Algunos pensamientos psicoanalíticos sobre migración y la perdida del idioma y la cultura

Nayla De Coster
 

Entre las muchas pérdidas que los inmigrantes enfrentan, la de la cultura y el lenguaje es devastadora. Aprender el lenguaje del exilio puede ser sentido como una traición a la madre

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Cita de Khalil Gibran: El otro Idioma
 
“Tres días después de mi nacimiento, mientras estaba recostado en mi cuna de seda, mirando con asombrosa consternación el mundo que me rodeaba, mi madre le dijo a la enfermera transpirada, “¿Cómo está mi niño?” Y la enfermera transpirada contestó, “está bien, señora, lo he alimentado tres veces y nunca antes había visto un bebé tan pequeño y no obstante tan alegre.” Y yo estaba indignado, y grité, “no es verdad madre, mi cama está dura y la leche que he succionado, es amarga a mi boca, el olor del pecho es asqueroso para mi nariz, y me siento miserable.” “Pero ni mi madre ni la enfermera entendieron, porque el idioma que yo hablaba era de ese mundo de donde vine”.
 
Uno de los aspectos importantes de la migración, ya sea realizada por razones económicas o forzada por la guerra y la persecución, es que el migrante deja un lugar cultural familiar e integrado y se muda a uno nuevo que implica la pérdida, el duelo y la readaptación. El migrante es desplazado repentina y a menudo violentamente. Hace algunos años trabajé en una ONG en Estambul que recibió a migrantes de Iraq, Siria, Etiopía, Somalia, Darfur y otros países de Medio Oriente.  La mayoría huía de la guerra o la persecución por sus opiniones políticas e inclinaciones sexuales. Ellos llegarían al centro de migración y esperarían por meses, a veces años, para ser registrados y que les ofrezcan asilo político en el extranjero.
 
Soy una psicoanalista libanesa de madre palestina, actualmente viviendo y trabajando en Turquía. Mi familia y yo fuimos sometidos a la violencia de la guerra y el exilio. Tuve que lidiar con mi propio trauma de exilio y migración y soportar el trauma trans-generacional de la historia de exilios, humillación y pérdidas de mi madre. Escribir este artículo fue difícil ya que actualizó muchos pensamientos dolorosos y no resueltos, especialmente en un momento en que Turquía está padeciendo un período de violencia, inestabilidad y represión.  La posibilidad de migrar nuevamente comenzó a atormentarme como repetición compulsiva y “re-enactmennt” del trauma familiar.
 
Uno de los aspectos más interesantes al trabajar con migrantes en el Centro estaba vinculado a mi nacionalidad y al idioma y la historia de exilio y pérdida que tenía en común con los migrantes. Descubrí que la mayoría de los refugiados quería trabajar conmigo por ser la única en ese momento que podía hablar árabe. Frecuentemente decían que mi voz les recordaba a su madre y a su patria. Didier Anzieu [1]escribe que el baño melódico (la voz de la madre, sus canciones) es el primer espejo sonoro que ayuda al bebé a construir una auto-imagen.
 
El Migrante de Guerra:
 
El Migrante de Guerra no abandona su tierra por elección sino por la fuerza. Es una expulsión que pone al migrante fuera de sí mismo y lo aliena. Esta es la clase de migrante que analiza mi artículo.
Cuando el migrante de guerra o refugiado abandona su país de origen, también deja atrás un mundo de tradiciones y un espacio cultural sin preparación para una vida futura. La integración a una nueva realidad se vuelve muy difícil porque no resulta nada atractivo el acto de emigrar por la fuerza, a diferencia del migrante que parte en pos de una vida mejor o por razones económicas. De ese modo, el duelo por el país y lengua de origen se vuelven casi imposible, complicado y patológico.
 
Sabemos por la teoría y pensamiento psicoanalítico que cualquier pérdida volverá a activar pérdidas más antiguas y algunas primarias del comienzo de la vida, específicamente la pérdida del primer objeto de amor.
 
El migrante se encontrará en una posición muy regresiva, con una herida narcisista como resultado de la pérdida de identidad, trabajo, status y de la dependencia de una ONG para su alimentación y supervivencia.  Esto inconcientemente reactualizará los traumas de dependencia infantil materna para comida y abrigo.
 
Cuando el migrante parte debido a la violencia y la guerra, a menudo se verá ubicado en una posición esquizo-paranoide y tendrá que lidiar con la búsqueda de herramientas para sobrevivir. El desplazamiento forzoso induce frecuentemente a una escisión traumática del Yo.  A menudo habrá un quiebre de la estructura familiar puesto que la madre se vuelve depresiva y el padre castrado y a su vez el niño se convierte en el traductor o el “padre continente”, borrando y haciendo confusa la noción de diferencia generacional.
 
 Para la mayoría de los refugiados de guerra Turquía es una zona de transición y no el destino final. Es el “intermedio”. Frecuentemente oigo migrantes describiendo el sentimiento de estar colgado “en el medio” en un vacío, “perdido en la traducción”. Ese “intermedio” es un lugar de transición, no creativo, en el que el significado está congelado.
 
Muchos pacientes en el centro se hunden en una profunda depresión o psicosis con paranoia aguda y enfermedades psicosomáticas, especialmente aquellos que fueron torturados o violados. Los traumas de guerra son muy difíciles de representar y simbolizar.  A veces el migrante remplaza su capacidad simbólica previa con simbolización somática. El cuerpo intentara dar sentido cuando la psiquis es incapaz de hacerlo, conduciendo a muchas enfermedades psicosomáticas.
 
Además, la mayoría de los migrantes tenían que lidiar con la culpa de abandonar y dejar a otros atrás. La pérdida de su país natal fue similar a una muy traumática pérdida de objetos internos y eso a menudo reactiva sentimientos de “terror sin nombre” como los descriptos por Bion[2]. Habiendo perdido su contención física pero también psíquica, la mayoría viviría con el temor de aniquilación y desintegración.
 
Uno de los peligros de la migración es la disolución de la identidad y la pérdida de bordes en un mundo extraño. En “El Extranjero” de Albert Camus, el migrante aparenta ser un no-humano, un no-ser, que sufre de aislamiento y alienación.

Lo que pasa con los objetos externos también pasa con los objetos internos. La exposición a una cultura extranjera y al “otro” también es una exposición a un “otro” interno. El contacto con una nueva cultura es también una confrontación con las fantasías arcaicas y primitivas sobre las que es construida cada cultura. [3]
 
En la Doceava Noche de Shakespeare Viola, el migrante; náufrago en la costa de Iliria, pregunta: “¿Qué país, amigos, es este?” Y a su vez, el potencial anfitrión se pregunta: ¿Quién es el que está llegando?
 
Cuando los migrantes son confrontados con el otro, el “extraño”, ellos también pueden recurrir a mecanismos de defensa que impliquen abandonar o negar su identificación cultural con el fin de integrarse mejor a un nuevo grupo; y eso en sí mismo puede resultar un falso self.
 
El trabajo psíquico se basa en el sujeto perteneciente a un grupo cultural. Freud[4] lo llama “die kulturarbeit”, el trabajo de la cultura. Para J. Bleger[5], la cultura contiene y sostiene el psiquismo. Es una suerte de marco de contención. Junto a la pérdida de su cultura de origen el migrante está en peligro de perder su idioma de origen o lengua materna, que ambas tienen una función de contención y protección para él.  Al abandonar su idioma y cultura de origen con el objetivo de aprender el idioma del exilio e integrarse en una nueva cultura, el migrante sentirá a menudo que está abandonando sus figuras parentales.
 
 Este artículo reflexiona a fondo acerca de la pérdida del idioma de origen o de la lengua materna y los problemas de integrar un nuevo idioma, el idioma del país del exilio.
 
La pérdida del idioma:
 
Lacan consideraba que el psiquismo está estructurado como un lenguaje. Según Lacan[6], el lenguaje es un envoltorio, una función estructurante del psiquismo. La función estructurante del lenguaje y la cultura le permite al individuo pensar, elaborar y procesar. El lenguaje ayuda a construir un espacio transicional y conceptual que ayudará al niño a organizar el mundo y sus pensamientos. Con la pérdida del país y cultura de origen, el migrante también perderá un espacio transicional y la capacidad de jugar, crear y estar solo en el sentido que describió Winnicott[7].

El idioma de origen o lengua materna es también parte de lo que constituye el “Yo piel” en el sentido de D. Anzieu[8]. Es el envoltorio psíquico que protege, pero también repele el exceso de excitación y pulsión incluyendo la pulsión sexual, así como la pulsión de apego[9]. La pulsión de apego permite la fundación narcisista que facilita el intercambio con los otros.  Conlleva las propiedades de la “Función Alfa” según Bion[10] y desempeña el rol de una frontera entre lo externo y lo interno. La función Alfa es una función materna pero también paterna. Ayudará al bebé a digerir y procesar todos los pensamientos, sensaciones y afectos agresivos e inmaduros que abrumaron al bebé al nacer.  El Yo Piel es también la interfaz y el filtro entre el adentro y el afuera.
 
Añorando Experiencias Sensoriales perdidas:
 
La migración a menudo induce la pérdida de múltiples capas envoltorias: el espacio, el sonido, los olores las cuales son experiencias sensoriales que ayudan a constituir el funcionamiento psíquico de un individuo. Para Winnicott, la relación entre la madre y el bebé y la pareja de la madre, en conjunto con el ambiente, juega un rol crucial en la contención del bebé. El Yo piel integra la función de “contención” y ayuda a proteger al bebé de sus impulsos primarios. Todo esto está en peligro de desmoronamiento cuando hay exilio, migración y pérdida de encuadre interno y externo. Para el migrante, tiene como resultado la pérdida de interacción entre continente/contenido, la pérdida de la capacidad de reverie, e induce ataques al vínculo.
 
EL idioma de origen tiene una función estructurante y contenedora. Está infiltrado por fantasías primarias, fantasías incestuosas y fantasías de seducción y omnipotencia. Constituye el vínculo libidinal con la madre; perderlo y aprender otro puede conllevar el miedo inconciente de romper ese vínculo materno. La cultura es transmitida e introyectada a través del lenguaje y la relación con la madre.  El lenguaje es una especie de envoltorio sonoro que contiene la voz de la madre y su musicalidad.
 
En Líbano, el país de origen nos es referido como el país de leche y miel, como refiriéndose al cuerpo de la madre. La lengua de origen lleva consigo el superyó y las reglas amenazantes de la pareja paterna. Es lo que organiza el orden social y es el primer instrumento de transmisión, traducción, procesamiento y simbolización. Para el migrante, adquirir el idioma del país de exilio podría ser adquirir un lenguaje sin afectos o con afectos violentos y agresivos ya que los lenguajes también conllevan traumas transgeneracionales.
Entre mis pacientes de nacionalidad extrajera, residentes en Turquía, aquellos que se quejaban de no poder aprender e integrar el idioma turco, procedían de países ocupados por años por el Imperio Otomano.
 
El Trabajo con Migrantes:
 
Finalmente, ¿cómo podemos, como psicoanalistas, trabajar con migrantes analíticamente? ¿Cómo podemos ayudar a que lo no-representable se vuelva representable? Cuando el trauma externo es tan abrumador, ¿cómo puede uno mantener la relación con lo interno? ¿Pueden tales traumas ser simbolizados y traducidos? Por supuesto, todos somos migrantes en nuestros mundos internos.
Todos hemos sufrido la pérdida del objeto de amor, todos hemos sido confrontados con el terror sin nombre, el miedo a la aniquilación, la ansiedad de separación y miedo de desintegración. Todos hemos enfrentado lo siniestro, el “otro” y nuestras “otras” partes no deseadas que somos incapaces de contener, y que proyectamos sobre aquellos que son diferentes a nosotros.
 
En mi breve experiencia de trabajo con migrantes sentí que necesitaba ser protegida y contenida por mi propio idioma adquirido, mi lenguaje psicoanalítico, que se ha convertido en parte de mi yo piel, con el fin de poder contener mejor mi propia contra-transferencia, mi desesperación y mi ira frente al destino trágico del migrante.
 
Traducción: Andrea Ikonicoff
 
[1] 1 Anzieu, D. (1976) “L’enveloppe sonore du Soi”, Nouvelle Revue de Psychanalyse,
13, pp. 161–180
[2] Bion, W.R. (1962) “The Psycho-Analytic Study of Thinking”. Int. J. Psycho-Anal.,
43:306-310.
[3] Roheim, G. (1943) “The Origin and Function of Culture”.
[4] Freud, S. (1994) “Le malaise dans la Culture”. OCFXVIII, Puf, pp.284
[5]Bleger,J. (1930) Psychanalyse du cadre psychanalytique. pp.255-285,
[6] Lacan,J. Ecrits. (2001) London. Routledge.
[7] Winnicott, D.W. (1971) “Playing and reality”. New York: London, Tavistock
Publications, 1971.
[8] Anzieu, D. (1985) Le Moi-Peau, Dunod, Paris
[9] Cupa, D. (2000) “La pulsion d’attachement selon D. Anzieu” in L’attachement,
perspectives actuelles, Paris
[10] Bion, W.R. (1962) “The Psycho-Analytic Study of Thinking”. Int. J. Psycho Anal.,
43:306-310.
 

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