Presentaciones actuales de la sexualidad en los adolescentes

Mag. Elias Adler
 

Los cambios se suceden a nivel social y cultural. Esos cambios influyen en los adolescentes y jóvenes en diferentes áreas incluyendo en su sexualidad. ¿Qué permanece y qué ha cambiado en esta área?

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El querido maestro y colega Marcos Lijtenstein solía recomendarnos en el marco del Laboratorio de Adolescencia de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay (APU) que fuéramos precisos cuando dialogábamos sobre los cambios que se daban en la adolescencia con el paso del tiempo. Proponía pensar juntos con quienes compartíamos ese ámbito de estudio sobre la adolescencia en dos aspectos: en lo que había permanecido y lo que había cambiado a través de los años. Sin embargo era difícil pensar en estas dos categorías sin perder la idea de proceso pero bien valía la pena el esfuerzo por lo que aportaba en la reflexión. 

De hecho, guardo las palabras de Marcos Lijtenstein  con mucho cuidado. 

En aquel Laboratorio de APU, intentamos no quedarnos solamente con los aportes de psicoanalistas y de la clínica. Existía una búsqueda constante y una lectura de sociólogos, comunicadores sociales, literatos, antropólogos y educadores, que habían escrito sobre la adolescencia y sus cambios. Nos resultaba necesario buscar lo que decían desde diferentes disciplinas porque en primer lugar resultaba ampliamente enriquecedor y por otro, porque para varios de nosotros no era solamente la coyuntura de un momento lo que queríamos abordar, creíamos que se estaban dando sustanciales modificaciones en la forma en que los sujetos se hacen tales. 

Marcelo Viñar, Maren Ulriksen, Christine Chabert, Luis Kancyper, María Lucila Pelento, Raymond Cahn, Asbed Aryan, Alain Braconnier, Phillipe Jeammet, Francois Marty, Annie Birraux, Ignacio Lewkowitz, Cristina Corea, José Garriga Zucal, Marshal Berman, Richard Sennett, Silvia Duschatzky, Michel Maffesoli, Marc Augé, Zygmunt Bauman y decenas de autores más nos han nutrido y nos ayudaron a pensar y seguir reflexionando. 

Me gustaría por momentos, escribir la extensa lista de autores que fueron visitados en forma casi completa pero sería un alarde absurdo. Dado el tema que voy a abordar a continuación, esta vez prefiero no guarecerme detrás de figuras prestigiosas y hacerme cargo de  las responsabilidades de lo que afirmo.

¿Qué ha cambiado en la sexualidad adolescente de unos años a esta parte?

¿Qué ha cambiado en sus fantasías y en sus prácticas?

Confieso que  diferenciar tal como nos sugería Marcos Lijtenstein, en este caso la sexualidad adolescente de estos tiempos de la de otrora constituye una tarea imposible para mí en esta instancia dadas las dimensiones y complejidad de la misma.

Lo que puedo hacer en esta ocasión es realizar  un relato desde lo que ocurrió y ocurre en mi práctica clínica. 
Para aclarar aún más, debo decir que no  podría hablar de la vida sexual de los adolescentes o de cualquier persona, solamente pensando en ella como la atracción que un sexo tiene por el otro o que existe un  único modelo de relación. Las elecciones de objeto son particularmente diversas. 

Desconozco cuándo comenzaron a darse los cambios. Como casi siempre, no hubo un momento concreto. O por lo pronto, no hubo un punto de inflexión. Pienso que empecé a darme cuenta que algo distinto estaba dándose hace diez o quince años, primero por relatos de otros adultos, después por relatos de otras personas sin distinción de edad, y luego percibí que yo mismo estaba escuchando esos relatos por parte de los propios adolescentes o postadolescentes de la clase media, clase media alta o clase alta, de Montevideo, capital de Uruguay.

Como verán, esta vez dejaré de lado otras disciplinas y me focalizaré en lo que escucho de mis colegas, supervisiones y de mi práctica privada. Todo esto dentro de un contexto social, cultural y geográfico particular.
Digamos en primer lugar, lo que parece persistir con grandes similitudes pese al pasaje del tiempo y a las considerables variaciones en distintos ámbitos. En muchos adolescentes surgen más o menos explícitamente como siempre y con fuerza los deseos sexuales que estaban adormecidos, estos  les generan una sensación de “mundo a descubrir”, de fascinación pero también de miedo, de goces y de sombras. Lo que se veía lejano ahora es una posibilidad. La ansiedad se torna creciente y las ambivalencias con respecto a nuevas instancias de intercambio disparan un mundo de fantasías difíciles de contener. 

Algunos varones y chicas muestran una cuota importante de inhibición en el abordaje de sus pares  para seducir y vincularse sexualmente. Este repliegue defensivo no elimina las excitaciones que su cuerpo y su psique convocan y este estado es uno de los motivos de consulta que a menudo aparecen encubiertos por otras razones en adolescentes. Recordemos que las relaciones afectivas y los acercamientos sexuales les permiten a estos jóvenes sentir que son más independientes con respecto a sus padres, que crecen y se desarrollan. Y esta tarea de andar por su propio camino no es nada fácil, y está plagada de idas y vueltas.

También podemos expresar que para algunos adolescentes, las interrogantes con respecto a la heterosexualidad u homosexualidad se repiten y son motivos de angustia. 

Es posible encontrar que algunas chicas temen las relaciones sexuales porque no se sienten capaces como para establecerlas si así lo quisieran.  La fantasía de poder quedar embarazada pese al uso de métodos anticonceptivos sigue apareciendo con la misma fuerza y es una temática que no recelan en comentar.  Amén con el uso del preservativo. Sigue siendo un tema porque varios varones se rehúsan al uso del mismo. Aluden a molestias, a que no sienten lo mismo que en la práctica sexual sin condón pero es posible pensar que esta resistencia está ligada a veces al temor de no poder mantener una erección cuando deben darse el tiempo para colocar el preservativo. La potencia sigue siendo la cuestión.

¿Qué es lo nuevo en los relatos de los adolescentes en  la consulta?

Obviamente que la  virginidad parece tener otro estatuto, ya no es un valor pero sigue estando en el tapete, ser virgen o no serlo no es cualquier tema. Es posible encontrar chicas que todavía no han tenido relaciones que se sienten incómodas si “deben” afirmarlo entre sus pares. Tener “todavía” el himen puede ser fuente de vergüenzas.  Ni que hablar con algunos varones, si no han tenido relaciones y sus  amigos sí, entonces aparecen sentimientos de desvalorización.

Otras chicas deciden por ellas mismas abordar a varones para “estar” y este estar no implica necesariamente una relación sexual como el coito, pueden ser solo caricias y besos. Esta vez, ellas deciden rompiendo con la tutela y el mandato de sus padres. Buscan agrietar la idea de que las chicas que “están” con varios varones en una misma instancia son “rápidas” o prostitutas. Es más, quieren decir que si el varón puede “estar” con varias no es más valorado y que ellas pueden hacer lo mismo si lo desean,  entonces se exhiben en forma mucho más activa y libre en fiestas y encuentros. Este abordaje por parte de algunas chicas, atemoriza a algunos varones. Tanta actividad por parte de ellas los hace sentir inseguros. 

Las sustancias que se consumen  reducen la inhibición en los adolescentes. El alcohol les hace “perder el miedo” y algunos  lo consumen en cantidades importantes, el problema es que una ingesta abusiva, puede llevarlos a no recordar nada o a aparecer por ejemplo, en el banco de una plaza de la ciudad sin saber qué es lo que ha ocurrido. En algunos casos, esta ausencia de los hechos en su memoria, los asusta. Temen que “algo” de índole sexual se haya dado y lo desconocen.

Si de sustancias se trata, es llamativo el uso del Viagra por parte de varones tan jóvenes. Nos explican que el funcionamiento que desean tener con una chica tiene que ser “perfecto”, no puede fallar en nada. Otra vez la potencia en cuestión.

En el presente, en algunos grupos, están dispuestos a aceptar otros caminos. No se alarman si dentro del grupo hay una pareja homosexual. Algunos adolescentes hablan más de “parejas abiertas”, aludiendo que los integrantes de una relación afectiva pueden mantener relaciones con otras personas si así lo desean. Conversan sobre el “poliamor”, es decir si es posible amar a más de una persona a la vez. “Ser un pansexual” puede ser traído por algún joven a sesión y así nos vamos desayunando con un conjunto de términos que ignorábamos y que como analistas sostengo que debemos escuchar atentamente suspendiendo el  juicio siempre que podamos. Porque a veces el relato de los adolescentes encierra riesgos vitales ante los que no podemos permanecer impávidos y silenciosos. Vínculos promiscuos sin cuidados puede ser peligroso.

Para muchos adolescentes, quedarse a “dormir”  en la casa de su novio o novia, es un evento que se repite. Es preciso señalar que esa casa es compartida con la familia originaria de uno de ellos y los adolescentes duermen en el mismo dormitorio y en la misma cama, con la aceptación de los referentes adultos. 

Es muy habitual el relacionamiento a través de las redes sociales. Hablan y conversan a través del celular y la computadora. Este tipo de comunicación tiene sus propios códigos. Los criterios de seducción están ligados a veces,  a los “likes” que se pueden manifestar a través de las redes. Varios “likes” por parte de uno de los jóvenes pueden mostrar un interés en la persona que publica imágenes, fotos e historias. Mediante esta inmersión en la parafernalia tecnológica, exploran el mundo, las intimidades y las sensaciones propias y ajenas con una potente intensidad. “Stalkear”  o investigar a una persona  por las redes puede resultar atractivo y excitante. Es habitual el contacto y encuentro con otros por aplicaciones instaladas en el celular: “Tinder”, “Happn” y otras que caen en desuso tan rápidamente como se establecieron.  El acceso a las pantallas que se desean -sin límites- permite un viaje voyeurista con observación de múltiples detalles. Puedo afirmar enfáticamente que muchos de estos episodios que escuchamos en la clínica, no los escuchábamos en otro tiempo.

En definitiva para los psicoanalistas de adolescentes surgen nuevas interrogantes. 

No podemos dejar de volver a pensar en los cambios culturales y en los nuevos mandatos. Rapidez, efectividad, éxitos, excelencias, perfecciones, disfrutar, gozar, consumir, no a la espera, no a lo aburrido, un mundo imposible para los “loosers”. Los adolescentes  buscan afirmarse en un afán de completud que sabemos imposible e inalcanzable. No se permiten los equívocos que son vividos en algunos casos como heridas narcisistas de efectos descomunales.

En algún momento y  producto de la propia omnipotencia de los psicoanalistas, llegamos a pensar que los adolescentes contaban más o menos siempre, la misma historia en relación a su sexualidad. Fuimos proclives a creer que se podría hacer una síntesis de los comportamientos adolescentes bajo la intensidad de sus deseos.  Nos equivocamos.  El conocimiento es parcial, acotado, cambiante, fragmentario  en un mismo tiempo. 
Es preciso señalar que más allá de los cambios que pudieran darse en las subjetividades, en las presentaciones y modificaciones de la vida sexual adolescente,  siguen surgiendo en lo que escuchamos cotidianamente en la consulta clínica, nuevos relatos de crisis, malestares y angustias en la vida psíquica de los sujetos. El cuerpo, lo pulsional y sus destinos, siguen generándole  preguntas al adolescente que no le son de fácil respuesta porque está  en un momento de reconstrucción identitaria y del aparato psíquico. Los adolescentes y su sexualidad siguen estando sujetos a los conflictos internos como ocurre en todas las edades.

Para los psicoanalistas que trabajamos y acompañamos a estos pacientes adolescentes en su tiempo y en las circunstancias que les ha tocado en suerte, entender los avatares en  sus fantasías y en  su sexualidad, constituyen un desafío a descifrar.