Intimidad: espacio interior y forma de relación con otros

Dr. Katharina Rothe
 

¿Qué queremos decir cuando usamos el término intimidad? ¿Cuáles son los problemas de la intimidad con los que luchamos en nuestras vidas?

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¿Qué queremos decir cuando usamos el término intimidad? ¿Cuáles son los problemas de la intimidad con los que luchamos en  nuestras vidas? ¿Y qué significa en el consultorio, tanto para los pacientes como en la relación entre el paciente y el psicoanalista? Abordaré estas preguntas comenzando con el  comentario de diferentes definiciones del término, que me llevarán a una concepción dialéctica de la intimidad. Luego exploraré las ideas psicoanalíticas sobre intimidad y compartiré breves viñetas clínicas que ilustran esta dialéctica y  exploran diferentes formas tanto de luchar como de manejar la intimidad. Finalmente, ¿cómo la relación psicoanalítica promueve la intimidad?
 
La palabra intimidad deriva de la raíz latina intimus, que significa más interno. Es interesante que en Wikipedia la entrada alemana difiere de la inglesa en la forma en que introducen el término. La primera referencia en la página alemana se refiere a la esfera íntima de una persona y a la protección legal de dicha esfera Intimität, 2017. La entrada presenta la intimidad refiriéndose a un espacio privado, íntimo, en el que los otros no deben entrometerse, antes de mencionar las relaciones íntimas entre las personas. En la entrada en inglés de Wikipedia el término intimidad se refiere a “una relación íntima entre dos…o más personas” Intimacy, 2017. Por lo tanto intimidad está definida como “una relación interpersonal que involucra intimidad física y/o emocional” Intimate relationship, 2017. De acuerdo con esto, el psicoanalista Theodore Rubin la define como “cercanía benevolente, que incluye cuidado mutuo no competitivo, trabajar para metas comunes…confianza y disponibilidad, intercambio de sentimientos y revelaciones de uno mismo [y] ternura” (Rubin, 1989, p.1)
 
Me gustaría iluminar aquí la dialéctica de la esfera íntima del “cuerpo–mente”1 propio (Wrye, 1998, citado por Dimen, 2000, p.10) y la intimidad como una relación entre personas. Ambas se comunican entre sí y se constituyen mutuamente entre ellas. Desde la perspectiva de un adulto, socializado en la “cultura occidental”, ser íntimo consigo mismo y sentirse seguro debe considerarse una precondición para la intimidad con otras personas. Pero una relación íntima con otra persona precede este espacio personal – precede el desarrollo de lo que llamamos sentido de sí mismo. Nuestra relación íntima con nosotros mismos refleja las formas en que nuestro primer(os) otro(s) significativo(s) manejó nuestros cuerpos y se relacionó con nuestras mentes nacientes, tanto consciente como inconscientemente. En primer lugar, las formas en que fuimos cuidados (es decir, entre otros aspectos, fuimos alimentados, lavados, tocados, sostenidos, acariciados, tratados, se nos habló y se jugó con nosotros) y las maneras en que pudimos ser agobiados (invadidos, dañados físicamente o retraídos, descuidados, abandonados) determinan cómo se elaborará nuestro cuerpo–mente. Este aspecto de nuestro llegar a ser – la primacía del otro – ha sido destacado por el psicoanalista francés Laplanche (1989) y otros (Quideau, 2013). En segundo lugar, nuestras relaciones íntimas primarias se caracterizan por ser totalmente dependientes de otro. Este es un tema psicoanalítico tradicional, que ha sido especialmente clarificado por la escuela psicoanalítica de relaciones objetales (e.g. Alperin, 2001). Por lo tanto, siempre llevaremos las marcas de esta dependencia y desvalimiento tempranos inevitables, aún cuando – o especialmente cuando – nos esforcemos para volvernos completamente independientes y nos defendamos contra la dependencia y la “necesidad”.
 
Como consecuencia, podríamos aspirar a una cercanía íntima y desear ser amados y cuidados, pero tememos perder nuestro ser en el otro,  fusionarnos o ser absorbidos por el otro. Podemos temer el abandono y/o podemos buscar la independencia y autonomía absolutas para evitar la fusión, la dependencia o el abandono. En lugar de relacionarnos íntimamente con un otro, podemos usarlo narcisísticamente como un objeto que sirva para “reflejar” nuestro self de manera que podamos sentir autoestima o aún un sentido de self. Las breves viñetas que siguen ilustrarán estos aspectos y concluiré con cómo la relación psicoanalítica tiene el potencial de (re)crear intimidad.
 
Conflictos acerca de la intimidad en el consultorio
 
Dependencia manifiesta y control encubierto
Marlon[1] un hombre en sus 20, está en una relación con un hombre de su edad. Aunque apoyan a Marlon, incluso en su “declararse” como gay, sus padres siempre le asignaron el lugar de “el emocional”, “el necesitado”. Durante su adolescencia Marlon contrajo anorexia; se mataría de hambre como una forma de lograr control sobre su  cuerpo “necesitado”, “’ávido” y “dependiente”, esta “cosa incontrolable”. Recientemente la anorexia se convirtió en bulimia. Marlon habitualmente restringe su ingesta, hace ejercicio en exceso, pero por la noche siente el deseo irresistible de atracarse con “comida chatarra”. Después del atracón habitualmente  se purga. En la relación con su novio tiene un rol similar al que tiene en su familia. Se siente carente, emocional y dependiente de que el novio constantemente lo alimente con reconocimiento y lo reasegure. Al mismo tiempo Marlon intenta controlar la relación demandando al novio que esté ahí para él en formas muy específicas y que lo cuide. Una vez que el novio le “falló” lo castigó separándose.
 
En la relación transferencial Marlon se presenta emocional y vulnerable, lleno de odio a sí mismo, a fin de que mi respuesta sea empática. Me encontraré sintiendo el deseo de cuidarlo, de ser “la madre buena” que lo aceptará y no proyectará sus propias necesidades sobre él. Durante la sesión Marlon pedirá mucho soporte emocional y reconocimiento. Pero entre sesiones cancelará con poca anticipación o pedirá reprogramar como una forma de controlar nuestra relación.
 
Repliegue y aislamiento
Michael, un hombre de alrededor de 60 años, sufrió abandono temprano y castigo físico severo en su niñez temprana. Cuando era un niño de 10 años fue repetidamente abusado sexualmente por una prima adolescente. A los 20 Michael tuvo dos relaciones sexuales con mujeres con las que había tenido citas por casi un año. Hasta entonces se había aislado cada vez más de los otros – sean amigos o potenciales parejas sexuales o románticas. En la relación (transferencial) conmigo también se retraía. Se mantenía en el rol de víctima que reivindicaba posicionándome a mí en el rol de uno de sus abusadores, especialmente la prima. En esos momentos proyectaba todo su deseo en mí. En esta dinámica, en la fantasía, yo sería el sujeto deseante que usaría su poder para abusar de él mientras él sostenía el poder de la posición pasiva (agresiva), que yacía en resistirse y no ser influido por mí.
 
Espejamiento narcisista
Nathan, un hombre de 40 años, era el anfitrión de un amplio círculo social y celebraba sofisticadas cenas en las cuales sería el anfitrión admirado, interesante, con un aura de extravagancia y glamour. Externamente Nathan parecía independiente, grandioso y controlado. Más aún, se rodeaba de mujeres que convalidaban su grandiosidad. Estas mujeres eran hermosas, la mayoría mucho más jóvenes y menos realizadas que Nathan. Cumplían la misión de espejarle su grandiosidad. Nathan usaba el sistema del amor múltiple [que literalmente significa amar a distintas personas] mientras no se comprometía de manera emocional e íntima con ninguna. “Teniendo” distintas mujeres al mismo tiempo, Nathan se quejaba regularmente de que ellas actuaban de forma “necesitada” demandando y queriendo más de él de lo que estaba dispuesto a dar. Cuando rompía con ellas, notaba cómo ellas precisamente no aceptaban el amor múltiple. El describirse a sí mismo como un idiota le permitía seguir en control de su deseo, sentirse deseado e independiente, mientras ayudaba a encubrir su dependencia (de ser admirado y deseado). En la relación (transferencial) conmigo me convertí en otro “espejo” de su grandiosidad.
 
El foco de estas breves viñetas está centrado en cómo los conflictos con la intimidad se presentan en el consultorio. La siguiente incluirá un indicio de cómo la relación psicoanalítica sostiene el potencial de (re)crear intimidad.
 
Peligros de la absorción y la fusión
Anna, una mujer de 30 años, recuerda cómo siempre fue sumisa con sus padres. Su padre murió en un accidente cuando ella era adolescente. Después de su muerte, Anna sintió que tenía que reemplazar al padre para su madre. La madre le demandaba que no la dejara sola, que durmiera con ella en la cama de los padres, que la consolara siempre que se viniera abajo por el dolor. No había lugar para el dolor de Anna. Cuando finalmente impuso límites y se negó a dormir en la cama con su madre, ella le reprochó “no amarla”. Recuerda la siguiente escena: durante una visita reciente la madre de Anna hizo pizza. Le puso alcauciles, que a Anna no le gustan. “Entonces los saqué. No fue gran cosa. Pero mi mamá se enojó. Me gritó: “no me quieres”. Preferirías que me hubiera muerto yo y no tu papá”. En las asociaciones siguientes Anna relacionó esta escena con escenas similares a lo largo de su vida. Juntas co–construimos los mensajes implícitos que estaban entretejidos en el cuidado de la madre de Anna: “yo te alimento y mi alimentarte significa que te quiero. En mi alimentarte somos una. Vos sos (como) yo, refuerzas mi sentido de self. Si no te gusta mi comida o al más leve indicio de ser otra que yo, significa que no me amas/ yo no te amo”.
 
Anna está casada con una mujer que aparenta ser lo opuesto a la madre; dice no ser muy emocional, ser estable e independiente. Esto le permite a Anna sentirse segura de no ser “absorbida” y/o “expulsada”. En esta relación Anna logra mantener a raya sus propios anhelos de fusión. Como consecuencia, Anna ha construido una alianza estable con su esposa, una relación confiable y emocionalmente íntima. Pero echa de menos la pasión sexual que pudo experimentar con otras mujeres. En nuestro trabajo, Anna ha estado trabajando para lograr una mayor separación de su madre (internalizada). Recientemente me contó una fantasía sexual conmigo. Tuvo esta fantasía en un momento de cercanía física con su esposa. Le permitió imaginarse cercana emocionalmente y apasionada sexualmente con su esposa. Anna dijo que en ese momento se dio cuenta cómo mantenía una disociación entre intimidad y sexo para protegerse de estados de fusión con su compañera. Comprometerse activamente en una fantasía sexual originada en su relación psicoanalítica íntima la convirtió en sujeto de su propio deseo, el que abrió la posibilidad de sentirse lo suficientemente a salvo como para abandonar su sentimiento de self en un momento de éxtasis.
 
Conclusión
Como psicoanalistas invitamos a nuestros pacientes a desarrollar con nosotros sus viejos modelos de relacionamiento, por ejemplo en la relación transferencial. Al mismo tiempo, la relación psicoanalítica tiene el potencial de trascender esas viejas pautas construyendo una nueva relación íntima. El encuadre provee contención (en tiempo y espacio), seguridad (por medio de la confidencialidad y la regla de abstinencia que nos impide el acting out  de una relación íntima con nuestros pacientes) y la comprensión. Para comprender los modelos relacionales antiguos usamos nuestro cuerpo-mente y nos permitimos ser influidos e involucrados en ellos tanto consciente como inconscientemente. Inevitablemente participamos en el consultorio en la (re)presentación de los viejos modelos de relación y los conflictos con la intimidad. Al mismo tiempo creamos la posibilidad de trascender aquellos modelos mediante la comprensión y construyendo una nueva relación que es construida en base a seguridad, confiabilidad y comprensión.
 
Referencias 
Alperin, R. (2001). Barriers to Intimacy: An Object Relations Perspective. Psychoanal. Psychol., 18:137-156.
Dimen, M. (2000). The Body as Rorschach. Studies in
Intimacy (2017). In: Wikipedia. Retrieved March 18, 2017, from https://en.wikipedia.org/wiki/Intimacy_(disambiguation).
Intimate relationship (2017). In: Wikipedia. Retrieved March 18, 2017, from https://en.wikipedia.org/wiki/Intimate_relationship.
Intimität (2017). In: Wikipedia. Retrieved March 18, 2017, from https://de.wikipedia.org/wiki/Intimität.
Laplanche, J. (1989). New foundations for psychoanalysis. Oxford: Blackwell.
Rubin, T. (1989). Editorial: Intimacy and Cultural Pressures. Am. J. Psychoanal., 49:1-4.
Quindeau, I. (2013). Seduction and Desire. London: Karnac.

Traducción: Silvia M. Koziol
 
[1] Todos los nombres son alias. Además, toda información que permita la identificación ha sido alterada (esto incluye género, relaciones familiares y otros datos)
 

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