Por nuestros jóvenes poetas

Sra. Patrícia Bohrer Pereira Leite
 

Los niños nos enseñan de forma espectacular que somos todos poetas en esencia y que "poemar" es crucial para nuestra salud psíquica.

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 "Aprendí con mi hijo de diez años
que la poesía es el descubrimiento
de las cosas que nunca viví"

Oswald de Andrade
En la posguerra, los profesionales se comprometieron en Europa a reconstruir la institución psiquiátrica y psicoanalítica; varios tenían el deseo de integrar el psicoanálisis al campo social. Estos movimientos permitieron la transformación y evolución en la atención a  niños y jóvenes. De los esfuerzos de estos profesionales y equipos surgieron nuevas propuestas, abordajes interdisciplinarios, estudios e investigaciones rigurosas, que llevaron a aprendizajes sobre la práctica y el alcance de nuestra reflexión. Continuamos en esta direccion en todo el mundo, beneficiando a aquellos que normalmente no tienen acceso a nuestros consultorios, se encuentran en contextos alejados o tienen dificultad para una atención analítica clásica.

Winnicott nos propuso la noción de objeto transicional y René Diatkine enriqueció este análisis de la actividad del bebé introduciendo la noción de "un placer de funcionamiento mental" precoz; él insistía en la importancia de los juegos pre-lenguaje. Para él la capacidad adquirida por el bebé de tener placer y de calmarse a través del juego tiene su origen en su vida interior naciente, donde el lenguaje está presente desde los primeros juegos verbales. Para el psicoanálisis, la idea de separación del objeto amado fue inicialmente descrita como causante  de grandes conflictos internos en el bebé. Sin embargo, Winnicot demostró que, a pesar de estos momentos dramáticos, en la relación del bebé con los adultos predominan estados de tranquilidad y bienestar. Propuso la noción de una "zona de calma", una esfera de quietud donde se elaboran las primeras relaciones con el objeto amado: área transicional. Esta está constituida por experiencias compartidas hechas de gestos e intercambios verbales (nanas o canciones de cuna, juegos, etcétera) y de un objeto privilegiado llamado "objeto transicional". Las turbulencias en estos tiempos primordiales de la vida - falta de contencion, de lenguaje - pueden conducir a desarmonías en el desarrollo de los niños. Las desigualdades sociales y de acceso a la salud y educación, como las que existen en Brasil, agravan esta problemática sin ser sus causas exclusivas.

Con el propósito de colaborar en estos contextos complejos, los equipos actúan a través de acciones culturales utilizando objetos de mediación que vehiculizan ciertas poéticas. Estas acciones y la observación de las interacciones con los niños aportaron conocimientos sorprendentes que nos auxilian en el acompañamiento de pequeños y grandes e inspiran nuestra clínica y nuevas acciones.

Los ejemplos escogidos utilizan la mediación de la literatura, a través de la lectura de libros (objetos culturales y de arte) para niños, sus madres y todos los que los acompañan. Ellos ilustran algunos de estos aprendizajes.

Constatamos que el arte, mediado por la relación, reconstituye espacios de lenguaje; ayuda a las personas a conversar consigos mismos, entre sí y con sus pequeños y es fundamental para la transmisión y el diálogo entre generaciones y grupos.

Los bebés son oyentes poéticos. La madre que le canta a su bebé lo introduce en la cultura, en el lenguaje y en los dramas del vivir. Somos todos poetas en esencia y "poetizar" es crucial para nuestra salud psíquica.

Los adultos conversan entre ellos delante del bebé y el anhelo de entrar en esa intimidad, estimula en el niño el deseo de apropiación de las palabras. La forma narrativa permite al niño jugar a representarse, jugando mentalmente con el lenguaje a través de sus balbuceos. A partir de la adolescencia, esto se transforma en nuestra capacidad de fantasear. Son habilidades indisociables de lo humano.

Esta posibilidad de crear, imaginar, abstraer, jugar a través del pensamiento, puede quedar inhibida y fallar en situaciones de gran adversidad. En esos momentos de recogimiento tenemos dificultades para expresarnos, soñar, acoger y conversar con los niños.

“Fui psicóloga responsable de la guardería de una casa de medio camino y la lectura de historias fue una práctica junto a las educadoras y los bebés. Estos tenían entre un mes y dos años y, en su mayoría, retrasos en su desarrollo. Las razones para estar en esta institución eran diversas y pocos niños recibían la visita de sus familiares.

Un día elegí "Tanto, Tanto!". Este libro cuenta la historia de una familia que espera al padre para su fiesta sorpresa de cumpleaños; agrada por su contenido: una reunión donde el afecto circula. La larga narrativa contiene una diversidad de palabras, imágenes, colores, estructuras, formatos de lenguaje, riqueza semántica, rítmica, estética y lúdica. Una educadora también leía, mientras varios bebés exploraban los libros y juguetes. Rafael, de un año y medio, empezaba a caminar. Titubeando, se acerca, veo que está atento a mi lectura; me mira, mira el libro, mi boca y el libro de nuevo, sonríe y emite balbuceos. Cada vez que la sutil imagen de un bebé en blanco y negro aparece, se alegra y golpea la mano en el dibujo. Rafael me pide quedarse en estas páginas más tiempo. Cuando acabo de leer, cierro el libro y Rafael se queja, se sienta en el suelo y llora. Hablo con él, pregunto si quiere la historia de nuevo, él se calma y parece entender lo que le propongo. Cuando abro el libro da una gran sonrisa y se pone de pie: ¡Ahí vamos compartiendo exclamaciones, palabras, imágenes, gestos, emociones!”

Rafael pide que yo relea "Tanto, tanto", hace una elección (siendo que todavía no habla); sostiene su atención durante mucho tiempo; interactúa con todos. Esta lectura propicia su contacto conmigo, con los otros niños, con el libro y las narraciones. Rafael escucha y solicita la repetición participando con placer. Él así prolonga el momento de relación, lo que posibilita que juegue con la narracion que ya conoce.

Los bebés se revelan como formidables investigadores y socios activos y dinámicos; aprendemos de ellos. Queda clara la importancia de acompañarlos, ir a su encuentro. Percibir esto es muy movilizador para los adultos y demuestra un ingrediente fundamental en el trabajo con los niños de cualquier edad. Los bebés tienen su forma propia de pensar y no podemos aprehender todo. Ellos absorben vivencias y desarrollan un pensamiento elaborado, a su manera, en otro momento. Un bebé, esa persona en formación, enigmática, necesita cuidados, respeto en sus movimientos y nuestra atención a las señales que provee. La introducción de esta práctica en la guarderia fue fundamental para sensibilizar a las educadoras sobre la importancia de hablar y jugar con los bebés de los que se ocupaban.

Los niños nos muestran su capacidad de elección y de creacion lúdica; nos enseñan cómo nuestras formas de escuchar y jugar pueden ser diversas y que en esta diversidad existe una enorme riqueza. Ejercité la sorpresa, aprendí a sentir el ritmo de lo que sucedía, a acoger a cada uno, a respetar y aceptar la escucha distante, el rechazo, los silencios, las interrupciones, las repeticiones. Es una puesta en escena de diversos autores, donde los adultos hacemos descubrimientos a través de las "lecturas" y demandas de los pequeños. Son espacios de libertad, de ejercicio, de exploración, observación, reflexión, creación y compartir, sin evaluación ni expectativa. Una práctica fértil en cualquier edad. Varias de estas acciones ocurren en contextos colectivos y públicos, a los bebés y sus padres vinieron a unirse  los adolescentes y los profesionales de los locales que nos reciben.

He leído historias para bebés, niños y jóvenes; escuché relatos de colegas. Estas experiencias revelan algo importante: a pesar de que el bebé nos es cercano, por el corazón y los sentimientos, es al mismo tiempo tan distinto que a veces nos quedamos perplejos, como si descubriéramos algo extraño en nosotros mismos. Somos llevados a ajustar lo que soñamos con lo que allí sucede. Esto permite entender los desencuentros y desamparos que pueden ocurrir entre el bebé y sus padres, entre los bebés que soñamos y aquellos que allí están plenos y vigorosos.

Cuando le hablamos o  leemos a un bebé, nos sentimos extraños y graciosos. Los bebés suelen ser más silenciosos, serios y tienen reacciones más sutiles que los niños mayores. Nos intriga la manera en que el bebé registra y recibe lo que proponemos. Desconocemos todo lo que los pequeños pueden captar y esto puede ser desconcertante.

Cuando leemos una historia, el niño escoge lo que en ese momento le es relevante y se establece una relación entre nosotros, él y la narración. Con Rafael la historia habla de vínculos y encuentros. Yo sabía que pequeños y grandes aprecian este libro. A pesar de que no podemos afirmar exactamente lo que ocurrió, constatamos que a Rafael le gustó y que fue importante.

Rafael demostró y realizó varias tareas complejas. Identificó la ilustración en blanco y negro, un elemento sutil de la historia que no aparece en la narrativa escrita. En estas el bebé está solo y activo, expresa emociones: juega, lee, baila, pide upa, se ríe, observa al adulto, corre, se pone bravo y se chupa el dedo con sueño. Esto interesa a Rafael, lo que llama mi atención y me hace hablar de estas representaciones. Al golpear la imagen Rafael las senala. Es una situación común como cuando apuntamos algo con un dedo. Es la primera vez que lo hace y este momento es fundamental para el niño que todavía no habla; cuando señala la imagen, el niño es capaz de separar, discriminar esta imagen-objeto, de todo lo demás. En ese momento, el adulto se identifica con el niño y generalmente nombra lo que este apunta, un juego se instala entre el bebé y el adulto, un juego que va y vuelve en torno a este gesto que precede al lenguaje. Es probable que en poco tiempo surjan las primeras palabras.

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La lectura hecha por un adulto, el contacto físico (se mantiene de pie apoyado en mis rodillas), el contacto de la mirada (mira hacia mí y hacia el libro, mira hacia donde miro: a los otros niños, a los adultos, las imágenes y las letras), el ritmo de la narración, ayudan a Rafael a involucrarse con la lectura e interesarse por nuevas experiencias suscitadas por el lenguaje, las ilustraciones y reacciones, suyas y del entorno.
   
El estar con los niños es un constante aprendizaje repleto de sorpresas.

La literatura permite abordar incluso las situaciones difíciles con alegría y placer. Trae elementos conocidos y desconocidos a partir de los cuales todos pueden imaginar y aprender. La historia leída establece espacios de refugio y lenguaje. Estimula el intercambio entre generaciones y grupos, fortalece y enriquece los vínculos.
   
Abrimos espacios para el lenguaje a través de las historias, en el tiempo que es posible allí y donde parecía imposible.

"Me acerqué desde una incubadora donde estaba Lía ... Cleurimar, su madre, me contó que Lía estaba con problemas en el corazón. Ofrecí las historias, ella aceptó.

Comencé a leer y Cleurimar se emocionó, empezó a llorar. Me preocupé y le pregunté que había sucedido, ella me pidió que esperase, con la mano ... Luego contó la historia de Lía “su bebé”. Cuando terminó, le pregunté si quería que yo continuara las lecturas aceptó y ... rió en algunos pasajes. Yo le dije que sería bueno que le hablara, contara, cantara a Lía y me dirigí a la incubadora, empecé a conversar con Lia, en este instante el medidor de latidos cardíacos de Lia empezó a acelerar"

Ilan Brenman [1]

 Aquí vemos como se restablece un espacio de encuentro; la mamá se expresa: habla, llora y cuenta la historia de su bebé. Luego, aprovecha las lecturas y otros pensamientos surgen ademas de la tristeza y la inquietud. La mamá observa a Ilan hablar con Lía y el movimiento que se genera entre ellos. Una trama de lenguaje y afectos ocurre y la ayuda a soportar su angustia, creando un movimiento hacia la expresión y el pensar.

Esta acción cultural permite descentrar las situaciones difíciles. Un placer ultra secreto, íntimo y transgresor nos recuerda quiénes somos y despierta la capacidad de  soñar otras posibilidades. La introducción de un ritmo permite que el aparato psíquico se desbloquee, deshilvana un nudo, libera el deseo de simbolizar y dramatizar, inventar historias, jugar, compartir. Esto es igual para todos nosotros, niños y adultos.

Las diversas situaciones de conflicto vividas por un niño o un joven, sus referencias culturales, sus condiciones de vida y su bienestar, tienen un peso importante para su futuro. Encuentros y/o situaciones aleatorias, cuando ocurren, tienen importancia decisiva en el destino de cada uno,sin que ello sea previsible. En este sentido, aprendemos con los niños, que viabilizar la relación con lo que la lengua escrita y la literatura transmiten es un ingrediente imprescindible.


Referencias bibliográficas
1. Bonnafe, M. (1992). Les Livres c’est bon pour les bébés. Paris: Ed. Calman.
2. Diatkine, R. (1995). 'Lectures et développement psychique', Lectures d’enfance; plaisir et déplaisir (pp.113-119). Paris: Revue Perspectives psychiatriques. 
3. De Andrade, O. (2003). Pau Brasil (pp.41), 2 Edición. S.Paulo: Editora Globo.
4. Cooke, T & Oxenbury, H. (1994). Tanto, Tanto!  São Paulo: Ed. Ática.
5. Winnicott, D.W. (1975). El Jugar y la Realidad. En el caso de las mujeres. Rio de Janeiro: Ed. Imago.


[1] Observación recogida en el Instituto da Criança – San  Pablo- durante la realización del Projecto de Humanización Hospitalaria- Biblioteca Viva en Hospitales del cual fui coordinadora http://hygeia.fsp.usp.br/cepedoc/trabalhos/Trabalho%20482.htm. Este projecto se convitió en un programa en algunos de servicios de pediatría en los que fue implementado y existe hasta hoy. Ilan Brenman, que fue uno de los miembros del equipo, es escritor y doctor en educación con más de setenta libros publicados en Brasil, Europa y Asia.

Traducido por : Sodely Paez.
 

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