¿Quien sabe de mí soy yo? - Notas sobre la diversidad

Dr. Rodrigo Lage Leite
 

A partir de dos recientes manifestaciones culturales sobre la cuestión identitaria - el autor reflexiona sobre las dificultades del debate público sobre la diversidad.

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Recientemente, en un breve extracto de la introducción a su voto en favor de la criminalización de la homofobia en Brasil, el Ministro de la Corte Suprema, Celso de Mello, hizo la siguiente advertencia:

Sé que, a causa de mi voto y mi conocida posición en defensa de los derechos de las minorías (que componen los denominados "grupos vulnerables"), seré inevitablemente incluido en el "Index" mantenido por los cultores de la intolerancia cuyas mentes sombrías (...) desconocen la importancia de la convivencia armoniosa y respetuosa entre visiones antagónicas del mundo!

La salvedad del ministro responde a la reciente exacerbación en el mundo, de la intolerancia a la diversidad y la intransigencia frente a la alteridad. En Brasil, en noviembre de 2017, una verdadera guerra cultural ocurrió, cuando grupos conservadores intentaron impedir la presencia de la filósofa Judith Butler en el evento público "Los fines de la democracia", en São Paulo. La entrada del emblemático Centro Cultural SESC Pompéia se convirtió en escenario de un espectáculo dantesco, donde muñecos de Judith Butler fueron quemados en medio de consignas y las tesis de Butler sobre identidad de género eran desviadas automáticamente hacia temas como pedofilia, abuso sexual y adoctrinamiento de niños y adolescentes bajo fuerte impregnación ideológica y moral.

En esta, y en otras situaciones similares, la manera como afectos de amor y odio fueron movilizados, indican cómo la sexualidad humana -y la tomamos aquí en el sentido ampliado por Freud, y retomado por Jean Laplanche- es un organizador psíquico poderoso, capaz de colocar individuos en estado de alerta, dispuestos a defender algo que entienden (o sienten) como estructurante y muy valioso. Este organizador psíquico, impregnado de sentidos conscientes e inconscientes, es capaz, muchas veces, de hacer del debate en torno a ciertos temas un terreno minado.

En su célebre artículo El género, el sexo y lo Sexual, de 2003, Jean Laplanche se pregunta si la introducción del término género en el psicoanálisis, en oposición al de sexo, podría "enfriar el descubrimiento freudiano primordial" o si, por el contrario, seria un medio de reafirmar "al enemigo íntimo del género: lo Sexual". Sexual escrito así, con “S” mayúscula, refiere al revolucionario descubrimiento freudiano: la sexualidad infantil perverso-polimorfa, postulada por Freud en Tres ensayos sobre teoría sexual. "Lo Sexual es lo reprimido" de la sexualidad infantil, lo que "más repugna a la visión del adulto" y es condenado por él. 

En una crítica a Robert Stoller, Laplanche afirma que su noción de género reduciría el término a un "sinónimo de la convicción de pertenecer a uno de los dos grupos sociales definidos como masculino y femenino". ¿Introducirlo en el psicoanálisis, adhiriendo a una supuesta voz libertaria que garantizaría a cada uno el derecho de elección entre masculino y femenino, no empobrecería sobremanera las posibilidades del Sexual freudiano? ¿No limitaría la irrestricta multiplicidad identitaria y de orientación de los deseos, posibilitada por el descubrimiento freudiano, en una arriesgada represión "teórica" de todo el conflicto inherente a la sexualidad infantil? Volveremos más adelante a la cuestión laplanchiana. 

Antes de eso, la indagación: cuáles caminos, lo sexual infantil deberá pasar hasta convertirse en este "organizador psíquico poderoso", que al depender de los arreglos simbólicos que establece, desemboca en posiciones más o menos cómodas para el sujeto, ante la propia sexualidad y la de los otros? ¿Qué podría conducirlo, en algunos casos, a formaciones defensivas rígidas, para las cuales lo Sexual se vuelve intolerable, siendo violentamente rechazado? ¿Por qué la diversidad sexual puede llegar a ser tan amenazadora?

La travesía por variables complejas -la precoz designación de género emitida al niño incluso antes del nacimiento, la sexuación en el contexto de los complejos de Edipo y de castración y las identificaciones resultantes - puede ser pensada como el armazón del mundo simbólico y del aparato psíquico que , impregnados por los residuos inconscientes de la sexualidad infantil, dirigirán la manera en que el sujeto va a encarar la propia vida erótica y la del otro.

Ante esta complejidad y la de un mundo exterior heterogéneo, repleto de ideales contradictorios -religiosos, políticos, económicos y sociales- ¿cómo construir caminos para pensar, y más aún, para discutir de manera fértil, entre las diferencias, la diversidad? ¿Cómo transitar en ese terreno minado?

La propuesta técnica del psicoanálisis - garantizar al sujeto el lugar de habla sobre sí mismo - propicia un trabajo psíquico hacia las propias fantasías. Es el sujeto quien puede decir algo de sí, a partir de la materia prima de su inconsciente. Si la escucha psicoanalítica opera de esta manera en el dominio privado de la sesión de análisis, se puede pensar que una posible contribución del psicoanálisis al debate público sobre la diversidad pueda estar en ofrecer el mismo dispositivo de escucha al discurso de las minorías, entendiendo ese procedimiento también como un desafío ético y clínico.

En su libro Teoría King Kong (2006), la escritora feminista Virginie Despentes describe su historia en busca de respuestas a preguntas radicales acerca de su singularidad. Fui a ver a analistas, curanderos, magos; ellos no tenían mucho en común, fuera del hecho de que, hombres, varias veces me insistiesen : “sería necesario que se reconciliara con su feminidad. (p.104).
 
En esa inmersión en la constitución de un lugar psíquico para la mujer en una sociedad machista y patriarcal, Despentes examina el imaginario social francés sobre temas como estupro, prostitución, pornografía y poder. Investiga las posibilidades subjetivas para la mujer por dentro de las redes de fantasías inconscientes que atraviesan la sociedad. Y lo hace por medio de una justa y sofisticada reivindicación acerca de la exterminio de posibilidades de expresión erótica permitidas a las mujeres en comparación con la de los hombres. Somos formateadas para evitar el contacto con nuestros primitivismos. (Despentes, 2006 p.89). 

Mi libido es compleja, lo que dice sobre mí no me gusta necesariamente y no siempre combina con lo que me gustaría ser. Pero puedo preferir saber de qué se trata, en vez de voltear la cara y decir lo contrario de lo que sé sobre mí misma para preservar una imagen social que me dé seguridad. (Despentes, 2006, p.79).

Cuando alude a seguridad, la autora evidencia cómo la "cultura del estupro" y otras formas de coacción y exclusión de la mujer comprometen su libertad de autodeterminación, algo, según ella, mucho más facilitado a los hombres. Denuncia así el encuadramiento de sus demandas en expectativas formateadas y vagas de algo dicho como “feminidad".

Estaban hablando de feminidad. Pero, ¿qué quiere decir eso? No obtuve respuestas claras. Mi feminidad ... no estoy en contra, en verdad, sobre todo si me dicen algo varias veces seguidas con mucha convicción y con evidente buena voluntad. Entonces busqué entender. Sinceramente. Lo que me hacia falta. (Despentes, 2006, p 104). 

La constatación final llama la atención sobre innumerables prejuicios en relación a la mujer, asociados a la enigmática noción de feminidad, en contrapartida a la virilidad y que las encerrarían en posiciones subjetivas aprisionantes, primero y fundamentalmente en las propias fantasías, y en consecuencia, en el espacio social.

Ser acomplejada, una cosa típicamente femenina. Apagada. Abrir bien los oídos. No brillar mucho intelectualmente. (...) Todo lo que no deja rastro. Lo que es doméstico, lo que se hace todos los días, lo que no tiene nombre. (...) Querer transar con todo el mundo: viril. Responder con brutalidad a cualquier cosa que te amenace: viril. (...) Todo lo que nos permite sobrevivir: viril, todo lo que nos hace ganar terreno es viril. (Despentes, 2006, p.107).

El testimonio contundente de Despentes nos reconduce a la premisa freudiana en torno al alcance de los prejuicios infiltrados en la cultura en la génesis de los conflictos y de los síntomas. De manera análoga, pensamos en el alcance de esos preconceptos en la estructuración de las teorías y modos de escucha, que podrá ser revisado y ampliado a partir de la escucha atenta de los sujetos en cuestión.

Otro debate en el que tal escucha puede agregar elementos fundamentales es sobre la transexualidad. En enero de 2019, la página de Facebook de la Sociedad Psicoanalítica Brasileña de São Paulo compartió la entrevista a los psicoanalistas Marco Antonio Coutinho Jorge y Natalia Pereira Travassos, al periódico O Estado de S. Paulo, a propósito del libro publicado: Transexualidades: el cuerpo entre el sujeto y la ciencia. A pesar de que el libro (y  la entrevista) afirmaran una perspectiva no patologizadora de la transexualidad, la reflexión sobre el modo en que la medicina ha abordado las cirugías de reasignación sexual despertó manifestaciones de los internautas, alertando sobre visiones potencialmente equivocadas de sectores del psicoanálisis, que podrían ser utilizadas por voces conservadoras en la obstaculización de la cirugía.

Los autores del libro son enfáticos en afirmar que desde el punto de vista del psicoanálisis, "cualquier experiencia transexual es estrictamente singular, siendo imposible su captura a partir de la generalización psicológica." (Jorge y Travassos, 2018, p.13). Sin embargo, al abordar la transexualidad como fenómeno social, cuestionan los posicionamientos de la medicina que no considera la complejidad de la cuestión y ofrece el procedimiento quirúrgico como resolución objetiva y definitiva para el conflicto identitario en juego. "(...) la falta originaria jamás será taponada por prótesis y suturas. (...) La ciencia exacerba esa cosificación del cuerpo y lo aborda como una máquina, sin dejar ningún espacio para la elaboración psíquica. “ (p. 24-25). 

Coutinho Jorge y Travassos avanzan indagando sobre el "empuje a la cirugía", haciendo converger diferentes aspectos: el "autodiagnóstico y la autoprescripción terapéutica", la posible relación entre la homofobia y la presión para la corrección higienista de los cuerpos por la cirugía y las hipótesis biológicas sobre la transexualidad.

A partir de ahí, concluyen que

(...)  la idea del verdadero transexual es la que orienta el proceso transexualizador en Brasil conforme a lo preconizado por el Ministerio de Salud - y eso, en la mayoría de los casos, impide que el candidato al proceso pueda revelar su subjetividad sin preocuparse por papeles y expresiones de género. (Jorge & Travassos, 2018, p.91) 

Es que para el psicoanálisis no hay un “verdadero transexual' porque no hay una esencia aprehensible en sí que se reduzca a una identidad. (Jorge & Travassos, 2018, p.103).

Como estudiosos de la cuestión transexual - sea desde el punto de vista social, o del psicoanalítico- los autores plantean cuestiones relevantes. Sin embargo, se puede cuestionar si la manera como en determinados momentos abordan la transexualidad a partir de las nociones lacanianas de real, simbólico e imaginario, contraponiendo el real del cuerpo, supuestamente involucrado en la transexualidad, a las salidas simbólicas en otras expresiones de transgéneros, como los travestis, no abren espacio a lecturas reduccionistas y generalizadoras acerca de una experiencia siempre única y singular como defienden los propios autores.

Hacia el final del artículo, queda la sensación de que también en el debate teórico sobre la diversidad encontramos un terreno minado. Tanto la cuestión laplanchiana sobre el uso de la expresión "género" en el psicoanálisis, como las indagaciones de Coutinho Jorge y Travassos sobre el "empuje a la cirugía" transitan en diferentes dimensiones. Por un lado, sostienen premisas fundamentales del psicoanálisis, como lo "Sexual" con S mayúscula (Laplanche, 2003) o el rechazo a la "trampa de verdades universales, incongruentes con el abordaje del sujeto" (Jorge & Travassos, 2018). 

Por otro lado, desde el punto de vista social, político y cultural, se debe estar atento a los intersticios del discurso de las minorías, de donde pueden brotar conocimientos propios del lugar del habla de los sujetos en cuestión. La conocida noción de gender fucker, por ejemplo, desmonta la perspectiva exclusivamente binaria de género, temido por Laplanche como anuladora del descubrimiento de Freud, sin retirar del sujeto la posibilidad de cualquier identificación, incluso  “masculino” y “femenino”. La voz de los internautas que alertaban sobre posibles lecturas equivocadas de los dichos de los especialistas en Facebook de la SBPSP, no invalida el sofisticado trabajo de los autores, pero explicita el temor del uso de ellos en la obstaculización absoluta a la cirugía, una conquista importante para parte de los transexuales, que no debería ser inviabilizada por reflexiones teóricas discutibles. La escucha atenta a los discursos minoritarios puede evitar violencias y iatrogenias, tanto teóricas como clínicas, casos no infrecuentes en la historia del psicoanálisis.
 
References
Despentes, V (2016), Teoria King Kong [King Kong Theory]. São Paulo, n-1 edições.
Freud, S. Três ensaios sobre a teoria da sexualidade [Three Essays on the Theory of Sexuality]. In: Obras completas Vol. 6. São Paulo: Companhia das Letras, 2016.
Jorge, M.A.C. & Travassos, N.P. (2018), Transexualidade: o corpo entre o sujeito e a ciência [Transsexualities: the body between subject and science]. Rio de Janeiro: Zahar.
Laplanche, J. (2015), O gênero, o sexo e o Sexual [Gender, Sex and the Sexual]. In: Sexual – a sexualidade ampliada no sentido freudiano [Freud and the Sexual]. Porto Alegre: Dublinense.

Traducción: Sodely Páez
 

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