Aprendiendo sobre los efectos de una tragedia en la infancia temprana

Sarosh Forbes
 

A partir del anaálisis de adultos Freud nos enseña a conocer la vasta extensión del inconsciente humano. Por otra parte él nunca llevó a cabo tratamientos de niños.

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La genialidad de Freud condujo a su descubrimiento de que aquello de lo que somos concientes es solo la punta del iceberg.  A través de sus análisis de adultos, aprendemos acerca del área inconciente inconmensurable presente en todos los seres humanos, que tiene una profunda influencia en nuestro desarrollo y nuestras vidas.

Sin embargo, Freud nunca analizo niños directamente. Fue posteriormente, a través de la observación clínica directa de niños, que se descubrió mucho más acerca de los procesos de la mente humana desde muy temprano.  Particularmente, fue Melanie Klein quien descubrió fantasías inconcientes en niños muy pequeños a través de un trabajo analítico directo, y nuestro conocimiento de los procesos mentales se profundizo aún más.

Aprendemos, a través de las observaciones de Wilfred Bion, que la capacidad de la madre de comprender las comunicaciones de miedo y aflicción de su hijo, es de vital importancia para su desarrollo. Una madre cálida, amorosa y comprensiva es lo que ell niño espera y de lo que depende. Si eso falla, hay un riesgo de enfermedad mental en el futuro.

Pero que sucede si la madre no solo falla, ¿qué sucede si la madre muere?

Quiero describir el análisis de un niño de 10 años, cuya madre fallece al dar a luz a su hermana, cuando él tenía 5 años. Lo llamare Raj.

Raj fue derivado por problemas escolares.  No podía concentrarse en sus estudios. Debido a que reprobaba todas las materias, la escuela amenazaba con expulsarlo. Pero le dieron a su padre la opción de que el niño haga terapia, después de lo cual reconsiderarían su situación.

Raj era un niño de aspecto agradable y contextura pequeña. Al principio estaba entusiasmado con la terapia, aunque se preguntaba con cierta ansiedad si incluiría “tratamiento de (electro)shock”. Inicialmente, refirió sueños recurrentes sobre fantasmas asesinos, en uno de ellos él era un fantasma que asesinaba a su padre y su hermana. El relataba esto con tono casual, dejando claro que eran solo sueños.

Inmediatamente antes de mis vacaciones, me mostró una imagen de la contratapa de la revista MAD. Era una imagen mortalmente seria. Era la imagen de un joven, de cabello largo, con la cabeza inclinada, colgando de una cruz que era en realidad una enorme jeringa hipodérmica cuya aguja estaba clavada en una tumba. El titulo era “La Crucifixión del Siglo 20” y mostraba los peligros de las adicciones a las drogas. Yo pensé que mostraba su terrible dolor por la muerte de su madre, junto con su temor a hacerse adicto a la terapia, lo cual daría lugar a sentimientos dolorosos. (En ese momento yo desconocía lo que esto presagiaba sobre su futuro).

Raj estuvo conmigo durante un año. Durante un tiempo, estuvo tratándome con extrema crueldad. Yo era rechazado, tratado como alguien patético, loco, como algo que hay que despegar de la suela del zapato. Me esforcé por no reaccionar ante su crueldad. Intenté comprender de donde provenía: ¿eran intentos por parte de Raj de hacerme experimentar lo que él había sentido? ¿O era por necesidad de protegerse de la misma crueldad que provenía de mí?

Entonces ocurrió un incidente dramático y preocupante.

Raj y algunos amigos fueron descubiertos cuando intentaban forzar el candado de un refrigerador de bebidas en su escuela. Raj sintió que lo culpaban a él solo. Se escapó de la escuela. Su padre, aterrorizado, me llamó para decirme que la Directora lo había convocado a una reunión urgente. Trascendió que Raj había dejado una nota en clave que sólo su amigo podía descifrar. Cuando la descifraron, la nota decía que su padre no merecía un hijo como él, que él se iría y nunca más sería una carga para su padre. También decía que si su padre alguna vez lo veía, sería como un niño muerto traído por el mar hasta la orilla. 

Sin embargo, Raj volvió a su casa tarde esa noche, comprendiendo lo preocupado y angustiado que estaría su padre.

En su sesión inmediatamente después de estos sucesos, pudimos hablar acerca de sus sentimientos persecutorios con respecto a mis intentos de encontrar la llave para forzar la entrada a su mente, y la manera en que se protegía de esto siendo duro conmigo. Hablamos de una parte suya que me veía como alguien que lo comprende, como su amigo que comprendía el mensaje cifrado. Le recordé que hacía unos meses el había escrito en ese código para mí, el cual constaba en solo invertir las letras de las palabras. Se altero mucho y se puso a buscar desesperadamente ese papel en su carpeta. Al no poder encontrarlo, gritó fuertemente: “Lo perdiste!”  Pero su enojo también llevaba implícito que si lo encontraba, lo destruiría.

Poco tiempo después, tuvo una sesión conmigo que fue bastante diferente a lo habitual. Estaba ahora enterado de mis vacaciones. Me pidió que le escriba las fechas de las vacaciones nuevamente ya que había perdido el papel que yo le había entregado. Se guardo el papel en el bolsillo y en ese momento mi teléfono sonó, de manera que saltó y le bajó el volumen, explicando que quería que hubiera silencio. Comenzó a dibujar nuevamente (hacía un tiempo largo que no dibujaba). Dibujó una calavera y los huesos cruzados con una nube a cada lado, con fenómenos eléctricos como rayos que emanaban de ellas. Recordé en voz alta que antes de mis vacaciones previas él había dibujado una calavera similar con los huesos cruzados y había escrito “un trillón de voltios”, representando su enojo. Asintió con la cabeza. Le dije: “Ahora parece haber un clima de peligro en el ambiente y tenemos que tener mucho cuidado.” El asintió y dijo: “Es sólo diversión” Le dije que él sabía que yo lo tomaba muy en serio. Respondió solemnemente: “Yo sé que lo haces.”

Raj me pidió si podía ver una gran abrochadora (engrapadora) que tengo sobre mi escritorio. La sostuvo con fascinación, la acarició amorosamente y dijo: “es una pieza hermosa, no se puede conseguir aquí, debe ser importada de otro país.” Le recordé que alguna vez a él le había parecido que yo era de otro país, y respondió: “No, pero yo sé que tú has estudiado en otro país.”  Rompió un pedazo de papel y lo abrochó.  Dijo que esa abrochadora era especial, única, y dijo: “No se puede conseguir este tipo de cosa en cualquier lugar.” Yo dije: “Esta terapia es especial para ti, y a pesar de que tuvimos algunos momentos difíciles, tú admiras mi capacidad de mantenernos unidos.”  Él dijo: “Así es.”

Luego imaginó que la abrochadora era una pistola y los ganchitos eran balas, y le disparó a todo lo que había en el consultorio. Le dije que aunque admiraba mi capacidad de mantener las cosas unidas, también le entusiasmaba la idea de destruir todo lo que había en el consultorio. Él dijo: “Si, estoy entusiasmado, y si me ofrecieran una abrochadora o una pistola, tomaría la pistola.  O tomaría esta abrochadora, la vendería, y compraría una pistola barata.”

Hagamos una pausa por un momento, y pensemos en su dibujo, la calavera y los huesos cruzados, con rayos, y combinémoslo con mi comentario sobre el peligro, el cual ciertamente era parte del clima de esta sesión. A uno le recuerda su ansiedad acerca del tratamiento de electroshock que apareció al principio de su terapia.

Consideremos la situación: su madre va al hospital para dar a luz a su bebé y la expectativa es que vuelva.  Pero él nunca más la vió. Eso debe haber sido un shock intolerable. Al final de la sesión y ante las inminentes vacaciones, se desencadenan nuevamente el shock y el pánico.

En la última sesión antes de mis vacaciones Raj se sentó en su silla y se hamacó hacia adelante y hacia atrás. Luego se apretó las manos entre la mesa y la silla. Hizo una mueca de dolor, pero continuó haciéndolo. Le dije: “Eso debe ser doloroso.”  El respondió: “No es doloroso, es un alivio.”  Luego dijo: “Sabes por qué estoy tan feliz, te lo cuento; no, no te lo cuento. Bueno, es porque esta es mi última sesión contigo. ¿No te llamó mi padre para decírtelo?”

Le dije que como él estaba hablando de manera inversa, el dolor estaba ubicado en mí y yo tal vez debía preguntarme por qué estaba siendo abandonado. Él dijo: “Tu eres peor que la escuela, este lugar es peor que cualquier castigo en la escuela.” Tomó hojas de su carpeta y comenzó a romperlas.  Dijo: “Ahora dime que te estoy aplastando, dime que te estoy destruyendo a tí y a la terapia, vamos, dímelo.”  Le dije que él deseaba que yo le dijera cosas terribles, crueles, que serían un alivio para él.  El prefería esto -como el dolor físico- para mantener alejado el dolor de que yo me iba, lo cual le recordaba que su madre se había ido y nunca había retornado.

Continuó rompiendo los dibujos de su carpeta y lo detuve. Dijo con enojo: “¿Por qué no puedo hacer lo que yo quiero con mis cosas?  Yo puedo matarme, si quiero. Tú haces lo que tú quieres, ¿entonces por qué no puedo hacerlo yo?”  Trajo una revista Newsweek de la sala de espera, coloco su silla lejos mío, y comenzó a leer.  La tapa de la revista que quedaba enfrentada a mi decía: Terror, Minas por doquier, Deberían estar prohibidas, ¿Por qué no lo hacen?  Hablé de como él cortaba toda conexión conmigo. Perdió el equilibrio y se cayó de su silla. Se despatarró a medias sobre el diván, se estiró para tomar un almohadón, presionándolo y acariciándolo con sus manos. Rápidamente retiró sus manos con repulsión, como si hubiera tocado algo sucio. Le dije que él había sentido que el almohadón era suave y cálido, y que esas eran sensaciones que él debía evitar conmigo ese día, ya que la pérdida seria entonces demasiado dolorosa. Dijo: “¿Te crees que no me doy cuenta de que yo no estoy demente de la mente como tú?” Volvió a presionar el almohadón, pero esta vez de una manera brusca. Al final partió diciendo: “Nunca más te volveré a ver.”

Vemos a este niño intentar desesperadamente mantenerse alejado de todo dolor de pérdida, que esta última sesión amenazaba con despertar. Comenzó infligiéndose dolor físico, como también intentando provocar mi enojo. Al intentar destruir todos sus dibujos (trabajos) conmigo, estaba cercenando toda conexión conmigo; como dijo él mismo, él podía también matarse, de esa manera cortar toda conexión con la vida misma.

Mas adelante, su padre me informó que interrumpiría la terapia.  Le pregunté el motivo. Dijo que la terapia no estaba ayudando. Su comentario fue perturbador y me sentí incapaz de decir algo. Pregunte de manera casual como le iba a Raj en la escuela. El padre dijo que le había ido sumamente bien en todas las materias, obteniendo las notas más altas en la mayoría de ellas. Luego agregó: “Pero eso puede deberse a que es mayor y más maduro ahora.” Dijo que Raj también estaba participando en otras actividades. Se había anotado en un concurso de debate recientemente, sobre el tema: ¿Tienen los padres solos capacidad de ocuparse de sus hijos? Raj hablo a favor de la capacidad de los padres solos. Mis intentos de hacerle comprender que Raj necesitaba mucho más trabajo terapéutico cayó en oídos sordos. Y la terapia terminó.

Diez años más tarde recibí la triste noticia que Raj había muerto por sobredosis de drogas. Uno se pregunta: ¿si la terapia no hubiera sido interrumpida, podría haber salvado su vida? Nunca lo sabremos.

Conclusiones
Son principalmente los insights derivados de los análisis de niños los que nos proporcionan un aprendizaje más amplio acerca las experiencias infantiles. Los fines del análisis combinan investigación y terapia. No hay contradicción en ello, debido a que uno de los mayores descubrimientos de Freud fue que el insight era terapéutico.  Es en la infancia y en la infancia temprana que se forma el carácter y uno puede observar la interacción de vínculos, ansiedades y defensas que se van organizando en lo que más adelante se transformará en la personalidad y el carácter.

Bibliográfica
Bion, W. R. (1963). Elements of Psycho-Analysis. London: Heinemann.
Freud, S. (1893-5) with Breuer, J. Studies on Hysteria, S.E. 2. 
-- (1900). The Interpretation of Dreams, S.E. 4 and S.E. 5.
Klein, M. (1923). 'The development of a child', International Journal of Psycho-Analysis, 4: 419-74.

Traducción: Carolina Hoffmann
 

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