Racismo, homosexualidad y paranoia

Dr. Gilbert Diatkine
 

El racismo delirante resulta de una posición masoquista de sumisión a un objeto paterno aterrador soldado a un objeto materno primario, que el sujeto recupera de este modo.

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El racista, como el delirante, se siente víctima de un complot urdido por adversarios invisibles, que lo rodean por doquier, que buscan despojarlo de sus bienes, penetrar en su casa, y contra los cuales hay que defenderse por todos los medios incluso, eventualmente, mediante una violencia asesina. Pero los racistas no son en general enfermos mentales. En ‘Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad’, Freud sostiene que los celos delirantes son una ‘defensa frente a una moción homosexual en extremo poderosa’ (Freud 1922 [1921]. La homosexualidad es entonces rechazada radicalmente, y una nueva realidad es creada. ¿Podríamos considerar aplicar esta hipótesis a una disposición universal de la mente humana en la que pudieran originarse al mismo tiempo el racismo y la paranoia?

Pero, ¿Cómo es posible que la homosexualidad sea tan mal tolerada por los paranoicos, mientras que en otras condiciones puede ser asumida y reivindicada? Freud siempre rechazó la idea de ver en la homosexualidad una perversión o una neurosis (Freud, 1905, p.30. n.13 agregada en 1915). Una respuesta posible a esta pregunta podría ser la siguiente: en la homosexualidad asumida existe siempre un tercero que limita el peligro de ser totalmente invadido por el otro. Por el contario, en la homosexualidad delirante, el tercero está fusionado con el objeto primario, y ya no puede poner límite a su intrusión. Tanto en la fantasía homosexual de los paranoicos como en las fantasías racistas delirantes, nada detiene la invasión por el objeto. El extranjero se infiltra por doquier, el sujeto de la raza superior es humillado, robado, maltratado por un enemigo sobre el que no tiene ningún control. Tres concepciones teóricas dan cuenta de esta fusión de los objetos primarios:
            
Tres concepciones de la fusión de los objetos primarios
  1. En la ‘fantasía de los padres combinados’ descrita por Melanie Klein, el sujeto está sometido a un coito destructor por un padre en el interior de una madre que a su vez está sometida por el padre a un coito permanente y peligroso. Es imposible recurrir a uno de los padres para protegerse del otro porque se encuentran ligados de manera inextricable. Al fantasear que se entrega pasivamente al sadismo del padre, el sujeto puede esperar reencontrar un objeto materno primario perdido, al que la imagen del padre está como soldada. (Klein, 1940, p.366).
  2. Para Lacan, el objeto primario es la fuente primera de todas las angustias, la de ser castrado por el padre, o la de ser devorado por el objeto (Lacan, 1970, p 67, p. 215). Pero en la mirada del Otro, el niño ve que no es suficiente para colmar a su madre, y que por fuera de él, existe algo que ella no tiene y que excita su deseo: el falo del padre. Para Lacan, el falo sólo aparece como lo que le falta al Otro, por lo tanto como castrado, que Lacan representa con el signo -f (Lacan, 1962-1963, p.53 y p.197). Para reencontrar el objeto primordial sin ser devorado por él, el sujeto puede hacerse a sí mismo ese falo faltante, fecalizado, que Lacan llama objeto a. De este modo deviene la ‘causa’ (y no el ‘objeto’) del deseo del Otro, y provoca su ‘goce’ (y no su ‘orgasmo’).
  3.  Para Winnicott, la madre en tanto ‘espejo’, ‘presenta el objeto’ al niño. Ella crea el espacio transicional en el que el niño puede ‘utilizar al objeto’, y tener el sentimiento subjetivo de haber creado el objeto (Winnicott, 1971, p. 154). La pérdida de tal objeto continente en espejo conlleva la desaparición del espacio transicional. La distancia entre la madre y el objeto que ella presenta queda  entonces abolida.

Schreber
En sus Memorias, el presidente Schreber describe cómo la ausencia de su mujer por un período de cuatro días transformó en delirio la depresión severa por la que estaba hospitalizado en el servicio del profesor Flechsig desde hacía tres meses.

Durante ese período, su mujer había ido a verlo dos veces por día durante algunas horas, y había almorzado a diario con él. (Schreber, 1903, p.51) 

A partir de entonces aparecieron las primeras indicaciones de un trato con fuerzas sobrenaturales, es decir, de una conexión nerviosa que el Profesor Flechsig mantuvo conmigo de tal manera que hablaba a mis nervios sin estar presente personalmente. (Schreber, 1903, p.52)

Cuando volvió su esposa, Schreber exige que deje de visitarlo, para que ella no lo vea en ese estado. Podemos imaginar que hasta ese momento, la Sra. Schreber aseguraba una función de Holding para su marido. En la realidad social, como en el delirio de Schreber, Flechsig era el personaje principal. Pero la investidura libidinal de Flechsig por parte de Schreber tal vez sólo era posible porque su imagen era ‘presentada’ al paciente por su esposa.

Todo parece haber ocurrido como si la Sra, Schreber, al partir, se hubiera llevado con ella la imagen de Schreber y todo aspecto terapéutico de la Clínica, ligados de manera inquebrantable.

Del mismo modo que la pérdida de su mujer para Schreber, a veces es posible detectar la pérdida del objeto en espejo continente como el punto de partida de un antisemitismo delirante.
 
Goncourt
A partir de 1884, Edmond de Goncourt se transforma en un antisemita rabioso, que adhiere a los llamados del líder antisemita Edouard Drumont de dar muerte a los judíos (Goncourt, T.III, 17 de marzo de 1887, p.22). Anteriormente, Goncourt era un artista de vanguardia. Apoyó a Baudelaire y a Flaubert contra la censura imperial. Abierto a la cultura del otro, forma parte de los conocedores que introdujeron a los artistas japoneses en occidente. Compartía los prejuicios de la época, y era antisemita como lo eran también Balzac, Georges Sand o Flaubert: hacía observaciones antisemitas supuestamente espirituales y tenía excelentes amigos judíos.

En la vida psíquica de Edmond de Goncourt, su hermano menor, Jules, ocupa un lugar singular. Casi toda su obra novelesca y teatral fue redactada conjuntamente con él. El Journal des Goncourt  está escrito en primera persona del singular. Los dos hermanos lo dictan con una sola voz desde 1851, pero es Jules quien escribe.

Contrariamente a Edmond, Jules mantiene relaciones con su familia y una vida sexual exuberante, que le valdrá por otra parte la parálisis general (una forma de sífilis nerviosa) que causa su muerte en 1870 (ibid  T. II, p.243). Edmond brinda detalles precisos sobre cómo lleva a cabo su trabajo de duelo, interiorizando aspectos específicos de su hermano, sobre todo, su libertad sexual. La interiorización del objeto en espejo, que representa Jules para su hermano, no alcanza sin embargo para asegurar el equilibrio narcisista de Edmond. Necesita un entorno exterior que pueda sustituir a su hermano. Lo encuentra formando parte de los jóvenes escritores con futuro promisorio que Gustave Flaubert reúne a su alrededor: Zola, Tourgueniev, Daudet y Goncourt. Después de la muerte de Flaubert en 1880, este grupo, devastado por las rivalidades, se disuelve. Goncourt encuentra entonces en el entorno de Alphonse Daudet un nuevo objeto en espejo continente. Cuando se encuentra con Daudet por primera vez, Edmond halla detalles que le recuerdan a su hermano. Pero en 1884, Daudet se ve también afectado por neurosífilis (Ibid.T. II, p. 1896), una tabes espantosamente dolorosa.

Goncourt reemplaza entonces a Daudet por Edouard Drumont como objeto continente en espejo. Edouard Drumont, que va a publicar La Francia judía en 1886 desempeña un papel esencial en la escalada del antisemitismo asesino en Francia. Goncourt sigue siendo un antisemita militante, hasta que crea él mismo su propio objeto continente, bajo la forma de ‘La academia Goncourt’, un grupo de jóvenes escritores de los que es su Maestro, y entre los que designará cada año al joven autor que será el escritor del futuro que a él le hubiera gustado ser. Cada año, comprando masivamente la novela que recibió el premio Goncourt, los franceses contribuyen al narcisismo póstumo de Edmond de Goncourt.
 
Céline
Luego de haber sido un adolescente conformista, Céline es herido en el inicio de las primeras contiendas de la primera guerra mundial, y parece perder de golpe todas sus ilusiones. Emerge de la guerra de 1914 como un cínico desencantado de todo, que abandona sin escrúpulos a las mujeres que lo aman cuando ya no las necesita. En 1932, se transforma de pronto en un escritor destacado con su novela Voyage au bout de la nuit. Crea una manera de escribir absolutamente novedosa. Mediante un trabajo minucioso de la lengua escrita, genera en el lector la ilusión de la lengua hablada, y realza los acontecimientos que vivió con un modo expresionista y magnificado.

Durante mucho tiempo, Céline estuvo alejado de la extrema derecha y del antisemitismo. Se sintió asqueado por el ascenso del hitlerismo, tiene amigos judíos, y demuestra mucho interés en Freud. Su vuelco hacia el antisemitismo tiene lugar en 1936. Inesperadamente, hace suyo el programa de exterminio de los judíos de Hitler. Publica, uno tras otro, tres libros antisemitas de violencia extrema, Bagatelles pour un massacre (1937), L’école des cadavres (1938), y Les beaux draps (1941). Bajo la ocupación, su antisemitismo es tan exagerado que termina inquietando incluso a los peores fascistas.

¿Qué fue lo que ocurrió? En 1936, Céline publicó Mort à crédit que, después del entusiasmo suscitado por Voyage au bout de la nuit, fue muy mal recibido por la crítica, tanto de izquierda como de derecha. En esa novela, Céline pinta un cuadro expresionista aterrador de su infancia y de su adolescencia que contrasta sorprendentemente con la realidad cotidiana banal que sus cartas revelan. Céline tuvo una infancia consentida, en una familia convencional y relativamente acomodada. Esta transformación forma parte del arte de Céline, pero podemos fácilmente imaginar lo traumática que pudo haber sido para su madre la lectura de Mort à crédit. Céline sólo mantiene una relación distante con ella, pero puede haber vivido las críticas negativas como lo que su madre hubiera podido decirle después de haber leído Mort à crédit. Además, por primera vez en su vida no abandonó a una amante, pero fue abandonado por una de ellas, Elizabeth Craig, a quien va a perseguir en vano hasta Los Ángeles. Mi hipótesis es que esas pérdidas narcisistas simultáneas pusieron en jaque la solución que Céline había encontrado para superar el trauma de la guerra. Ese mismo trauma habría hecho surgir una crisis adolescente que no tuvo lugar en su momento.

La obra literaria de Céline no resultaba suficiente por sí misma para asegurar su equilibrio narcisista. Debía ser validada por la mirada de un público que tuviera valor ante sus propios ojos. No por el gran público al que menospreciaba, y que recibió muy bien Mort à crédit, sino por su familia, a la que deformó y recreó en el libro, por los críticos literarios y por su amante, Elizabeth Craig. Por defecto, se crea una nueva y segura realidad, la del judío que se infiltra por doquier e intenta sodomizarlo. 
 
Racismo y paranoia
En resumen, la disposición común al racismo y a la paranoia podría encontrarse en la pérdida de un entorno continente, que asegure silenciosamente para el sujeto la función de espejo, de holding, de handling y de presentación del objeto. Frecuentemente, son los medioambientes en los cuales está inmersa nuestra vida cotidiana los que cumplen silenciosamente esta función: el cierre de una empresa, la derrota de un ejército, la decadencia de una clase social, representan para muchos individuos la pérdida de un objeto materno continente, que garantizaba su identidad y su posición con respecto al Ideal del Yo. La regresión a una posición masoquista de sumisión pasiva a un objeto aterrador es un recurso alternativo para recuperar el objeto materno primario al que se encuentra soldado en la fantasía. Al igual que el delirio paranoico, el racismo es una defensa proyectiva contra esa fantasía homosexual masoquista.
 
Referencias
Céline L.F. Lettres, édition établie par Henri Godard et Jean-Paul Louis. Paris: Bibliothèque de la Pleiade, Gallimard, 2009, 2034pp.
Freud, S. (1905). Trois essais sur la théorie de la sexualité. Tr. fr. B. Reverchon-Jouve. Paris: Gallimard, 1923.
Freud, S. (1911). Remarques psychanalytiques sur l'autobiographie d'un cas de paranoïa (Dementia paranoides ). Tr.fr. Marie Bonaparte et R. Loewenstein, (Le président Schreber) in Cinq psychanalyses. Paris: PUF, 1954.
Freud, S. (1922). Sur quelques mécanismes névrotiques dans la jalousie, la paranoïa et l'homosexualité. Tr. fr. D. Guérineau in Névrose, psychose et perversion. Paris: PUF, 1973.
Goncourt, E. & J. de (1856). Journal.  Fasquelle et Flammarion, 1956. Réédition, Robert Laffont, coll. Bouquins, 1989.
Klein, M. (1940). Le deuil et ses rapports avec les états maniaco-depressifs. Tr.fr. M. Derrida, in Essais de psychanalyse. Paris: Payot, 1967.
Lacan, J. (1956). D'une question préliminaire à tout traitement possible de la psychose. In Ecrits. Paris: Ed. du Seuil, 1966.
Lacan, J. (1962-1963). Le séminaire, X, L’angoisse. Paris: Editions du Seuil, 2004, 389pp. 
Schreber, D.P. (1903). Mémoires d'un névropathe. Tr. fr. P. Duquenne et N. Sels. Paris: Seuil, 1975.
Winnicott, D.W. (1971). Le rôle de miroir de la mère et de la famille dans le développement de l’enfant. Tr. fr.  Cl. Monod et J.-B. Pontalis, in Jeu et réalité. Paris: Gallimard, Paris, 1975.

Traducción: Patrícia Suen
 

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