivo. Cuando está plenamente articulado como una energía potencial encarnada en ambos participantes, el erotismo analítico puede ofrecer un compromiso libidinal dentro de un marco ético como estímulo a un pensamiento emocionalmente encarnado, que puede llevar a transformaciones en muchas dimensiones, incluida la erótica.

Lo analítico erótico está activamente en juego en el marco del encuadre. Con los pasillos, salas de espera, puertas, una proximidad de los cuerpos pasando, se permite una confrontación/comunicación corporal erótica más explícita entre el par. La energía libidinal o su ausencia se registra palpablemente. Tan pronto como vemos a un paciente en la sala de espera, y el paciente nos ve, hemos intercambiado mucha información corporal. Ofrezco una viñeta de una puerta de entrada: una mujer analizanda en el máximo de la transferencia edípica erótica, el cuerpo rebosante de carga erótica, regularmente sigue a su analista por el pasillo, quien se hace a un lado para dejarla pasar al consultorio, a pocas pulgadas de distancia uno de la otra. Esto se repite cuatro veces en la semana, pero recientemente ella nota algo bastante interesante, excitante: su analista cada vez se aleja más al acercarse a la puerta, y parecería que ya no se siente ‘a salvo’ estando tan cerca de ella como antes. La paciente privadamente interpreta esta conducta como expresando la contratransferencia erótica del analista y piensa: ‘Usted puede apartarse de mí, pero es exactamente este cambio corporal el que me dice que lo tengo!’ Esta confrontación corporal frontal total en la puerta del consultorio aumenta su ánimo y fervor hacia su analista. Ella no dice nada durante un tiempo, guardando su sentimiento de triunfo erótico, una confirmación edípica, como una sonrisa interna secreta. 

En general reconocemos lo erótico en relación con los deseos abiertamente sexuales. Es cierto que clínicamente, estos deseos son evidentes, aunque no limitados a lo que tradicionalmente se entiende como transferencia y contratransferencia erótica: deseos genitales corporales, tanto edípicos como adultos, expresan deseos libidinales en uno o ambos participantes de una acogida total del cuerpo erótico. Mantener este erotismo vivo, pero no actuado en la realidad concreta presenta un desafío clínico significativo. En las violaciones del límite sexual, el cuerpo sexual ha sido tomado, una ‘contracorriente’ (Elise, 2015b) en el mar erótico empuja a la pareja en una inmersión corporal  presente, una resaca de contacto sexual, en lugar de permanecer en la naturaleza ‘como si’ del campo de la transferencia.

En agudo contraste con el flujo erótico de las violaciones del límite en lo Real, una ausencia moribunda de las energías eróticas puede manifestarse en un paciente, o en un clínico, y pronto en ambos, en la medida que se influencian mutuamente. La enfermedad psicológica se manifiesta como ausencia de erotismo en la mente-cuerpo del campo analítico. En su lugar vemos depresión, disociación, cinismo, obsesividad, intelectualización abstracta, muerte de la afectividad y otras manifestaciones de la desconexión árida del self corporal. El analista debe luchar contra la inducción hacia estos estados des-libidinizados que pueden llegar a ser tan totales como para ‘capturar’ al analista. Estar desencajado del erotismo corporal se puede manifestar como aburrimiento, somnolencia, y un desinterés esterilizante del campo analítico. El clínico debe habitar su propio cuerpo erótico y trabajar para ponerse en contacto con él, o desarrollar nuevamente la vitalidad libidinal del paciente (Elise, 2017). En el mejor de los casos este es un duro trabajo. 

Actualmente sufrimos una crisis de alcance mundial, y se nos presenta una experiencia sin precedentes, que plantea un obstáculo significativo a la vitalidad libidinal, más en general y dentro del campo analítico. El Covid 19, habitando el lugar, impidiendo que dos cuerpos estén juntos en una habitación, priva significativamente a la pareja analítica de sus resonancias corporales eróticas, que normalmente tendrían lugar en modalidades sensoriales múltiples. En las sesiones por teléfono, estamos limitados a la voz audible, y es una voz en la línea telefónica. Los silencios se pueden sentir como completas ausencias (‘¿Usted está ahí todavía’?); ‘pausas pregnantes’ son difíciles de detectar. Para quienes utilizan formatos de video, lo que se puede ver con frecuencia desorienta y distrae, dada la bi-dimensionalidad de la pantalla plana. Creo que la disminución erótica es un factor clave en la fatiga que los clínicos informan constantemente en pasar a trabajar, de forma repentina, todo el tiempo via teléfono o video.

Los tratamientos corren el riesgo de ser vaciados de las verdaderas energías que deberían alimentar el proceso analítico. La fatiga refleja depresión, conocida ampliamente como acompañante de un marcado descenso de libido. El campo analítico, situado ahora dentro de la pandemia, está envuelto en ansiedades depresivas, compartidas por ambos miembros de la díada analítica. El erotismo analítico puede ser otra víctima del Covid 19. El cuerpo erótico de cada individuo y de la pareja analítica, con la estimulación disminuida, puede volverse desvitalizado. Un resultado que empuja hacia la desmoralización y luego a la des-libidinización del cuerpo erótico personal y compartido desafía nuestras capacidades de contacto y perturba nuestra joie de vivre, un sentimiento que creo que provee el fundamento de nuestra habilidad para sostener, contener y estimular el proceso analítico. El contacto con el cuerpo erótico es un anti depresivo, generador de una conexión vital con el mundo, y con mucha mayor necesidad en estos tiempos de crisis.

Referencias
Balsam, R. (2012). Women’s Bodies in Psychoanalysis. London: Routledge.
Elise, D. (1998). Gender repertoire: Body, mind and bisexuality. Psychoanalytic Dialogues, 8: 379-397.
Elise, D. (2015a). Eroticism in the maternal matrix: Infusion through development and the clinical situation. fort da, 21(2): 17-32.
Elise, D. (2015b). Reclaiming lost loves: transcending unrequited desires. Discussion of Davies’ ‘Oedipal Complexity’. Psychoanalytic Dialogues, 25: 284-294.
Elise, D. (2017). Moving from within the maternal: The choreography of analytic eroticism. Journal of the American Psychoanalytic Association, 65: 33-60.
Elise, D. (2018). A Winnicottian field theory: Creativity and the erotic dimension of the analytic field. fort da, 24 (1): 22-38.
Elise, D. (2019). Creativity and the Erotic Dimensions of the Analytic fFeld. London: Routledge.
Freud, S. (1923). The ego and the id. S.E. 19: 12-66. 
Herschberg, S.G. (2020). A female gaze in/on the female body in art and psychoanalysis: Paula Modersohn-Becker. Psychoanalysis, Self and Context, 15: 76-86.
Kristeva, J. (2014). Reliance, or maternal eroticism. Journal of the American Psychoanalytic Association, 62: 69-85.
Laplanche, J. 1992). Seduction, Translation, Drives. London: Institute of Contemporary Arts.
Merleau-Ponty, M. (2012). The phenomenology of perception. Trans. Landes DA. London: Routledge.
Thomson-Salo, F. & Paul, C. (2017). Understanding the sexuality of infants within caregiving relationships in the first year. Psychoanalytic Dialogues, 27: 320-337.

Traduccion: ???
 

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