Sobre tomar partido: los pronombres they/them (ellos, ellas, los, las, les), el género y el analista

Dr. Ann Pellegrini, Ph.D.
 Dr. Avgi Saketopoulou, Psy.D.
 

La pluralidad de géneros que los psicoanalistas deben enfrentar cada vez más en la clínica tiene lazos con lo que llegarán a ser los pacientes y el psicoanálisis del futuro.

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No podemos organizar…nuestras identidades individuales y deseos sin [categorías]. El hecho de que esas  categorías invariablemente tienen grietas y nunca pueden contener todas las ‘cosas existentes’ relevantes no  las convierte en inútiles, solo son limitadas.
Categorías como ‘mujer,’ ‘macho,’ ‘lesbiana,’ o ‘transexual,’son todasimperfectas,
históricas, temporarias y arbitrarias. Las usamos, y ellas nos usan.
(Rubin, 1992, p. 477)

Después de mucho trabajo psicoanalítico por capas,  su paciente de 30 años Kyle anuncia, con alguna ansiedad, si no temor, su decisión de cambiar sus pronombres de género. Kyle ha estado avanzando hacia un género que describe como no-binario. Ellos/ellas (they) está preparado ahora, dice, para cambiar a usar ‘they/them’ para referirse a ellos mismos, y planea pedir a los otros que hagan lo mismo. Kyle hace explícito que otros lo incluye a usted, su (their) analista. Se le pide hacer lo mismo. Se le pide, podríamos decir, tomar partido.

¿Cómo puede un analista comprender semejante pedido? ¿Qué partido se le pide tomar?

El psicoanálisis ha luchado con cómo entender las transiciones de género en el contexto de los pacientes transgénero. Pero justo cuando estábamos empezando a hacer frente seriamente a la experiencia trans y  su materialización (Harris, 2009; Hansbury, 2011; Gherovici, 2017; Gozlan, 2019; Langer, 2016; Pula, 2015; Saketopoulou, 2014), un comienzo que nos está encontrando a nosotros, como campo, que tanto nos supera como nos deja sin aliento, el horizonte de género parece alejarse una vez más. Más allá de la supuesta utopía de una transición completa que comienza con un género y tiene un género de destino nítido, coherente e identificable (varón–a-mujer o mujer-a-varón) encontramos que resulta una cornucopia de géneros. Esta pluralidad incontrolable de géneros es extraña en la forma más elemental de la palabra: ellos/ellas (they) son extraños, desconocidos, importaciones extrañas al mundo de género normativo, un mundo que en sí mismo es una construcción fantaseada.[1] Estos géneros exponen  a los que se piensan a sí mismos como ‘de género normal’ (como hacen muchos analistas cis) a invenciones de géneros que hacen estragos  al pensamiento.[2]

Desconocimiento, sorpresa, y dificultades contratransferenciales pueden mutar defensivamente al enunciado de que esos géneros son endémicamente patológicos. Las formas atípicas de género que no se perfilan alrededor de las presentaciones varón/mujer, sino que se mueven, en cambio, hacia y desde varón/mujer, pueden ser respondidas por el analista con desconcierto, incredulidad, hasta enojo. A veces se les responde con ansiedad enervante (Hansbury, 2017), o terror primitivo (Saketopoulou, 2015), que puede interferir con la capacidad habitual del analista para esperar la emergencia del material, y reflejarse en su contratransferencia. Estos géneros pueden desafiar los vastos esfuerzos teóricos aún en analistas pensantes que están deseosos de reconocer que algunos pacientes están en realidad mejor haciendo la transición. (ver, e.g., Lemma, 2018). Un número creciente de analistas están comenzando a reconocer que la transición social y médica puede ser una opción psíquica viable para algunos pacientes (más que una concretización de operaciones psicóticas [Kubie, 1974; Chiland, 2001]), permitiendo a los analistas imaginar buenas adaptaciones para pacientes que buscan la transición completa (Gherovici, 2017). Sin embargo, géneros más complejos, tales como los no-binarios, deben aún ser abordados con similar sensibilidad y capacidad imaginativa en nuestra literatura analítica.  

¿Qué es, sin embargo, género no-binario? 

Brevemente, el término pertenece a una amplia variedad de constituciones de género y posibilidades materializadas. A diferencia de otras categorías de género proscriptas (Bornstein, 2016), no tienen referentes fijos, haciendo imposible teorizar el género no-binario como una categoría singular. [3] El género no-binario no se ancla en el sexo asignado, no apunta a un destino final, ni tiene como meta una presentación de género coherente. Si la presentación del sujeto termina, en algún punto, interpretándose hombre o mujer, puede hacerlo irónicamente, quizás con algún elemento del grupo (Sontag, 1996). Además, no todas las personas no-binarias eligen las intervenciones médicas. Cuando lo hacen, esos individuos pueden no plantearse la materialización (personificación) de género como un tema  de concordar la morfología corporal al género – como sucede generalmente con la transición completa. Al contrario, pueden tratar su cuerpo referido al género (gendered) como habitando zonas múltiples, diferentes, que no se coherentizan en una presentación unificada. Por ejemplo, alguien designada mujer en el nacimiento (AFAB) e identificada como género no-binario, o trans no-binario, puede optar por cirugía plástica pero no buscar tratamientos androgenizantes. Otro AFAB no-binario puede usar hormonas con vista a modular o difuminar los efectos masculinizantes.

Es altamente factible que los psicoanalistas sean desafiados por estos aspectos mezclados y combinados (mix-and-match) de los géneros no-binarios, porque estamos entrenados para pensar en cuerpos con necesidades de funcionamiento coherentes alrededor del género binario. Como tal, un cuerpo que no está ordenado alrededor de la masculinidad o la feminidad puede ser visto como una manifestación de facto de una fragmentación psicótica. Pero el género no es la única forma de organizar y ‘coherentizar’ el cuerpo. De hecho, el psicoanálisis está exquisitamente equipado para iluminar otras avenidas por las cuales se puede organizar y habitar el cuerpo – siendo la sexualidad una de ellas. Esto no quiere decir que los géneros no-binarios no están impulsados por psicodinamismos o que no caen bajo el eje de fuerzas inconscientes. Todo lo contrario: ninguna operación psíquica, incluyendo el género, normativa o no, opera por fuera de ellas. Significa, simplemente, que los géneros no-binarios son ensamblajes idiosincráticos que necesitan su propio desentrañamiento y requieren tiempo para su elaboración. Los tratamientos psicoanalíticos tienen mucho para aportar a esta tarea.  

De hecho, esa es una forma productiva de entender el pedido de Kyle. Aunque Kyle habla como si ellos/ellas (they) está en posesión de algún conocimiento decisivo acerca de su género, nuestra experiencia clínica sugiere que los pacientes como Kyle deben reflexionar cómo embarcarse en un proyecto para formar nuevas representaciones, siendo el género y la concretización del género solo un ejemplo, y quizás la dimensión más físicamente organizada de ese proceso. El proceso mismo puede desplegarse dentro del tratamiento psicoanalítico, si este último se vuelve favorable para ese uso. A veces, el proceso tiene que comenzar no con reflexión, sino con acción (Perelberg, 2018) – en este punto, el acto de declararse uno mismo no-binario, de pedir un cambio de pronombres.

En contraste, entonces, con aquellos que sostendrán que el analista debería postergar la respuesta al pedido del uso de los pronombres ellos/ellas/los/las/les (they/them) hasta que la pareja explore el significado y las modalidades de tal pedido, optamos por una posición inclusiva (both/and): accediendo al pedido de Kyle como una manera de facilitar su exploración. Vemos esto como el trabajo del analista para sostener en tiempo y espacio a Kyle para que pueda trabajar en el proceso dinámico que subyace a lo que significa ‘género’ para ellos/ellas ( them); no es responsabilidad de Kyle explicar lúcida y convincentemente a ellos/ellas mismos (themselves) a su analista antes de que avance ese trabajo.  

Por supuesto, como analistas queremos estar atentos a las numerosas implicaciones de que nuestros pacientes nos pidan tomar partido, implícita o explícitamente. El pensamiento de los psicoanalistas relacionales nos ha advertido desde hace mucho tiempo de la fantasía de que hay formas de no tomar partido; rehusarse a tomar partido es en sí misma una forma de hacerlo por la otra parte (Aron, 2001; Aron y Starr, 2013). Rehusarse a usar los pronombres ellos/ellas (they/them) no sería una acción neutra – excepto que uno adopte críticamente la perspectiva de que el género de Kyle es conocido y que se le pide al analista ser cómplice con su distorsión, una perspectiva que es urgente que los analistas cuestionemos. El analista necesariamente toma partido al acordar o contradecir el pedido de Kyle. 

Pero, con el objetivo de pensar acerca de pacientes como Kyle, y sobre géneros no-binarios y de forma más general sobre los pronombres ellos/ellas/les  (them/they)  queremos destacar que no es cuestión de tomar partido (es decir, ‘decidir’ cuál es realmente el género de Kyle), sino de cuidar su proceso de cambio y desarrollo futuros. El paciente comunica un cambio de pronombres como un hecho consumado. Al hacerlo, ello/ellas (they) está también tratando de elaborar  un espacio para su autodefinición. Todos estaremos de acuerdo en que la necesidad de Kyle y la creciente capacidad de participar en estas reivindicaciones merece nuestra atención psicoanalítica, pero más que centralizarse en el contenido del reclamo per se, podría ser mejor para un  analista priorizar el esfuerzo del paciente por elaborar nuevos significados acerca de sí mismo. Podríamos preguntarnos si hay una especie de papa caliente en el consultorio: el analista piensa que el paciente está siendo “demasiado concreto” y no quiere mantener la hibridez de género a la que pertenece en el marco de la fantasía. Pero, ¿y si es el analista el que está siendo demasiado concreto al estrechar sus puntos de vista y negarse a adherir a la exploración del paciente? Para mantenerse dinámicamente curioso el analista necesitará interrogarse sobre su propia concretitud, sus propios deseos de estabilidad al mantenerse dentro de lo familiar.

Dicho de otra forma, ¿qué sucede si, coincidiendo con la incitación de Corbett de que el analista se plantee ‘cómo homosexualidad’  como opuesto a ‘porqué homosexualidad’ (2001), y la propuesta de Hansbury de que pensamos ‘cómo trans’ más que ‘porqué trans’ (2018), consideramos que el cambio de pronombres de Kyle anuncia algo que está en proceso de llegar a ser? ¿Qué pasa si consideramos que nuestra tarea no es explorar lo que el pedido de cambio de pronombre ya significa – un enfoque que privilegia lo representado, aún con significados encubiertos o reprimidos – sino lo que puede permitir esta nueva forma de abordaje, qué eclosiones futuras puede permitir?

Todavía no sabemos, ni lo sabe Kyle, quién o cómo advendrá al asumir este nuevo pronombre – como ello/ella (they) habla, y piensa, y cómo otros lo dicen, y lo asumen para otros y para ellos/ellas (them). En este contexto, su (their) decisión no clausura posibilidades, pero puede, en realidad, facilitarnos algo todavía en proceso, algo que debemos pensar como un señalamiento hacia posibilidades futuras (Muñoz, 2009) por la elaboración de nuevas representaciones.  En este sentido, nuevamente, como analistas no se nos pide tomar partido sino ser parte de algo que todavía no es conocido y hacerlo dando oportunidades para algo nuevo, extraño y desconocido para que sea sujeto de exploración, sea probado, descartado, des-hecho, re-hecho, sobre-hecho (terminado), hecho-sobre (retocado, reparado).

Bajo estas condiciones de incertidumbre, y con pacientes en estado tan decisivo de convertirse,  es fácil que los analistas se encuentren a sí mismos impacientes, ansiosos, perturbados, y aún paranoides enfrentando a los analizandos que no están desafiando solo al género binario [4] sino que tuercen la subjetividad de género gramatical tanto como los protocolos de diagnóstico psicoanalíticos. Sin síntomas diferenciados y discernibles para diagnosticar y sostener, el analista puede decidir que el síntoma es declarar el género, configurarlo y actuarlo.

Como mínimo, a menudo oímos la vaga protesta de que “they” es gramaticalmente incorrecto – y que esperar que el analista use una locución curiosa es una limitación a la libertad del analista para pensar y soñar al paciente. Y todavía, en inglés they/them/theirs son menos pronombres nuevos de género que unos renovados. El uso de ‘they’  como pronombre singular tiene una historia muy anterior, con usos atestiguados tan anteriores como 1315 y bien entrado el siglo 18 (Baron, 2018). Más aún, los oradores ingleses rutinariamente se basan en el ‘they’ cuando se refieren a una persona cuyo género es desconocido para él (como en: ‘el doctor de mi hija prescribió medicación; they piensa que la puede ayudar’). Todo esto para decir que el lenguaje cambia, y también lo hacen las posibilidades de género – aunque no siempre sincronizados entre ellos. El cambio en curso del lenguaje y de las categorías no es un asunto trivial, como los encendidos debates políticos en los Estados Unidos de Norte América, y no solo allí, como lo confirman los nuevos pronombres de género. Algo que parece preocupar es si el género mismo ha sido destruido, una afirmación que rápidamente asume proporciones cósmicas, como si el pronombre ‘they’ pudiera eliminar al mismo tiempo el orden natural y el divino.[5]

Un analista podría pensar que su mente y su realidad están siendo atacadas cuando se le pide que use los nuevos pronombres de género para referirse y mentalizar a un paciente. Ese analista no está totalmente equivocado; no se está volviendo paranoico. Puesto de otra manera: si la paranoia interviene, es solo porque es en efecto un desafío, aunque no uno instalado por un paciente particular contra un analista específico. La paranoia puede ser una respuesta exagerada a los desafíos radicales de la realidad externa. Donde está involucrado el género, el mundo como ‘nosotros’ lo conocemos está dando lugar a nuevas formas – en la clínica y más allá. Esto puede de hecho dar vértigo, el suelo moviéndose debajo del diván y la silla.

La lucha del psicoanálisis para ir al compás de las cambiantes posibilidades de género y encarnación tiene lugar contra el telón de fondo de los polémicos y a menudo violentos debates en el público más amplio de muchos contextos nacionales. Las dificultades y ansiedades que tienen algunos analistas no son entonces solo de ellos. Pero también es nuestra intensa esperanza de que el psicoanálisis pueda sobrevivir al desafío de hacer el mundo más grande, y más vivible para la “amplia profusión de géneros existentes” (Foucault, 1970; Rubin, 1992). Y para aquellos aún por venir.     

 

Referencias
Aron, L. (2001), A meeting of minds: Mutuality in psychoanalysis. Hillsdale: The Analytic Press.
Aron, L. & Starr, K. (2013), A Psychotherapy for the People: Towards a Progressive Psychoanalysis. NY: Routledge.
Baron, D. A Brief History of Singular ‘They.’ Oed.com (4 Sept 2018, https://public.oed.com/blog/a-brief-history-of-singular-they/#. Accessed 4 July 2019).
Bornstein, K. (2016), Gender Outlaws: On Men, Women, and the Rest of Us. New York: Vintage, revised edition.
Chiland, C. (2000), The Psychoanalyst and the Transsexual Patient. International Journal of Psychoanalysis,81(1):21-35.
Corbett, K. (2001), More life. Psychoanalytic Dialogues, 11, 313-335.
Foucault, M. (1970), The Order of Things. New York: Pantheon.
Gherovici, P. (2017), Transgender Psychoanalysis: A Lacanian Perspective on Sexual Difference. New York: Routledge.
Hansbury, G. (2011), King-Kong and Goldilocks: imagining trans masculinities through the trans-trans dyad. Psychoanalytic Dialogues, 21(2), 210-220.
-- Unthinkable anxieties: reading transphobic countertransferences in a century of psychoanalytic writing. Transgender Studies Quarterly, 4(3-4), 384-404.
-- (2018), The masculine vaginal: working with queer men’s embodiment at the transgender edge.  Journal of the American Psychoanalytic Association, 65(6), 1009-1031.         
Harris, A. (2009), Gender as Soft Assembly. New York: Routledge.
Kubie, L. (1974), The drive to become both sexes. Psychoanalytic Quarterly, 43(3), 349-426.
Langer, S.J. (2016), Trans bodies and the failure of mirrors. Studies in Gender and Sexuality,17:4,306-316.
Lemma, A. (2018), Trans-itory identities: some psychoanalytic reflections on transgender identities. The International Journal of Psychoanalysis,99:5,1089-1106.
Muñoz, J. (2009), Cruising Utopia: The then and there of queer futurity. New York: NYU Press.
Gherovici, P. (2017), Transgender psychoanalysis: a Lacanian perspective on sexual difference. NY: Routledge.
Gozlan, O. (2019), Transsexuality as an emotional situation: aesthetics and a state of mind: a question of difference. Published in http://www.publicseminar.org/2019/06/transsexuality-as-an-emotional-situation-aesthetics-and-a-state-of-mind/
Perelberg, R.J. (2018), The riddle of anxiety: Between the familiar and the unfamiliar. The International Journal of Psychoanalysis,99:4,810-827.
Pula, J. (2015), Understanding Gender Through the Lens of Transgender Experience.Psychoanalytic Inquiry,35:8,809-822.
Rubin, G. (1992), Of catamites and kings: Reflections on butch, gender, and boundaries. In: Nestle, J. (Ed.). The Persistent Desire: A Femme-Butch Reader. Boston: Alyson Publications. 466-82.
Saketopoulou, A. (2015), This compromise formation that is gender: countertransferential difficulties in work with transgender analysands.Paper presented at the 49thCongress of the International Psychoanalytic Association, Boston, July 23-26.
Saketopoulou, A. (2014), Mourning the body as bedrock: developmental considerations in treating transsexual patients analytically. Journal of the American Psychoanalytic Association, 62(5), 773-805.
-- (2011), Minding the gap: race and class in clinical work with gender variant children. Psychoanalytic Dialogues, 21(2),1233-1243.
Sontag, S. (1966).  “Notes on ‘Camp.’” Reprinted in Against Interpretation and Other Essays. New York: Anchor Books, 1990. 275-292.
Versaldi, G. and Zani, A.V. (2019). “Male and Female He Created Them”: Towards a path of dialogue on the question of gender in education. Vatican City: Congregation for Catholic Education (for Educational Institutions). Available at: http://www.educatio.va/content/dam/cec/Documenti/19_0997_INGLESE.pdf.
 

[1] Limitaciones de espacio no nos permiten discutir ahora esto en profundidad.
[2] Un paciente niño describió de manera conmovedora su reacción frente a una persona de género atípico, quejándose de que ella “hace doler mi cerebro” (ver Saketopoulou, 2011).
[3] Esto no es para sugerir que el género normativo es fácil o aún posible de ser capturado en términos de teorizar la constitución dinámica individual o los determinantes inconscientes. Es solo para destacar que el género no-binario es un término más amplio que cualquier otra categoría de género, y debería ser tratado con igual complejidad cuando es abordado con sus apuntalamientos psíquicos. Como tales, los significados polivalentes y factores dinámicos que garantizan  el género no-binario están más allá del alcance de esta breve comunicación.
[4] Muchas versiones de trans también desafían al género binario, como hacen muchas deconstrucciones feministas de los estereotipos de género. No sostenemos que solo los géneros no-binarios son aptos para tales desafíos ni que esa es su motivación subyacente: confundir con el género.
[5] Vemos este aumento en el reciente ataque del Vaticano a la ‘teoría de género’ por cuestionar la ‘reciprocidad y complementariedad de las relaciones varón-mujer, [y] el fin procreador de la sexualidad’ (Versaldi, 2019).  

Traducido por Silvia M. Koziol
 

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