El cuerpo está en análisis

Sra. Cláudia Aparecida Carneiro
 

En el ambiente virtual de una sesión on-line el paciente necesita encontrar, del otro lado de la pantalla, un analista ‘vivo’, que no desestime la dimensión corporal de la relación intersubjetiva.

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La pandemia de coronavirus puso en evidencia al cuerpo en el psicoanálisis haciéndonos imperioso su análisis. Estamos todos convocados a pensar, como sujetos y objetos de nuestra investigación, las implicaciones de la ausencia del cuerpo físico en las sesiones de análisis remoto, y a comprender al cuerpo que entra en escena en la virtualidad del contacto entre analista y analizando.
 
Nuestras frágiles certezas sobre la vida y sobre nosotros mismos han sido conmocionadas por el nuevo virus. Lo cotidiano es el temor al contagio y a la muerte. El cuidado del cuerpo se impuso como urgente y constante en nuestra conducta, su importancia ganó nueva dimensión con el reconocimiento de sus límites y de su impotencia frente a la letalidad de un factor biológico y ambiental. En este escenario de horror de la pandemia lo traumático se hace presente en las imágenes de cuerpos, y también, en la ausencia de ellos – en los hospitales abarrotados de pacientes que sufren, y de profesionales en la lucha por la vida, en los millares de muertes diarias, en los entierros sin rituales ni despedidas, sin abrazos y sin el consuelo del cuerpo del otro, obligados por el confinamiento a vivir sin la presencia física de las personas que amamos. 
 
La era pandémica pone también en evidencia la relación del ser humano con el cuerpo del otro en sus aspectos más sórdidos. La muerte del negro norteamericano George Floyd fue registrada en un video que muestra  su agonía mientras la rodilla de un policía blanco inmoviliza  su cuello, llevando  al mundo a repetir sus palabras: ‘no puedo respirar’, en  una reacción exponencial contra el racismo y la violencia infligida a los cuerpos negros. El movimiento ‘Black lives matter’ solo podría surgir   en el escenario de la pandemia, pues es el cuerpo negro el que más sufre y muere en estos tiempos de crisis. 
 
Las palabras de Floyd se inscribieron como un nuevo significante: mi cuerpo necesita respirar para que mi mente sobreviva a la barbarie. Vamos aprendiendo a respirar con máscaras, los rostros cubiertos, y afligida la mirada, asimilando esto nuevo que se interpone en nuestro contacto con el otro. Y todos los días esta necesidad vital del cuerpo –respirar el aire que también puede contaminar – adquiere nuevos significados en la lucha por la sobrevivencia individual y colectiva, contra las injusticias sociales, la tiranía política y la destrucción de la cultura y del medio ambiente. Necesitamos nuestros cuerpos vivos y saludables, haciendo de soporte al Yo en el combate contra el poder tanático que nos habita y amenaza nuestra existencia y la del planeta. 
 
Y el trabajo analítico, ¿Podrá sobrevivir sin el cuerpo? ¿Podrá el análisis, con el correr del tiempo, llevarse a cabo sin la presencia del analizando y sin sus mensajes corporales, emitidos al analista? ¿Y sin el cuerpo del analista, afectado por esas sensaciones y emociones, encarnado en su función interpretativa?
 
En la pantalla de la computadora observo a mi paciente, transformándose. En cada sesión, un cuerpo masculino toma forma y ocupa la escena con una potencia que me impresiona, dejando cada vez más distante en mi memoria la imagen del cuerpo femenino que se va apagando, y en su lugar, una visible alegría en su rostro. Cogito, en un espacio de pensamiento, que la pandemia me impidió acompañar más de cerca la transición de su cuerpo, justamente en el período de la hormonoterapia, después de años de conversación analítica hasta llegar allí. Como una madre que necesita acompañar cada instante de la evolución de un bebé, buscando mantenerse conectada a ese otro ser que a cada día se revela como un nuevo extraño ante sus ojos. 
 
En la sesión on-line lo veo con los hombros más largos, el rostro más cuadrado, la barba visible, y pienso: ‘nunca lo ví tan hombre’. La situación transferencial creó condiciones para la mirada, para que el reconocimiento que el analizando necesita se haga posible y sea legitimado por la analista. Decido comunicarle que veo y siento delante de mí a un hombre contento y sereno. Con esas palabras le transmito las sensaciones experimentadas por mí en la virtualidad de un encuentro cuya potencialidad erotiza la relación analítica. Creo que estos mensajes, presentes en el campo, son revestidos por un sentido integrador para el psiquismo.  
 
En el proceso de integración de experiencias tempranas que dejaron marcas profundas en su imagen corporal y su identidad, el paciente necesita encontrar algo más que una ‘pantalla en blanco’ en el analista. En la situación transferencial el analizando necesita encontrar ‘un otro vivo que lo refleje y le responda’, permitiéndole el proceso de simbolización, como sugieren De Cicco e Migliavacca (2016) en un bello trabajo titulado ‘Oír con los ojos, hablar con el cuerpo’. Cito a las autoras: ‘Cuando el paciente actúa y el analista reacciona, esto es, refleja las imágenes enviadas por él, se establece en el análisis un juego intercorpóreo. Es así como el analista sale de su posición de espectador indiferente, legitimando la existencia del paciente’ (p.116).
 
El cuerpo es el territorio de las sensaciones de placer y displacer, el lugar por el que transitan los afectos y se inscriben las experiencias sensoriales más precoces del ser. El cuerpo tiene historia, y aún antes de fundar el psicoanálisis Freud nos reveló su importancia al percibir que el cuerpo habla y encarna los sucesos traumáticos infantiles (Breuer & Freud, 1895). La asociación entre el síntoma conversivo en la histeria y la erotización del cuerpo lo llevó a formular la teoría de la libido y la importancia de ésta en la constitución psíquica y en la historia del paciente. El descubrimiento de Freud de la sexualidad infantil nos revela un cuerpo que, desde sus orígenes y progresivamente, es investido libidinalmente. Es el cuerpo libidinal infantil el que fundamenta todo el conjunto teórico freudiano del desarrollo de la personalidad. (Freud, 1905). 
 
Con la sexualidad infantil Freud nos presenta un cuerpo erótico y pulsional. Para Freud, es siempre por la sexualidad que se alcanza al cuerpo. Pero no se trata en ningún momento del cuerpo físico sino de cómo se llega a ese cuerpo por la sexualidad y por el lenguaje de los afectos. Al tomar el cuerpo como matriz de toda la teoría psicoanalítica, Freud presenta una teoría encarnada de la mente (Lima, 2016). Por lo tanto, el psiquismo no está desligado del cuerpo, y la propuesta del psicoanálisis es observar su interacción, estando en el cuerpo o siendo parte de él. 
 
Como afirma Jacques André (2015), no existe ningún proceso psíquico que, a semejanza del placer o de la angustia, no haga uso de un trayecto somático. André describe poéticamente el recorrido de lo psíquico, indisociable de lo orgánico:

La dulce excitación, la que acompaña el surgimiento del fantasma y esboza en el cuerpo una geografía erógena inesperada —el períneo que se contrae, la nuca que tiembla, la piel de gallina que eriza los pelos de los antebrazos, un escalofrío que recorre el cuerpo de pies a cabeza…—, la dulce excitación dibuja el cuerpo de Psiqué. (André, 2015, p.39)

El Yo se constituye anclado en el cuerpo y así permanece ligado a sus vicisitudes. Es, antes que nada, un Yo corporal (Freud, 1923). Otra bonita mención a ese cuerpo cautivo fue hecha por el escritor mozambiqueño Mia Couto en una conferencia reciente sobre la reinvención de lo humano, en el ciclo brasileño Fronteras del Pensamiento 2020. Mia, que también es biólogo, hablaba sobre las permeables fronteras entre lo humano y otros seres vivos con los cuales comparte la vida en el planeta, queriendo mostrar cómo el cuerpo es un sujeto y se manifiesta: En la cultura de su país no se dice ‘me duele el cuerpo’, se dice ‘Estoy sintiendo el cuerpo’.  Lo que esa persona quiere decir es que su cuerpo, le habla. 
 
En las relaciones intersubjetivas la comunicación de los afectos en su dimensión corporal se produce a través de los gestos, de la mirada, del olor, del calor del cuerpo, del ritmo de la respiración. En fin, cada acto refleja la potencia expresiva del cuerpo. En el espacio físico del consultorio, el encuentro entre analista y analizando se da, inicialmente, en los intercambios sensoriales. Uno y otro son afectados por los sentidos, y tales impresiones deben ser aprehendidas por el aparato sensorial del analista y traducidas por su función interpretante. La sensorialidad es, por lo tanto, la puerta de entrada a la realidad psíquica.  Es por medio de este cuerpo sensible, que se deja invadir, que el analista transita desde la percepción de la realidad sensorial a la aprehensión de la realidad psíquica. Ese recorrido depende de las emociones, o sea, de la experiencia emocional vivida en la relación analítica (Carneiro, 2013).
 
El paciente, que ahora encuentro solamente en la pantalla de la computadora, me habla de su aprensión en relación a la deseada cirugía programada, en la que le extirparán las mamas de su cuerpo cada vez más masculino. Ocupa tiempo imaginando posibles escenarios y bosquejandopasado y futuro para estar seguro de su decisión mientras que la tensión se acumula en su estómago. Para él, existe una sabiduría a ser desplegada que es la del beneficio de la duda. No deja de ser importante, pero es necesario limitarla en el tiempo. ‘Si me sumerjo y voy más y más al fondo, se acaba mi aire y tengo que volver’
 
Aún siendo beneficioso cuestionar las implicaciones de su deseo algo se le escapa y desborda el cuerpo, y le hace mal. Sabe que está elaborando los cambios del cuerpo en una ecuación que involucra miedo y riesgo. Pero no tiene sentido continuar dudando, pues la duda termina siendo solo un reflejo del miedo. Interpreto que el miedo de amputar su cuerpo y vaciarlo es también el de amputar el deseo de tener un cuerpo que pueda satisfacer todas  sus necesidades, incluso las no conocidas. 
 
Conversar sobre cortes y amputaciones permite al paciente entrar en contacto con la angustia frente al temor de la castración: el miedo a perder los vestigios de un cuerpo femenino que también le proporciona placer. Sus palabras reverberan en mi cuerpo y reconozco en mí el temor de las marcas que una cirugía programada pueda dejar. Veo a mi paciente en una decisión de Sofía. Pero lo que teme es  que su decisión pueda llevarlo a una situación de deficiencia —la castración imaginada como ataque a sí mismo. Le digo que en toda elección algo se gana y algo se pierde. Él carga con la incomodidad de su cuerpo. Hace años solo usa la ropa que  le permite disimular lo que le estorba. Le digo que él sueña con ganar un placer de… ‘vida!’, se anticipa y completa mi frase, interrumpiéndome. Hago silencio un instante, veo su imagen y su expresión en la pantalla y no encuentro allí vestigios de un cuerpo femenino. La imagen inconsciente del cuerpo (Nasio, 2009) se proyecta en mí y es ese cuerpo que observo, visualizo, y siento vibrar. Le digo que al sentirse vivo está definiendo para sí la importancia de su decisión. 
 
El esquema sugerido por Nasio (2009) para describir cómo el psicoanalista habla el lenguaje de la imagen inconsciente del cuerpo de su analizando permite una lectura de ese encuentro que se da en el registro de la imagen corporal, aún cuando analista y paciente no estén en el mismo ambiente físico y ni mirándose mutuamente. El autor distingue cinco tiempos del proceso mental que se activa  en el analista desde el ser afectado por una manifestación del analizando hasta el momento en que enuncia palabras que colman de sentido los mensajes emitidos.
 
En primer lugar, el psicoanalista observa las manifestaciones del paciente entendiéndolas como proyecciones de imágenes inconscientes del cuerpo infantil. En un segundo momento visualiza lo que sería ese cuerpo con sus sensaciones primitivas y siente tales sensaciones en una suerte de resonancia con el ritmo predominante del paciente (vibra a su ritmo) y, finalmente, interpreta, otorgando sentido a las emociones del paciente. (Nasio, 2009). Concuerdo con el autor en que la importancia del cuerpo para el psicoanálisis reside en que el cuerpo ofrece acceso al inconsciente. 
 
En una sesión virtual existe una presencia real, en términos analíticos, del analista y del analizando, en el espacio intersubjetivo que se establece entre los dos. (Carneiro, 2019). Cuando paciente y analista se conectan telefónicamente o por Internet comparten una experiencia emocional, a la vez que se crea un espacio mental creativo. En la medida en que ese nuevo encuadre se va constituyendo, la miradava ganando un estatuto diferente al que tiene en el setting tradicional;  también la voz y la escucha tienen nuevas particularidades. Es necesario considerar que en el análisis remoto se crea un espacio intermedio entre la  realidad y la  imaginación, espacio caracterizado por la virtualidad de la situación. En dichas condiciones la presencia se torna real, aunque no sea física, al ser confirmada por la mirada del otro. 
 
Estamos aprendiendo mucho sobre el lenguaje del cuerpo en la virtualidad del setting analítico. La dimensión corporal de la relación intersubjetiva, capaz de crear la situación analítica, abarca, en ausencia de otros elementos sensoriales, la visión del analista por parte del analizando y la mirada del analista dirigida al paciente como factor importante de sustentación del encuadre. 
 
Referencias
André, J. (2015). Vocabulário básico de psicanálise. São Paulo: WMF Martins Fontes.
Breuer, J., & Freud, S. (1895). Estudos sobre a histeria. In S. Freud, Obras completas (L. Barreto, Trad., Vol. 2). São Paulo: Companhia das Letras, 2016. 
Carneiro, C. (2013). Realidade sensorial e realidade psíquica: trânsito e turbulência. Revista Brasileira de Psicanálise, 47(4), 80-88.
Carneiro, C. (2019). A construção do setting virtual. Calibán - Revista Latino-Americana de Psicanálise, 17(1), 106-107.
De Cicco, M. F., & Migliavacca, E. M. (2016). Ouvir com os olhos, falar com o corpo: Considerações sobre a escuta e a técnica na clínica psicanalítica. Revista Brasileira de Psicanálise, 50(2), 108-121.
Freud, S. (1905). Três ensaios sobre a teoria da sexualidade. In S. Freud, Obras completas (P. C. de Souza, Trad., Vol. 6, pp. 13-172). São Paulo: Companhia das Letras, 2016.
Lima, L. T. O. (2016). O corpo na psicanálise: sua especificidade do ponto de vista da história das ideias. Revista Brasileira de Psicanálise, 50(2), 15-29.
Nasio, J.-D. (2009). Meu corpo e suas imagens. Rio de Janeiro: Zahar. 

Traducción: María Mabel Levi 
 

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